
El hígado fabrica un líquido llamado bilis. La bilis
ayuda a digerir los alimentos y a absorber los
nutrientes que alimentan al cuerpo, tales como las
vitaminas y los minerales. El hígado también
almacena azúcar, hierro y vitaminas para que el
cuerpo use más adelante.
Filtra sustancias químicas nocivas
El hígado actúa como un filtro para el cuerpo y
purifica la sangre de sustancias químicas
perjudiciales.
Produce albúmina
La albúmina es un tipo de proteína sanguínea. Ayuda
a transportar algunos medicamentos y otras
sustancias a través de la sangre. Es necesaria para
el crecimiento y la cicatrización de los tejidos.
Cuando los niveles de albúmina bajan, puede
acumularse líquido en los tobillos, en los pulmones
o en el abdomen.
Ayuda con la coagulación
El hígado fabrica una proteína que ayuda a que la
sangre coagule normalmente. La coagulación se
produce cuando la sangre cambia de estado líquido a
sólido, como por ejemplo, cuando se forma una costra
sobre un corte o herida.

Se sabe
que el hígado, el gran depurador del organismo,
ejecuta más de quinientas funciones diferentes
aunque se sospecha que pueden ser muchas más.
De ahí la enorme importancia de su estado para la
salud. Con un hígado en mal estado es imposible
encontrarse bien. Por eso es necesario ayudarle de
vez en cuando con un ayuno moderado o una cura de
desintoxicación.
Sus funciones básicas son cinco.
1) Actividad circulatoria. Se encarga de filtrar la
sangre procedente del intestino depurándola.
2) Actividad secretora y excretora. Se encarga de
producir bilis, sustancia encargada de:
Facilitar la digestión de las grasas en el
intestino.
Permitir la absorción de vitaminas liposolubles.
Metabolizar el colesterol y la bilirrubina.
Equilibrar la acidez del quimo presente en el
duodeno.
Transportar la inmunoglobulina A a la mucosa
intestinal.
3) Actividad metabólica. Participa en la metabolización de los carbohidratos, proteínas,
lípidos, minerales y vitaminas. De hecho, el hígado
es el encargado de convertir los carbohidratos y
proteínas en grasas.
a) Las actividades específicas que desempeña en el
metabolismo de los carbohidratos es la de:
Almacenar glucógeno.
Convertir galactosa y fructosa en glucosa.
Elaborar distintos compuestos químicos.
b) En cuanto al metabolismo de los lípidos, sus
funciones específicas son:
La formación de la mayor parte de las lipoproteínas.
La formación de colesterol y fosfolípidos.
La gluconeogénesis.
c) En cuanto a las proteínas se refiere, lo que el
hígado hace es:
-Desaminar los aminoácidos.
-Fabricar urea para suprimir el amoniaco de los
líquidos corporales.
-Formar la práctica totalidad de las proteínas
plasmáticas.
Cabe añadir que aunque la mayor parte del
metabolismo de los hidratos de carbono y de las
grasas se produce en el hígado probablemente
podríamos sobrevivir si esa función se
interrumpiera; sin embargo, si el hígado no
metabolizara las proteínas la persona moriría en
pocos días.
d) Las otras funciones metabólicas del hígado son
las de:
Almacenar vitaminas.
Almacenar hierro.
Formar las sustancias que intervienen en el proceso
de coagulación (fibrinógeno, protombina, factores
VII, IX y X).
Eliminar o excretar los fármacos, hormonas y otras
sustancias.
4) Actividad protectora y detoxificadora. En el
hígado existen unas células conocidas como "células
de Kupffer" o macrófagos- que tienen la función de
fagocitar (ingerir y digerir) parásitos, virus,
bacterias y macromoléculas por lo que constituyen
una barrera para las toxinas y microorganismos
procedentes del intestino. Además juegan un papel
fundamental en la formación de antígenos durante los
procesos de inflamación e infección porque son las
iniciadoras de la inmunidad mediada por las células
B y T.
Cabe añadir que hay otras células -las llamadas
"células de PIT"-, equivalentes a grandes linfocitos
granulares y células asesinas, que tienen también
funciones similares por lo que brindan protección
contra las infecciones virales.
5) Actividad hematológica. Durante parte de la vida
embrionaria -y en algunos estados patológicos en el
adulto- se forma sangre en el hígado. Además, éste
produce fibrinógeno, protombina y heparina; y
destruye eritrocitos.
La Importancia del Hígado
Como el lector puede constatar, lo apuntado hasta
aquí -de forma muy resumida- demuestra la enorme
importancia del hígado. Hasta el punto de que desde
la óptica de la Medicina Ortomolecular es impensable
tratar cualquier alteración o disfunción sin antes
pasar por una desintoxicación hepática. Es la piedra
angular de cualquier tratamiento del que se pretenda
salir exitoso.
Además -y sin entrar en patologías específicas-,
teniendo en cuenta las actividades en las que está
involucrado el hígado muchas actuaciones a nivel
digestivo, pancreático, intestinal, renal, etc,
pasan inexorablemente por una terapia normalizadora
de la función hepática.
Desintoxicación Celular
Normalmente los residuos de la alimentación son
expulsados de las células y pasan a la linfa y a la
sangre que los transportan a los órganos excretores
-sobre todo al hígado y a los riñones- donde son
transformados y conducidos a los órganos de
evacuación. Pues bien, como el organismo lleva
siempre un cierto retraso a la hora de efectuar la
limpieza es evidente que no ingerir alimentos
durante un tiempo -o, al menos, limitar su ingesta-
le permite dedicar más energía a la depuración. Es
más, cuando se efectúa un proceso de desintoxicación
se aprecia en el hígado una pérdida importante de
peso, lo que se debe a que el hígado quema tanto el
glucógeno de reserva que contiene como buena parte
de la grasa acumulada.
La Depuración
El buen estado de salud se da cuando el conjunto de
actividades de los órganos y funciones corporales se
realizan de forma correcta y en equilibrio siendo la
ruptura del mismo lo que nos lleva a perder la
salud. Por otra parte, la actividad de las células
que forman nuestro organismo genera sustancias de
desecho que eliminamos de forma natural cuando éstas
no sobrepasan el nivel de tolerancia, algo que
depende de cada individuo (edad, herencia, estado
general...).
Sin embargo, hay alimentos y productos como el café,
el tabaco, diversas drogas, productos tóxicos,
algunos aditivos alimentarios, contaminantes de las
aguas, medicamentos, etc., que dificultan las
actividades celulares e incrementan la cantidad de
elementos de desecho por lo que los órganos
eliminadores (emuntorios) se ven desbordados e
incapaces de desembarazarse de un nivel elevado de
toxinas.
En suma, se puede afirmar que la salud de un
individuo depende de la capacidad de su organismo
para eliminar los residuos perjudiciales, tanto de
origen interno como externo. Y como quiera que hoy
el ser humano no suele mantener una conducta que
respete las leyes naturales en cuanto a
alimentación, ejercicio, hábitos de conducta, etc,
llega un momento en el que comienzan a aparecer
signos de que se hace necesaria una depuración.
Signos que unas veces se manifiestan como una
enfermedad grave y en otras en forma de síntomas
generales como fatiga, caída del cabello, pérdida de
apetito, uñas quebradizas, dificultad para conciliar
el sueño, decaimiento, astenia y otros signos
subjetivos que indican falta de energía.
La depuración del organismo -y en particular la
depuración hepática- es pues una de las primeras
acciones que deberíamos tomar cuando nos planteamos
el tratamiento de cualquier patología. Porque lo más
eficaz es siempre comenzar "limpiando el terreno".
Síntomas del Proceso Depurativo
Depurar el organismo consiste en disminuir su nivel
de toxemia. Y eso debe hacerse disminuyendo los
tóxicos externos, por un lado, y ayudando a los
órganos eliminadores a realizar su función
estimulando la eliminación de toxinas, por otro.
Un buen drenaje debe durar entre 3 y 10 días.
Depende del estado general (que evidenciará de un
modo aproximado el nivel de toxemia), de la edad, de
la constitución y de si existe o no alguna
patología.
Hay que advertir, en todo caso, que un proceso
depurativo conlleva a veces la aparición de lo que
podríamos denominar una "crisis aguda", algo que
patentiza que en el organismo se están produciendo
cambios significativos. Durante esa crisis
observaremos cómo se cumple la "Ley de Hering":
cuando existe una sintomatología muy evidente todos
los síntomas van cambiando, expresándose por orden
inverso de aparición: primero los más recientes,
después los más antiguos. Y antes los de las zonas
inferiores que los de las zonas superiores.
Existen además una serie de signos que nos informan
de la evolución del proceso:
la lengua se cubre de una gruesa capa de saburra
blanca o amarillenta (en función de la composición
de los residuos que se eliminan por esta vía).
Cuando vuelve a ser sonrosada y la capa de saburra
es blanca y fina otra vez es indicio de que la
depuración ha finalizado.
el aliento es fuerte, a veces hasta fétido. Cuando
se ha depurado lo suficiente vuelve a ser fresco y
limpio.
La orina es más oscura y densa, con olor fuerte y
diferente. Vuelve a ser clara al final de la
depuración.
Las heces son también más oscuras, concentradas y
abundantes volviendo a su color y textura normales
cuando finaliza la depuración.
Hay que destacar que cuando la técnica utilizada
consiste en un ayuno la cantidad de materia fecal no
aumenta aunque también es cierto que generalmente
hay deposición diaria, señal de que en el interior
del intestino había residuos que no podían
eliminarse con la defecación normal cotidiana (esto
ocurre sobre todo en personas que de manera habitual
son estreñidas o bien tienen divertículos en el
intestino).
Esta crisis puede acompañarse en ocasiones de
diversos síntomas generales como:
Dolor difuso y/o jaqueca, señal de alarma para el
organismo que invita a la búsqueda de calor, reposo,
rechazo de alimentos...
Fiebre que tiende a disminuir con rapidez el índice
de toxemia excesivo pues pone en marcha unas medidas
excepcionales. Es el caso de un aumento de la
frecuencia cardiaca, el incremento de la circulación
sanguínea y el reforzamiento de la función
respiratoria.
Y dado que sabemos que la fiebre cumple una función
de defensa orgánica, es importante no actuar nunca
contra ella -a no ser que sea muy elevada- sino
mantenerla controlada en todo momento; por ejemplo,
mediante la aplicación de paños fríos acompañados de
fricciones en la espalda o baños de agua fría.
Aminoración de las funciones muscular y sensorial
así como de la digestiva. Estos síntomas suelen
aparecer con más intensidad cuanto más elevada es la
toxemia y más riguroso el procedimiento adoptado
mientras que se presentan de forma muy suave o
incluso no aparecen cuando la toxemia es leve y/o la
depuración se realiza lentamente, con supresión
gradual y paulatina de bebidas estimulantes como el
café o el té y la adopción de unos hábitos adecuados
y de una dieta depurativa.
Dependiendo de cada individuo, podríamos
encontrarnos con otros síntomas particulares como
aumento de la sudoración, incremento de mucosidades
nasales o faríngeas, lagrimeo, aparición de
forúnculos, etc.
Lo más aconsejable, siempre que los síntomas no sean
demasiado violentos o impliquen algún riesgo para el
individuo, es encauzarlos mediante técnicas
naturales y no suprimirlos ya que la propia
naturaleza del individuo es la que elige la forma
más adecuada para restablecer el equilibrio.
Recomendaciones durante la Desintoxicación
Consuma, si le es posible, alimentos de origen
biológico.
Consuma frutas como desayuno, almuerzo y/o sustituto
de la cena.
Prepare los alimentos al vapor, hervidos o a la
plancha usando utensilios de acero inoxidable
Elimine el consumo de productos refinados, la carne
roja y los productos lácteos y derivados.
Evite el consumo de bebidas alcohólicas, excitantes,
etc.
Procure no tomar alimentos fritos, congelados,
precocinados, etc.
Tome algún tipo de caldo depurativo diariamente y
fuera de las comidas.
Trate de reducir la cantidad de alimentos a ingerir.
Evite las situaciones de estrés.
Mantenga una higiene externa e interna adecuadas.
Realice una actividad física acorde con sus
necesidades.
Duerma un mínimo de horas para que el sueño sea
reparador.
Beba agua filtrada o embotellada.
Alimentos Adecuados
Cereales integrales: aportan hidratos de carbono
complejos y vitaminas del grupo B, elementos
necesarios para el buen funcionamiento del hígado.
Además, los H. C. que contiene constituyen el
nutriente que con mayor facilidad metabolizará un
hígado enfermo.
Frutas: son ricas en azúcares de fácil asimilación y
vitaminas antioxidantes que favorecen el
funcionamiento hepático y evitan la retención de
líquidos.
Verduras: siempre que sea posible se deben tomar
crudas o cocinadas con poca sal. Aportan potasio y
otros minerales necesarios en caso de trastornos
hepáticos. Además, aportan folatos necesarios para
el metabolismo hepático.
Uvas: además de aportar azúcares naturales y
vitaminas antioxidantes activan la función
desintoxicadora del hígado y estimulan la producción
de bilis. Asimismo, facilitan el retorno de la
sangre del aparato digestivo al hígado con lo que
disminuye la hipertensión portal que suele
producirse como consecuencia de la cirrosis.
Manzanas: facilita el vaciamiento de la bilis y la
descongestión hepática. Y poseen abundante fibra.
Ciruelas: evitan el estreñimiento y favorecen la
eliminación de desechos orgánicos. Son bajas en
sodio, grasas y proteínas. Facilitan el trabajo
hepático.
Cerezas: son antioxidantes y depurativas de la
sangre lo que facilita el trabajo hepático.
Nísperos: contienen provitamina A y minerales. Son
descongestionantes y pueden reducir el tamaño del
hígado cuando éste es debido a un cúmulo de sangre (hepatomegalia
congestiva).
Alcachofas: por su contenido en cinarina y otras
sustancias potencian la función hepática,
desintoxican y facilitan la eliminación de
sustancias nocivas. Aumentan la secreción de bilis y
mejoran su vaciamiento al intestino. Alivian el mal
gusto de boca y las digestiones pesadas debidas al
mal funcionamiento hepático.
Cardo: contiene también cinarina lo que estimula la
producción de bilis, descongestiona el hígado y
facilita su buen funcionamiento.
Cebollas: gracias a su aceite esencial sulfurado
estimulan la función desintoxicadora del hígado.
Rábanos: su esencia sulfurada de sabor picante
estimula la función hepática y aumentan la
producción de bilis haciéndola mas fluida y
facilitando su vaciamiento.
Lecitina: contiene colina, un factor vitamínico
indispensable para el metabolismo hepático y para
evitar que se deposite grasa en el hígado.
Aceite de oliva: en cantidades moderadas favorece el
buen funcionamiento hepático.
Fresas: mejoran la circulación venosa del sistema
portal hepático y contribuyen a reducir la ascitis.
Achicoria, escarola y endivia: contienen una
sustancia amarga que facilita el vaciamiento de la
vesícula.
Berenjena: es un tónico digestivo que activa de
forma suave la función de la vesícula.
