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Eduardo Guerrero Gutiérrez
La violencia no es un mal divino sino una creación
humana y, como tal, puede “administrarse”, “contenerse”,
“regularse” y, desde luego, “disminuirse”. En este
artículo Eduardo Guerrero explora las tendencias y
resortes de la violencia mexicana y los principios que
deben guiar los esfuerzos para disminuirla. Para
contenerla y reducirla, debe ser primero entendida

La tendencia nacional
(2001-2012)
Se ha dicho que México ya arrastraba el crimen
organizado desde el sexenio anterior. Esto sólo es
parcialmente cierto: de 2001 a 2007 el número de
homicidios vinculados con el crimen organizado se movió
en un rango relativamente bajo: entre mil y dos mil 300
ejecuciones aproximadamente.1 Por contraste, entre 2008
y 2010 la violencia registró un aumento drástico: cinco
mil 207 ejecuciones en 2008; seis mil 587 en 2009 y
quizá unas 11 mil 800 en 2010.2
Si examinamos la evolución mensual de las ejecuciones,
es posible distinguir dos grandes olas de violencia sin
precedentes: la primera está ligada a la detención de
Alfredo Beltrán Leyva El Mochomo, y al consecuente
desprendimiento de sus hermanos del Cártel de Sinaloa.
La segunda ola está ligada a la muerte de Arturo Beltrán
Leyva El Barbas durante un operativo militar. Así pues,
el súbito y radical aumento de la violencia entre mayo y
noviembre de 2008, y entre diciembre de 2009 y mayo de
2010, está asociado al arresto o eliminación de dos
capos de la misma organización (gráfica 1).
El arresto o eliminación de un capo de una gran
organización criminal suele propiciar su división, lo
que ocasiona el nacimiento de nuevas organizaciones.
Como lo mostraré más adelante, el nacimiento de una
nueva organización criminal trae aparejado, en un
entorno competitivo, varios detonantes de violencia. El
aumento súbito y sistemático de la violencia desde mayo
de 2008 hasta junio de 2010 ha sido imparable. De
continuar la misma tendencia, 2010 podría finalizar con
casi el doble de ejecutados registrados en 2009.
Las tendencias en los estados
En los estados las tendencias de la violencia durante el
primer semestre de este año son preocupantes. En 21 de
las 32 entidades federativas la violencia muestra una
tendencia al alza. Aunque Sinaloa, Michoacán, Sonora y
Baja California exhiben tendencias descendentes, sus
niveles de violencia continúan siendo altos.

Los estados con más altos niveles de violencia durante
la primera mitad de 2010 fueron Chihuahua, Sinaloa,
Guerrero, Durango, Tamaulipas, Estado de México,
Michoacán, Sonora, Nuevo León, Baja California, Coahuila
y Jalisco. Estos 12 estados acumularon alrededor del 90%
de las ejecuciones en dicho periodo. Cabe apuntar, por
último, que un nuevo ingrediente de la violencia en la
esfera estatal es la voluntad y capacidad de algunas
organizaciones criminales de asesinar a políticos
estatales de primer nivel, como lo dejó en claro la
ejecución de Rodolfo Torre, virtual gobernador de
Tamaulipas, pocos días antes de celebrarse la elección.
La violencia municipal
Como lo ha indicado el gobierno federal, el 80% de las
ejecuciones registradas entre diciembre de 2006 y julio
de 2010 han ocurrido en 162 de los dos mil 456
municipios del país. Sin embargo, sólo cuatro municipios
concentran el 36% de las ejecuciones: Ciudad Juárez el
20%, y Culiacán, Tijuana y Chihuahua juntas el 16%.
A nivel municipal la violencia se concentra
espacialmente en seis clusters (o apiñamientos3)
municipales. En el cuadro 1 se enlistan los municipios
que integran cada uno de estos clusters y en el mapa se
indica su ubicación en el territorio nacional.
Por último, conviene mencionar un nuevo fenómeno de la
violencia municipal: la ejecución de alcaldes. En los
primeros 10 meses de 2010 han sido ejecutados 11
alcaldes. Esta serie de ejecuciones es parte de las
acciones del crimen organizado para intimidar a las
autoridades. ¿Qué nos dice el hecho de que ahora sucedan
y antes no? Posiblemente estos asesinatos indican que
una fracción de las autoridades municipales (no sabemos
su tamaño) han empezado a trabajar activamente contra
las organizaciones criminales o que, simplemente, se
rehúsan a colaborar con ellos. Ambas hipótesis son
esperanzadoras.
Ciudad Juárez: Causas y mecanismos de la violencia
Dadas las dimensiones extraordinarias alcanzadas por la
violencia en Ciudad Juárez, es quizás ahí donde podemos
apreciar con mayor nitidez los mecanismos internos que
la desencadenan. Juárez es, por mucho, el municipio más
violento del país. En lo que va de este gobierno (enero
de 2007-junio de 2010) se han registrado alrededor de
cuatro mil 500 ejecuciones. A mediados de 2008 el número
de ejecuciones en Juárez se elevó hasta abarcar el 20%
de este tipo de homicidios a nivel nacional. La
tendencia ascendente se mantuvo a lo largo de 2009 y
2010. Previsiblemente, Ciudad Juárez cerrará este año
con dos mil 861 ejecuciones, es decir, alrededor del 21%
del total de ejecuciones proyectadas para 2010 a nivel
nacional.4

¿Cómo llegó la violencia a Ciudad Juárez? ¿Por qué las
ejecuciones aumentaron exponencialmente? Como detonantes
de la violencia en Juárez pueden distinguirse cuatro
grandes secuencias:
Arresto de Alfredo Beltrán Leyva El Mochomo
Desprendimiento de la organización de los Beltrán Leyva
del Cártel de Sinaloa Montaje de una coalición de
organizaciones (Beltrán Leyva-Zetas-Juárez) para
desplazar al Cártel de Sinaloa del paso transfronterizo
Ciudad Juárez-El Paso. Esta secuencia de hechos tuvo el
efecto de encender el conflicto en Ciudad Juárez. Por
ello, los categorizo como efecto combustión.
Los cárteles contratan sicarios para sostener la guerra
Se da un reclutamiento masivo de pandillas Las pandillas
de Ciudad Juárez se alinean con los bandos en conflicto
Los cárteles proveen de armas a las pandillas. Esta
secuencia de hechos tiene el efecto de amplificar el
conflicto, al engrosar los recursos humanos y el
armamento con que cuentan los bandos en disputa, por eso
es que los categorizo como efecto amplificación.
Ningún bando tiene capacidad suficiente para derrotar al
otro Las autoridades no intervienen en la confrontación
directa de los bandos Las instituciones de seguridad y
procuración de justicia no tienen capacidad para
prevenir, detectar e investigar la gran mayoría de los
hechos violentos, ni para sancionar a culpables. Hay
pocos arrestos y éstos son de carácter aleatorio.
Prevalece la impunidad. Estos hechos tienen como efecto
escalar el conflicto y multiplicar la violencia. Los
categorizo por eso como efecto escalamiento.

Al acentuarse, la violencia incorpora más organizaciones
criminales y más pandillas en las filas de cada bando El
descabezamiento de tales organizaciones y pandillas
propicia su fragmentación Se registra el desplazamiento
territorial de algunas organizaciones y pandillas por la
dinámica de las disputas. Estos hechos tienen el efecto
de derramar o contagiar la violencia a espacios donde no
existía previamente, con lo que aumenta el número de
colonias, localidades o municipios con violencia: se
ensancha el área en que se registran ejecuciones.
Categorizo este ensanchamiento como efecto derrame.
Las cuatro secuencias y efectos anteriores ayudan a
entender la dinámica de la violencia en Juárez. Conviene
apuntar, además, otros factores clave para que aparezca
y se multiplique la violencia en Juárez: la ubicación de
la ciudad, sus altos índices de rezago social y baja
calidad de vida, su escaso desarrollo humano, la
presencia abrumadora de pandillas juveniles y la
asombrosa ineficacia policial.
1. Factor ubicación. Ciudad Juárez es un municipio muy
codiciado por los narcotraficantes pues es el punto de
cruce fronterizo mejor ubicado para trasladar, desde El
Paso, Texas, droga tanto a ciudades del este como del
oeste de Estados Unidos.
2. Factor rezago social. Se registran en Juárez altos
índices de polarización social, exclusión educativa y
pobreza extrema. Hay también un tremendo déficit
habitacional y de desarrollo urbano, y elevados niveles
de drogadicción y prostitución. Alrededor de 120 mil
jóvenes de entre 13 y 24 años no tienen acceso al
aparato escolar ni al mercado laboral.5
3. Factor calidad de vida y desarrollo humano. El número
de colonias afectadas por la violencia y el crimen en
Juárez ha aumentado gradualmente en los últimos tres
años. Han sido identificadas 14 zonas críticas en las
que se registran los más altos niveles de crimen y
violencia. No es una coincidencia que en estas zonas se
encuentren las colonias con las calificaciones más bajas
en los indicadores de vivienda e infraestructura de
servicios públicos. Además, en estas colonias se
registra también la mayor carencia de escuelas, de
instituciones de educación media superior y de áreas
verdes y recreativas.6
4. Factor pandillas. Juárez registra una muy alta
presencia de pandillas. En el municipio existen
alrededor de 500 pandillas con una membresía total
aproximada de entre 15 mil y 25 mil personas. 30
pandillas son consideradas de alta peligrosidad por su
gran capacidad de violencia. Entre éstas se cuentan
Barrio Azteca, Los Mexicles, Los Bufones, Los Artistas
Asesinos, Barrio el Silencio, Killer 13, Los Lobos, Los
Veteranos, La Quinta, Los Diablos, Bajo 13 y Los Locos.
Estos grupos cuentan con refinados métodos de
comunicación y operación. Barrio Azteca y Los Mexicles,
las pandillas más grandes, mantienen alianzas con los
cárteles de Juárez y Sinaloa, respectivamente.
5. Factor ineficacia policial. La alta presencia
policial que registra actualmente Ciudad Juárez no ha
podido frenar el ímpetu de la violencia. Hoy Ciudad
Juárez cuenta con 4.3 policías federales por cada mil
personas, por lo que se ubica muy por encima del
promedio de 2.8 policías por cada mil habitantes
recomendado por las Naciones Unidas.7 Si a esta cifra
sumamos el número de policías estatales y municipales el
promedio sería aún mayor.
La producción de la violencia
La estrategia actual del gobierno mexicano para
debilitar a las organizaciones criminales está dirigida
a fragmentarlas. Una acción recurrente para lograr tal
división es el arresto de sus jefes. Tales arrestos
generan dos efectos casi simultáneos que fracturan a las
organizaciones y las dispersan geográficamente: primero,
desencadenan crisis internas de sucesión; segundo,
propician la conducta oportunista de sus adversarios,
quienes aprovechan la crisis momentánea para atacarla.
El aumento de la violencia provocado por las divisiones
o desprendimientos de una organización criminal se
propaga durante largos periodos por tres factores
principales:
1. La construcción de reputación de las nuevas
organizaciones. La vía natural de una organización
criminal naciente para sobrevivir es especializarse
rápidamente en el uso de la violencia y ejercerla
intensivamente para construirse una reputación y
sobrevivir. La construcción de reputaciones es un factor
clave para explicar el escalamiento de la violencia. De
igual manera, “salvar” la reputación mueve a las
organizaciones establecidas a desplegar actos de
agresión altamente violentos cuando se sienten
amenazadas.8
2. El surgimiento de nuevas organizaciones rompe
equilibrios preexistentes y genera nuevas equilibrios.
La aparición de nuevas organizaciones tiene un efecto desequilibrador entre organizaciones criminales con
presencia nacional o local. El rompimiento de
equilibrios preexistentes y la generación de nuevos
equilibrios desata, frecuentemente, olas de violencia de
magnitud nacional o local.
3. Generación de dinámicas de competencia en las que la
capacidad de violencia es un factor clave para ganar.
Una vez que la capacidad de violencia se ha convertido
en el medio esencial para conquistar territorios y
defenderlos, las organizaciones competidoras buscan
especializarse también en el uso de la violencia para
vencer y desplazar a las organizaciones más violentas.
Esto propicia un aumento global de las capacidades de
violencia de las organizaciones criminales y, con ello,
un incremento de conflictos y mayor frecuencia e
intensidad de hechos violentos.
Una fuente de información que da algunas claves sobre
las motivaciones de la violencia son las cartulinas con
mensajes escritos dejadas junto a los asesinados. Con
base en una muestra de 177 mensajes encontrados en 149
cartulinas de este tipo puede delinearse una primera
clasificación de las causas de las ejecuciones
(cuadro
2).
Fases de la violencia
Según la experiencia mexicana reciente y la teoría sobre
crimen organizado, el ciclo de vida de una organización
criminal posee cinco fases en las que la violencia es
utilizada intensivamente.
En la primera fase la violencia es indispensable para
conquistar el territorio que la nueva organización
criminal busca dominar o controlar. En este territorio
la organización operará y cobrará rentas a otras
organizaciones criminales que lo quieran utilizar para
diversos fines (narcomenudeo, trasiego de drogas,
etcétera). Aquí el nivel de violencia en el área estará
determinado por el grado de resistencia que la nueva
organización encuentre por parte de una organización
rival o de la policía local.
En la segunda fase, una nueva organización logra
establecerse en un territorio determinado. En ese
momento, la nueva organización usa la violencia para
“limpiar” el área de criminales de baja estirpe, de
pandilleros que por alguna razón no se les han unido o
de secuestradores que trabajan para otras
organizaciones.

En la tercera fase la organización criminal se enfrenta
con delincuentes y organizaciones delictivas más
pequeñas que utilizan su nombre para extorsionar,
haciéndose pasar por empleados de la organización más
grande para cobrar rentas. En algunos casos, el
surgimiento de estas organizaciones “pirata” es masivo,
lo que propicia una ofensiva de la organización mayor y
auténtica contra ellas.
En la cuarta fase la organización establecida debe
defenderse del asedio policial y de organizaciones
rivales. La organización ya ha sido detectada por las
autoridades y compiten con ella otras organizaciones que
buscan arrebatarle su territorio. La violencia también
se genera cuando esta misma organización busca
expandirse a otros territorios.
Finalmente, en la quinta fase un directivo de la
organización es arrestado o asesinado. Esto genera
sospechas de traición que conducen a purgas internas y
desprendimientos de personal que duran semanas o meses.
La organización sufre también ataques de otras
organizaciones que intentan capitalizar su crisis
interna. La división de la organización generada en esta
fase da lugar al nacimiento de una o varias
organizaciones con lo que se cierra el ciclo de vida de
la organización original e inicia el ciclo de vida de
las nuevas organizaciones. En caso de perdurar —debido a
que “sólo” experimentó desprendimientos— la organización
original es “nueva” en el sentido de que deberá adaptar
su existencia a una nueva condición
(gráfica 2).
Como se puede apreciar, las varias fases del ciclo de
vida de una organización criminal requiere el uso
intensivo de varios tipos de violencia. No es de
extrañar, entonces, que la continua división que se
registra en México de organizaciones criminales con
presencia nacional, regional o local, traiga consigo el
aumento y la diversificación de la violencia.
¿Cómo reducir la violencia?
México tiene el reto colosal de contener y reducir la
violencia y combatir además eficazmente al crimen
organizado. Esto significa no sólo reducir las tasas de
homicidios vinculados al crimen organizado, sino reducir
también las de secuestro y la extorsión, los delitos del
crimen organizado que más duelen a la sociedad.
Las preguntas fundamentales a responder son:
¿Qué decisiones debe tomar el gobierno mexicano para que
el mercado de las drogas y las organizaciones criminales
establecidas en nuestro país causen el menor daño
posible a la sociedad? ¿Qué acciones debe tomar el
gobierno mexicano para que tales organizaciones
modifiquen su comportamiento?
En varias ciudades del mundo se han puesto en práctica
programas para reducir la violencia con resultados
alentadores. Los revisaremos adelante, pero antes
conviene preguntarse qué nos enseña hasta ahora la
experiencia mexicana.
El gobierno actual ha tenido dos grandes aciertos en su
estrategia de seguridad:
Primero, colocar el tema del combate al crimen
organizado como un asunto central de la agenda de
seguridad nacional. No siempre los gobiernos tienen la
claridad y la sensibilidad para ponderar debidamente la
gran amenaza que representa el crimen organizado para
una sociedad. Y no siempre tienen la valentía y el
arrojo necesarios para enfrentar al crimen organizado.
Segundo, el gobierno federal también ha acertado en
impulsar una agenda de fortalecimiento institucional del
sector seguridad que, aun cuando no ofrece resultados en
el corto plazo, servirá de plataforma a futuros
gobiernos para instrumentar programas más eficaces para
combatir el crimen organizado y otras amenazas a la
seguridad nacional. Aquí el gobierno tomó la ruta
correcta, larga pero ineludible: colocar los cimientos
de una más sólida seguridad futura.

Sin embargo, el gobierno federal falló en dos temas
cruciales: el diagnóstico del mal y el método para
combatirlo. El gobierno supuso, equivocadamente, que las
organizaciones criminales no tendrían capacidad para
reaccionar ante el asedio gubernamental. Peor aún: el
gobierno creyó que él mismo estaba en condiciones de
iniciar la guerra en enero de 2007. Este error de
cálculo ha implicado enormes costos para el país en
términos de vidas humanas y bienestar. El incontrolable
aumento de la violencia en varios puntos del país ha
propiciado que la estrategia oficial se revierta en
contra del gobierno mismo. Junto con la violencia crecen
el secuestro y la extorsión, el consumo de drogas y la
percepción pública de que la guerra se perdió.
Un diagnóstico defectuoso condujo a métodos inadecuados
como los siguientes:
Echar a andar, simultáneamente, operativos militares y
policiales en varios puntos del país, con la esperanza
de que la sola presencia de soldados y policías actuaría
como herramienta disuasiva.
Arrestar o eliminar en combate a unos cuantos capos con
la idea de que ello bastaría para diluir la presencia de
los cárteles.
Arrestar aleatoriamente a miles de presuntos
delincuentes o decomisar cientos de cargamentos de
drogas con la creencia de que eso minaría sensiblemente
las capacidades criminales.
Todas estas decisiones han sido ineficaces y, en algunos
casos, contraproducentes.
A mi juicio, faltó claridad en la definición del
problema, realismo en el establecimiento de objetivos y
capacidad para corregir la estrategia en el camino. La
falta de colaboración de las autoridades estatales con
la autoridad federal restó vigor y eficacia a la
estrategia. Pero la construcción de un marco de
colaboración y cooperación requería de un esquema de
incentivos que el gobierno federal debió diseñar antes
de romper las hostilidades.
La escalada de violencia que se cierne sobre varias
ciudades del país es, en parte, un efecto de la
estrategia de combate gubernamental; en parte, una
consecuencia de la propia dinámica interna del crimen
organizado; y, en parte, el resultado de la impunidad
con que actúan los homicidas. Urge detener la expansión
de la violencia, para lo cual conviene partir de algunos
supuestos, algunos principios, algunas acciones y
algunas experiencias internacionales.
Los tres supuestos
Supuesto 1: El gobierno tiene capacidades y recursos
limitados, por lo que debe actuar en base a prioridades.
El gobierno debe calcular con realismo qué puede lograr
en los próximos años y qué no. Y debe tener también un
ordenamiento claro de los problemas que debe resolver de
acuerdo con su importancia y urgencia. Una de las
grandes prioridades del gobierno debe ser, hoy, la
disminución de la violencia.
Supuesto 2: La prioridad de la estrategia de seguridad
debe ser la reducción de las ejecuciones. El indicador
central para saber si la estrategia de seguridad va bien
o va mal debe ser la frecuencia de ejecuciones. El
criterio para calificar a una agencia policial o militar
exitosa no será su capacidad para realizar un gran
número de arrestos o decomisos, sino su capacidad para
reducir las ejecuciones y, con ello, pacificar una zona.
Supuesto 3: La violencia debe reducirse en el corto, no
en el largo plazo. Debe delinearse e implementarse una
estrategia que busque la pronta y rápida reducción de la
violencia. La autoridad no debe permanecer pasiva ante
el escalamiento de la violencia bajo la falsa idea de
que se trata de un fenómeno “inevitable”.
Los tres principios
Para disminuir la violencia, la actuación de las
agencias gubernamentales debe regirse por los siguientes
principios de actuación:9
Primer principio: Concentración dinámica de esfuerzos.
Para que tengan efecto, los esfuerzos disuasivos deben
concentrarse en un objetivo específico. La dispersión de
esfuerzos impide modificar el comportamiento criminal
(homicida, en este caso). Para disminuir la violencia,
los esfuerzos de la autoridad deben concentrarse en
acciones que eleven considerablemente el costo de
asesinar. Si los criminales perciben que el costo de
asesinar es cero o cercano a cero, las tasas de
violencia tenderán a aumentar, lo que agravará a su vez
el problema de la impunidad. Una vez dentro del círculo
vicioso de la violencia, el reto es aumentar las
capacidades de aplicación de la ley para que sea posible
amenazar creíblemente a los delincuentes.10 El reto está
en adquirir, aunque sea momentáneamente, capacidades
adicionales suficientes para reducir la violencia.
La propuesta de Kleiman para adquirir tales capacidades
y recursos es la “concentración dinámica”.11 Consiste en
seleccionar una zona específica de alta violencia, tomar
temporalmente capacidades y recursos invertidos en otras
áreas de gobierno y concentrarlos en el área específica.
Con ello se envía el mensaje a las organizaciones,
pandillas o delincuentes violentos de esa zona o a una
organización en especial que su comportamiento no será
tolerado, lo que tenderá a reducir sus acciones
violentas. Una vez que los niveles de violencia
disminuyan, el aumento temporal de las capacidades de
aplicación de la ley cesa en el área o en la
organización en la que ya se aplicaron, para dirigirse y
aplicarse en otra zona u organización altamente
violenta, y así sucesivamente.
Si la aplicación de la ley estuviera enfocada en las
organizaciones criminales más violentas, en lugar de las
más grandes, más visibles o más vulnerables, una
organización criminal revaloraría los beneficios de la
violencia como una herramienta útil de negocios frente a
la desventaja de convertirse en un objetivo de las
agencias policiales y militares. El trabajo concentrado
y persistente de la autoridad por un periodo determinado
contra las organizaciones o individuos más violentos
acabaría por excluirlos del mercado de drogas con mayor
frecuencia que sus competidores menos violentos, lo que
terminaría por favorecer la prevalencia de un mercado
pacífico de drogas. Como dice Kleiman, para desestimular
el uso de la violencia debe crearse una “desventaja
competitiva” para aquellas organizaciones más violentas
comparadas con sus competidoras que utilizan menos
violencia, pues algunas empresas criminales “son más
proclives que otras a disparar en el arreglo de
disputas, para eliminar la competencia o para defenderse
de las agencias de seguridad”.12
Las estrategias para reducir la violencia difieren
drásticamente de las estrategias diseñadas para elevar
los precios o bajar los volúmenes de drogas. En lugar de
capturar a los traficantes que mueven mayores volúmenes
de droga o que son más fáciles de arrestar, las agencias
de seguridad deben recabar información que les indique
cuáles son las organizaciones o quiénes son los
individuos más inclinados a utilizar la violencia para
concentrar sus esfuerzos en la supresión de estas
organizaciones e interrumpir, con ello, la dinámica de
la violencia en una zona o localidad.
Segundo principio: Castigos certeros y rápidos en lugar
de severos. Los delincuentes tienden a ser individuos
que valoran más la gratificación presente que el castigo
futuro. Por tanto, mientras más tiempo medie entre la
violación de la ley y la aplicación de sanciones, menor
será la capacidad disuasiva de la pena. Asimismo, si hay
incertidumbre en el vínculo entre crimen y castigo
(i.e., si los criminales piensan que una sanción es
producto de la mala suerte y no el resultado de su
conducta) los efectos disuasivos de la pena se
debilitan. Por ello, es necesario diseñar un paquete de
sanciones rápidas y certeras, aunque sean leves, pero
que se detonen de manera simultánea y que puedan
intensificarse en caso de reincidencia.
Para Kleiman, aumentar la capacidad disuasiva de un
castigo implica que éste sea rápido y cierto en lugar de
severo. La severidad implica utilizar una gran cantidad
de recursos en un reducido número de delincuentes, y
entre más severa sea la sentencia es menos probable que
ésta sea impuesta, además de que el proceso requerirá
más tiempo. En cambio, la lógica básica de la disuasión
para un actor racional, dice Kleiman, consiste en
suponer que un sujeto nunca violará la ley si tiene
certeza de que será castigado y de que la multa por
violar la ley será superior a las ganancias que genera
tal violación.13 Los arrestos podrían constituir en sí
mismos una forma de castigo y ser un disuasivo
importante, siempre y cuando tuvieran consecuencias.14
Tercer principio: Comunicación con los delincuentes y la
comunidad. El costo de pasar de un “equilibrio negativo”
de alta violencia a otro “positivo” de baja violencia
depende de qué tan rápido responden las organizaciones o
los delincuentes a los nuevos niveles de disuasión. Los
costos de esta transición pueden reducirse si se
advierte a organizaciones o delincuentes de forma
anticipada. De aquí que a Kleiman le parezca
especialmente importante que la autoridad comunique
directamente las amenazas disuasivas a las
organizaciones criminales. Ahí donde existan grupos que
realizan actividades violentas, como pandillas, la
policía deberá identificar a los participantes, hacer
una lista de delitos con “cero tolerancia” (como el
homicidio), y prevenir a los participantes de las
bandas, como grupo, que cualquier infracción de la regla
de “cero tolerancia” producirá una reacción policial
agresiva contra cada uno de ellos por toda la lista de
delitos. Debe tenerse presente cualquier amenaza que
resulte en un bluf devaluará la capacidad disuasiva de
amenazas futuras.15
Dos programas exitosos
Los tres principios que acabo de enumerar se han
aplicado con éxito en varios programas antiviolencia de
Estados Unidos. Entre ellos, el Operation Ceasefire de
Boston y el Tri-Agency Resource Gang Enforcement Team (TARGET)
del Condado de Orange, en California.
La Operation Ceasefire (Operación Cese al Fuego) fue una
exitosa iniciativa policial orientada expresamente a
disminuir los homicidios entre los jóvenes en Boston. El
programa tuvo dos componentes estratégicos. El primero
fue establecer un conjunto de medidas disuasivas contra
la violencia de pandillas (en especial la violencia
armada). El programa se concentró en el seguimiento de
pandillas especializadas. Los operadores del programa
tuvieron contacto directo con los miembros de las bandas
y dieron el mensaje, explícito y claro, de que la
violencia no sería tolerada. El segundo componente
estratégico fue dar seguimiento al tráfico de armas de
fuego. La aplicación de la ley se concentró en los
traficantes de armas de las marcas y calibres más
utilizados por los miembros de pandillas.
Los homicidios de jóvenes en Boston disminuyeron
drásticamente desde mayo de 1996, cuando se puso en
marcha la Operación Cese al Fuego y se mantienen a la
baja hasta hoy. Una rigurosa evaluación determinó que la
aplicación del programa estuvo asociada con la
disminución mensual del 63% de los homicidios de
jóvenes, una reducción del 32% de reportes de tiros de
arma de fuego, un 25% de disminución de asaltos a mano
armada y una reducción del 44% de las agresiones con
arma de fuego en el distrito de mayor riesgo (Roxbury).
El objetivo del Tri-Agency Resource Gang Enforcement
Team16 fue reducir la violencia pandilleril mediante el
encarcelamiento selectivo de los miembros más violentos
y reincidentes (basados en sus antecedentes penales) de
las pandillas del Condado de Orange, en California.
TARGET estableció una colaboración estrecha entre el
personal de las agencias de seguridad, las agencias
penitenciarias y la procuración de justicia al reunir a
funcionarios de las tres dependencias en las mismas
oficinas.
Cada equipo de TARGET está formado por agentes de
policía que se desempeñan como investigadores de
pandillas, un funcionario de la oficina del ministerio
público y un investigador del fiscal de distrito. Los
investigadores de pandillas están entrenados para tratar
a testigos hostiles, y los fiscales adjuntos y los
investigadores del fiscal de distrito tienen experiencia
en el procesamiento vertical17 de casos en el sistema
judicial —lo que al parecer es un elemento clave en el
éxito del programa—. Inaugurado en 1992, TARGET ha sido
replicado en seis áreas adicionales al interior del
Condado de Orange.
Una evaluación del programa mostró un gran aumento en el
encarcelamiento de miembros de pandillas y una
disminución acumulada de 47% de la violencia relacionada
con las pandillas en un periodo de siete años. En un
caso, el equipo TARGET de Costa Mesa desmanteló una
banda al lograr la condena y el encarcelamiento de sus
líderes y poner en libertad condicional restrictiva a
los miembros de pandillas que fueron sentenciados a
prisión.
Tres errores frecuentes
No concentrarse en los individuos más violentos o en los
que se encuentran en situaciones de alto riesgo, sino en
los más jóvenes y necesitados de ayuda. Esto tiene
efecto en la disminución de la violencia a largo plazo
pero no de manera inmediata.
No irrumpir en las estructuras de las pandillas que
generan violencia. Los miembros fueron responsabilizados
por sus acciones de modo individual y no grupal, que es
lo recomendado.
No promover la comunicación entre las autoridades y las
pandillas para informarles a estas últimas sobre los
riesgos asociados a sus acciones violentas, con lo que
se debilita el elemento disuasivo del programa.
Programas exitosos
en América Latina
Unidades de Policía Pacificadora de Río de Janeiro.
Recientemente, el gobierno de Río de Janeiro creó las
Unidades de Polícia Pacificadora (UPP) en un pequeño
número de favelas en la ciudad de Río de Janeiro.18
Estas unidades mantienen presencia policial continua en
cada favela, buscan retomar el control de la zona (que
tienen las pandillas) y promueven la seguridad en el
largo plazo. Los oficiales desplegados han recibido
entrenamiento especial, incluyendo entrenamiento en
derechos humanos, y han recibido incrementos salariales.
El gobierno de Río de Janeiro planea tener tres mil 500
policías en 15 UPP hacia finales de 2010, y pretende
extender el programa a 100 favelas, con una adición de
10 favelas anuales.19
Esta nueva estrategia ya ha sido objeto de
reconocimiento público. Donde ha sido implementada,
representó un cambio radical a la “situación de guerra”
inducida por las operaciones policiales previas. El
proyecto de las UPP evita los escenarios de
confrontación y tiroteos que frecuentemente tienen lugar
tras la incursión de los agentes policiales en las
favelas. De acuerdo con información proporcionada por la
misión especial de Naciones Unidas, el gobierno ha
progresado en evitar que las pandillas retomen las áreas
de las cuales han sido removidas. También hay datos que
muestran que existe apoyo comunitario a las UPP. Los
residentes han reportado que se sienten más seguros, y
que su relación con la policía ha mejorado. En algunas
áreas ha mejorado incluso la provisión de servicios
básicos. Cabe agregar que la presencia policial
sostenida en las favelas de Río de Janeiro es hasta
ahora la excepción, no la regla. Hasta ahora la
presencia de las UPP se mantiene en un reducido número
de las 100 favelas de Río de Janeiro. Las operaciones
violentas que han propiciado muertes continúan
realizándose en las favelas que carecen de la presencia
de las UPP. (Véase en esta misma edición de nexos el
informe de Benjamin Lessing sobre este programa, pp.
11-14.)
Barrio de Paz (Guayaquil).
El programa de Barrio de Paz
arrancó en 2006, en el centro de Guayaquil, un espacio
de aproximadamente 49 cuadras que alberga a mil
familias. Se trata de un programa de prevención y
supresión de pandillas. En 2008 el programa incluyó a
cinco pandillas con cerca de 200 miembros en total. El
programa adoptó como idea central que los jóvenes se
integran a las pandillas por no tener alternativas
laborales, educativas o de esparcimiento. El programa
desarrolla microempresas en las cuales los miembros de
la pandilla pueden obtener ingresos lícitamente. Como
condición para entrar al programa los pandilleros deben
dejar sus actividades criminales y estar dispuestos a
trabajar con pandilleros rivales.
Además de obtener un crédito para desarrollar la
microempresa (otorgado por el Ministerio de Relaciones
Laborales de Ecuador), los pandilleros reciben
capacitación empresarial y en algunos casos han obtenido
grados universitarios. Conjuntamente al desarrollo de
microempresas se puso en marcha en el barrio un programa
de entrega de armas, mediante el cual los pandilleros
dan sus armas a las autoridades que las destruyen de
inmediato, públicamente. En respuesta a la colaboración
de las pandillas el gobierno municipal se comprometió a
invertir en proyectos de infraestructura en el barrio,
como la remodelación de edificios derruidos y la
pavimentación de calles. En los primeros seis meses del
proyecto los niveles de criminalidad en el barrio
descendieron un 60%. A partir de que el programa entró
en marcha en 2006 los homicidios han disminuido, pasando
de 331 en 2006 a 259 en 2008. También el programa logró
que las dos pandillas más grandes de Ecuador, Latin
Kings y Los Ñetas, que en 2006 sostenían una cruenta
batalla por control territorial, pactaran una tregua.20
Lecciones para México
Tanto el breve bosquejo de la violencia presentado en la
primera parte de este artículo, como los principios bajo
los que operan programas antiviolencia exitosos en otros
países, ofrecen varias lecciones a México sobre cómo
reducir la violencia.
Las detenciones de algunos capos han disparado grandes
olas de violencia que han durado varios meses y han
propiciado la muerte de miles de personas. Para no
detonar la violencia es necesario evaluar,
cuidadosamente, si la detención de un capo tendrá o no
el potencial de desencadenar una nueva ola de violencia.
Las detenciones de capos de los tres cárteles con
presencia más extendida en territorio nacional (Sinaloa,
Zetas y Golfo) son especialmente riesgosas en este
renglón.
Cuando un cártel de presencia nacional sufre una
escisión, las facciones que lo forman también padecen un
proceso de división y de realineamiento con otras
organizaciones criminales, lo que eleva la producción de
la violencia.
Existen en el territorio nacional seis clusters de
municipios violentos. Esto resulta ventajoso tanto para
diseñar como para implementar una estrategia
antiviolencia. Las ventajas consisten en que los focos
principales de atención están claramente delimitados, y
pueden dirigirse mejor los esfuerzos (concentración
dinámica) a las áreas críticas. Por otro lado, un
impacto positivo en al menos uno de los municipios que
integran el cluster propiciará un descenso significativo
en el nivel regional o, incluso, nacional de la
violencia.
La estrategia antiviolencia debe distinguir los cuatro
efectos o secuencias (combustión, amplificación,
escalamiento y derrame) que pueden desatar la violencia
entre organizaciones criminales.
En Juárez, el “efecto combustión” pudo evitarse si un
trabajo de inteligencia previo hubiera indicado a las
autoridades cuál cártel intervenir sin causar una
escisión mayor y generar, con ello, una espiral
incontrolable de violencia.
El “efecto amplificación”, por su parte, pudo haberse
aminorado si las autoridades hubieran desplegado en las
localidades más vulnerables uno o varios programas
sociales dirigidos a prevenir la formación de pandillas
delictivas o, en su caso, la alianza entre pandillas y
cárteles. Por ejemplo, el programa Barrio de Paz en
Guayaquil previene y suprime pandillas al ofrecer
alternativas laborales (desarrollo de microempresas) a
los jóvenes.
El “efecto escalamiento” pudo haberse neutralizado con
la existencia de una policía profesional capaz de
intervenir en un conflicto entre pandillas o cárteles.
Además, se hubiera restado vigor al escalamiento del
conflicto si la autoridad hubiera centrado parte de sus
esfuerzos en confiscación de armas.
Por último, el “efecto derrame” debió y pudo haberse
contenido mediante un incremento en la presencia
policial y militar en áreas de alto riesgo (aledañas a
las áreas donde inicialmente se desencadenó la
violencia).
Este artículo propone que las estrategias antiviolencia
estén guiadas por tres ejes o principios básicos que han
dado buenos resultados en el ámbito pandilleril. Sin
embargo, los tres principios (“concentración dinámica”,
“castigos certeros y rápidos” y “comunicación efectiva
con delincuentes y sociedad”) pueden aplicarse también a
estrategias de combate al crimen organizado. En este
ámbito lo que cambia son los instrumentos, no el método.
La concentración dinámica debe dirigirse secuencialmente
a cada una de las organizaciones más violentas a nivel
nacional y local. La Ley de la Delincuencia Organizada
ofrece una amplia gama de castigos rápidos y certeros
para aquellas personas presuntamente relacionadas con la
delincuencia organizada. Por ejemplo, se cuenta con la
posibilidad de arraigo por 40 u 80 días, con cateos
domiciliarios, con aseguramiento de bienes e
intervención de telecomunicaciones. Por otro lado, esta
ley también ofrece beneficios a aquellos miembros de la
delincuencia organizada que den información que conduzca
a la detención de los miembros de estas organizaciones.
El método de los tres principios ha probado su eficacia
para disminuir la violencia asociada a las pandillas. En
varias entidades federativas ha crecido el número de
pandillas en el último lustro. Y el municipio más
violento del país, Ciudad Juárez, enfrenta un grave
problema de aumento de pandillas y de creciente
vinculación de éstas con el crimen organizado.
El modelo de Kleiman parece especialmente pertinente
para combatir en Juárez y en otras ciudades con un alto
número de pandillas (como Monterrey, Tijuana, Durango y
Acapulco) la alta violencia que aflige a sus
comunidades.
Eduardo Guerrero. Consultor en políticas públicas.
Presidente de la Asociación Mexicana de Ex Becarios
Fulbright-García Robles.
Agradezco el valioso apoyo que me brindaron Eunises
Rosillo y Roberto Arnaud para la elaboración de este
artículo.
1 De acuerdo a un estudio de Angélica Durán-Martínez,
Gayle Hazard y Viridiana Ríos, publicado por el Trans-Border
Institute de la Universidad de San Diego (2010 Mid-Year
Report on Drug Violence in Mexico), en 2001 se
registraron mil 80 ejecuciones, en 2002 mil 230, en 2003
mil 290, en 2004 mil 304, en 2005 mil 776, en 2006 dos
mil 120 y en 2007 dos mil 280.
2 2010 es una proyección lineal con base en el método de
mínimos cuadrados, utilizando los datos conocidos para
los meses de enero a junio de 2010.
3 En este contexto, un cluster o “apiñamiento” se
refiere a un conjunto de cuatro o más municipios
violentos agrupados estrechamente entre sí.
4 Cálculos realizados con cifras de una base de datos
construida por el autor a partir de 19 periódicos
nacionales y estatales. Las proyecciones se realizaron
con base en el método de mínimos cuadrados a partir de
los datos conocidos.
5 Alejandro Brugués, et al., Todos somos Juárez:
Reconstruyamos la ciudad. Propuesta para focalizar las
iniciativas gubernamentales y sociales, El Colegio de la
Frontera Norte, 2010, p. 4.
6 Alejandro Brugués, et al., ibíd., p. 5.
7 El cálculo se hizo con base en la cifra de “5,600
policías federales desplegados en Ciudad Juárez”
publicada por la embajada de Estados Unidos en México en
la nota titulada “Hoja informativa: confrontar la
violencia en Ciudad Juárez”. La cifra de la población
proviene del Anuario Estadístico del estado de Chihuahua
(INEGI) según el cual residen en el municipio un millón
313 mil personas (2005).
8 Véase,por ejemplo, el excelente trabajo de Barbara F.
Walter, Reputation and Civil War, Cambridge University
Press, Nueva York, 2009.
9 Estos principios se basan en los textos de Mark
Kleiman. Véanse, especialmente, su último libro When
Brute Force Fails: How to Have Less Crime and Less
Punishment, Princeton University Press, Princeton, 2010,
231 pp.; su reporte titulado “Reducing the Contribution
of the Drug Problem to Violence in El Salvador” (2004,
sin editar); y su artículo “Controlling Drug-Related
Violence” (2002, sin editar).
10 Kleiman, ibíd., 2010, p. 4.
11 Para una exposición más técnica de la “concentración
dinámica” véase Kleiman, ibíd., pp. 54-55.
12 Kleiman, op cit., 2004, pp. 4-5.
13 Kleiman, op. cit., 2010, p. 50.
14 Ibíd., pp. 104-105.
15 Ibíd., p. 5.
16 Equipo Tri-Agencia de Aplicación de la Ley a
Pandillas.
17 El término “procesamiento vertical” (vertical
prosecution) se utiliza para describir actividades de
fiscales especializados. El “procesamiento vertical”
alude a un método en el que se le asigna un fiscal a un
caso desde su inicio hasta su culminación. Este método
da continuidad a las tareas del fiscal, lo que eleva sus
probabilidades de éxito en el juicio.
18 Agradezco a Benjamin Lessing que me haya enterado de
este novedoso experimento brasileño.
19 United Nations, Report of the Special Rapporteur on
Extrajudicial, Summary or Arbitrary Executions (Brasil),
2010.
20 Graduate Institute of International and Development
Studies-Geneva, Small Arms Survey 2010, p. 220.
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