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LOS AMOROSOS
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
su corazón les dice que nunca han de
encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar
solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los
gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una
lámpara de
inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda
conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden
dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién
nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el
sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.
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Jaime Sabines
Jaime Sabines nació en Tuxtla
Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926. Es hijo del
mayor Julio Sabines, de origen libanés, y de doña Luz
Gutiérrez, nacida en Chiapas.

Julio Sabines, nació en un pueblo cerca de Líbano,
siendo un niño junto con sus padres y sus dos hermanos
emigró a América. La familia se asentó en Cuba, pero
pocos años después Julio se marchó a México. Participó
en la Revolución y, al llegar a Chiapas, había alcanzado
ya el grado de capitán de las fuerzas carrancistas. Por
su parte, Doña Luz pertenecía a la alta sociedad
chiapaneca de su tiempo. Fue hija de Joaquín Miguel
Gutiérrez, jurista y dirigente liberal que fue
gobernador del estado en cuyo honor la capital, Tuxtla,
lleva su apellido. Julio y Luz tuvieron tres hijos:
Juan, Jorge y Jaime, nuestro poeta.

Fue durante la preparatoria cuando Jaime publicó sus
primeros poemas en el periódico de la escuela llamado El
Estudiante; Algunos de ellos están en su primer libro,
Horal. No obstante, reconoce que la mayoría de lo
escrito en esa época eran versos de principiantes, como
lo dejan ver —dice— los mismos títulos: "A la bandera",
"A mi madre", "Primaveral", "Introspección", y poemas a
las novias. Sabines llegó a ser director de ese
periódico, que alguna vez lo consideró un futuro valor
de las letras chiapanecas

En 1945 viajó a la ciudad de México para estudiar
medicina, carrera que abandonó a los tres años porque su
concepto romántico de la medicina —quería inventar
medicamentos— desapareció en los primeros meses en que
estuvo en el antiguo edificio de la Inquisición, en la
Plaza de Santo Domingo en el Centro Histórico, edificio
sede de la Escuela de Medicina. De pronto se encontró
solo, en una ciudad indiferente, y se puso a leer con
fruición y desvarío. Nació la necesidad de escribir sus
angustias. No quería ser médico. El poeta se hizo en ese
tiempo en que estuvo en contacto con el dolor humano.
Fue en este mismo año cuando publicó el primer poema que
consideró bueno, "Introducción a la muerte", en la
revista América, que dirigían Efrén Hernández y Marco
Antonio Millán.
Después, Jaime regresó a Chiapas, donde permaneció un
año. Trabajó como vendedor en la mueblería Sabines,
propiedad de su hermano Juan. En 1949 regresó a la
ciudad de México e ingresó a la Escuela de Filosofía y
Letras.
En su nueva facultad encontró su verdadera vocación,
aprendió a ver la poesía no sólo como un don sino como
un oficio. Entre sus maestros figuraban Julio Torri,
Amando Bolaños e Isla, Julio Jiménez Rueda, Enrique
González Martínez, José Gaos, Eduardo Nicol. Entre sus
compañeros y amigos han destacado Sergio Magaña, Sergio
Galindo —su gran amigo—, Emilio Carballido, Rosario
Castellanos, Dolores Castro, Luis Josefina Hernández.
Algunos solían reunirse a discutir y comentar sus textos
en la casa de Efrén Hernández, lugar al que asistían
poetas, novelistas y dramaturgos. Ahí conoció Sabines a
Juan Rulfo, a Pita Amor, a Guadalupe Dueñas y a Juan
José Arreola.
Aunque Jaime Sabines comenzó a escribir a los dieciséis
años, lo que rescató fue aquello que empezó a hacer a
partir de los veintitrés, cuando notó que tenía una voz
propia y decidió publicar Horal.
Al aparecer esta obra, Carlos Pellicer se ofreció a
hacerle un prólogo, pero Sabines rechazó la oferta
porque no deseaba empezar a andar con muletas,
apoyándose en la celebridad de otro.
En 1952, cuando había cursado tres años en Filosofía y
Letras, se vio obligado a regresar a Tuxtla ya que su
padre habla sufrido un accidente y se encontraba grave.
Durante los años universitarios, además de Horal, había
escrito La señal y Adán y Eva.

En mayo de 1953 su hermano Juan, al ser elegido
diputado, viajó a la ciudad de México, motivo por el
cual le dejó su tienda de ropa a su hermano Jaime, el
cual contrajo matrimonio ese mismo año con Josefa
Rodríguez Zebadúa, a quien conocía desde niño.
De regreso en Tuxtla, después de su matrimonio en México
e instalado en la tienda de telas El Modelo, Sabines se
propuso como ejercicio de sombra —como hacen los
boxeadores— hacer un soneto diario a lo largo de un mes,
con la única finalidad de que la mano no se olvidara de
escribir y no para buscar alguna disciplina, de la que,
en el caso de la poesía, nunca ha sido creyente.
Durante siete larguísimos años, de 1953 a 1959, el
poeta, a pesar de haber publicado tres libros, vivió
imprecando contra su suerte por tener que hacer algo tan
indigno como barrer la calle, levantar las cortinas y
mercar telas. "Entonces fue un gran aprendizaje de
humildad —dice—, allí se me fue toda la vanidad, esa que
tienen los jóvenes. Yo me sentía humillado y ofendido
por la vida. ¿Cómo era posible que estuviese en aquella
actividad, la más antipoética del mundo, la del
comerciante?" Al cabo de dos o tres años la actividad
fue ejerciendo sus influjos. La hostilidad de la
provincia, para un poeta que había probado la hostilidad
de la gran urbe, se nota en su libro Tarumba, nacido
tras el mostrador de telas en 1945, cuando iba a nacer
su hijo Julio.
Al publicar Tarumba, Sabines tenía treinta años, cuatro
libros, estaba casado, y tenía un hijo, vendía telas en
su tienda, a donde llegaban a pedirle consejo y a beber
con él otros poetas más jóvenes: Eraclio Zepeda, Juan
Bañuelos, Óscar Oliva, quienes más tarde formarían parte
del grupo La Espiga Amotinada.
Sabines regresó a México en 1959, cuando su hermano Juan
instaló una fábrica de alimentos para animales, a la que
llegó a trabajar. Ese mismo año, en el mes de abril, el
Ateneo de Ciencias y Artes le otorgó el Premio Chiapas.
De regreso en la ciudad de México, escribió Diario
Semanario, un poema de amor a la enorme ciudad, la
reconciliación con la gran urbe, como ha dicho el propio
Sabines.

A raíz de la enfermedad y muerte de su padre, Sabines
escribió en distintas épocas cada una de las dos partes
de Algo sobre la muerte del Mayor Sabines. "Todo el
poema —rememora el poeta— se hizo con llanto, con
sangre. Es un poema del que no me gusta hablar porque es
puro dolor, desgarramiento , impotencia ante la
muerte..."
En 1962, la UNAM publicó el primer Recuento de poemas de
Jaime Sabines, donde se recopiló casi todo lo que había
escrito hasta entonces.
Dos años después fue becario del Centro Mexicano de
Escritores, donde estaban Juan Rulfo, Francisco Monterde
y Salvador Elizondo. Fue precisamente durante esa beca
que el poeta escribió la segunda parte de Algo sobre la
muerte del Mayor Sabines.
En 1965 visitó Cuba como jurado del Premio Casa de las
Américas. Quedó impresionado por las carencias y mucho
trabajo con que vivía la gente allá. Esto le produjo un
desencanto con la izquierda. A raíz de esto escribió
poemas de carácter político que incluiría en Yuria,
publicado en 1967. Yuria no significa nada en especial,
explica el poeta: "es el amor, es el viento, la noche,
el amanecer, incluso un país o bien una enfermedad".
En 1966 murió su madre, Doña Luz. Al cabo de unos meses
le escribió. Buscó hacer un canto tierno, librarse de
tantas muertes. Sin embargo, al final descubrió que
"ante la muerte lo único que se tiene es la cabeza rota,
las manos vacías, ante la muerte el poema no existe".
"Doña Luz", que forma parte del libro Maltiempo (1972),
no deja de ser una reflexión filosófica ante la vida.
Además, el libro habla de la cotidianidad, del cadáver
de su gato, del viaje a la luna, del '68. No se trata de
poesía de intensidad sino de ideas, de trucos, de
inteligencia y malicia poética, explica el autor. Dos
años más tarde de esta publicación, en 1974, recibió el
Premio Xavier Villaurrutia.
En 1976 y 1979 fue diputado federal por Chiapas. En
1982, año en que hizo erupción el Chichonal, le fue
otorgado el Premio Elías Sourasky. Sabines se encontraba
en Pichucalco cuando se enteró de la noticia, pero le
pareció fútil que mientras él era distinguido así, la
naturaleza se encargaba de decirle lo poco importante
que son estas vanaglorias y la pequeñez humana y el
desamparo ante lo verdaderamente ingente.

En 1985, compró un rancho cerca de los lagos de
Montebello al que bautizó con el nombre de Yuria. Fue
una época en la que cultivó la tierra, y en la que
estuvo en contacto profundo con la naturaleza. En 1988
fue elegido diputado por el Distrito Federal, motivo por
el cual dejó su rancho.
También en 1985, recibió el Premio Nacional de Ciencias
y Artes. En 1986, con motivo de sus sesenta años, fue
homenajeado por la UNAM y el INBA. Ese mismo año el
Gobierno del Estado de Tabasco le entregó el Premio
Juchimán de Plata. En 1991 , el Consejo Consultivo le
otorgó la Presea Ciudad de México y en 1994 el Senado de
la República lo condecoró con la medalla Belisario
Domínguez. Por su libro Pieces of Shadow (Fragmentos de
sombra), antología de su poesía traducida al inglés y
editada en edición bilingüe, Jaime Sabines ganó el
Premio Mazatlán de Literatura 1996.
En la última década la enfermedad golpeó el cuerpo del
poeta. Una fractura en la pierna izquierda, la
complicación de varios males a los que sumaron más de 35
operaciones, hicieron que Sabines permaneciera gran
parte de esos años en casa. Tiempo en que el poeta pudo
reflexionar más acerca de la condición humana, y en el
que lorgó concluir apenas un poema "Me encanta Dios", un
canto que marca su "reconciliación con Dios". Tiempo
también en el que revisó sus libretas donde fue
escribiendo cada uno de sus poemas, de ahí Sabines
rescató algunos que se convertiran en breve en sus
Poemas rescatados. En ese tiempo, el poeta también pudo
viajar, cuando la enfermedad no arreciaba tanto, las
ciudades de Tamaulipas, Monterrey, Guadalajara, Tijuana
y Tuxtla Gutiérrez, recibieron a Sabines para escucharlo
decir sus poemas. En 1995 estuvo en Nueva York para
presentar su libro Pieces of Shadow; junto a su
traductor W.S. Merwin. Sabines leyó algunos versos en el
atrio de la catedral de San Juan "El Divino". En el
verano de 1997 participó en un encuentro de poesía en la
capital holandesa. En octubre de ese mismo año viajó a
Quebec, Cánada, para estar en un encuentro de poesía y
en la publicación de su antología bilíngüe
(francés-español) Les poemes du piéton. Dos meses más
tarde se encontraba en la capital francesa para
presentar una nueva edición de Tarumba, traducido por
Jean-Clarence Lambert; en ese mismo viaje a Europa,
Sabines fue homenajeado en Madrid por la Asociación de
Artistas y Escritores de España. Muchos encuentros más
esperaban al poeta. Pero el dolor se impuso ante su
cuerpo.
El 19 de marzo, a seis días de cumplir 73 años, Jaime
Sabines decidió no luchar más contra la enfermedad. El
poeta murió en su casa, acompañado de su esposa Chepita
y sus cuatro hijos. Entonces ante el dolor de sus
lectores, sus hijos recordaron en los diarios lo que
Jaime Sabines siempre les dijo: "No hay que llorar la
muerte, es mejor celebrar la vida". Sabines siempre
supo, que habría de amanecer.

Obras
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Horal
Año: 1950
Lento, amargo animal
Yo no lo sé de cierto
Los amorosos
Entresuelo
Horal
Uno es el hombre
Yo no lo sé de cierto, pero supongo
Me gustó que lloraras
Es la sombra del agua
Mi corazón emprende
Miss X
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La señal
Año: 1951
En los ojos de los muertos
En la sombra estaban sus ojos
Te desnudas igual que si estuvieras sola
Los he visto en el cine
Tía Chofi
A estas horas, aquí
No quiero paz
La cojita está embarazada
Ésa es su ventana
Sigue la muerte |
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Adán y Eva
Año: 1952
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Tarumba
Año: 1956
Tarumba
A la casa del día
Ay, Tarumba
La mujer gorda
En este pueblo, Tarumba
A caballo, Tarumba
Después de leer tantas páginas...
Oigo palomas en el tejado del vecino
¿Qué putas puedo puedo hacer con mi rodilla?
La primera lluvia del año
Amanece la sangre
Duérmete, mi niño
La procesión
Dice Ruben
Ocurre que la realidad
Soy mi cuerpo
Aleluya |
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Diario Semanario y
poemas en prosa
Año: 1961
La tarde del domingo
Te quiero a las diez de la mañana
¿Es que hacemos las cosas sólo para recordarlas?
Si hubiera de morir
¿En qué callejón
En el estadio de la ciudad
A medianoche
Hay un modo de que me hagas completamente feliz
Con la flor del domingo
Ocurre que la realidad
Soy mi cuerpo
La procesión
Dice Rubén
Ésa es su ventana
Poemas Sueltos
(1951-1961)
Año: 1961
Tu cuerpo está a mi lado
No es que muera de amor
No es nada de tu cuerpo
Me doy cuenta de que me faltas
He aquí que tú estás sola
He aquí que estamos reunidos
Igual que la noche
Ahora puedo hacer llover
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Yuria
Año: 1967
Cuba 65
Espero curarme de ti
¡Qué costumbre tan salvaje...
Cuando tengas ganas de morirte
Te quiero porque tienes las partes
El mediodía en la calle
Esta mañana imaginé mi muerte
Pétalos quemados
Cuando estuve en el mar
Me dueles
Canonicemos a las putas
Autonecrología
Soy mi cuerpo
Me preocupa el televisor
Para hacer funcionar a...
Pensándolo bien...
Cantemos al dinero |
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Maltiempo
Año: 1972
Doña Luz
Tlatelolco 68
Como pájaros perdidos
He repartido
Algo sobre la
muerte del Mayor Sabines
Año: 1973
Otros Poemas
Sueltos (1973-1994)
Año: 1994
El peatón
La luna
Tu nombre
Sísifo
¿Nocturno?
Todo me lo has dado, Señor
Estoy metido en la política
Me encanta Dios
A estas horas, aquí
Uno es
el poeta. Antología
Editorial: Visor
Colección: Visor de poesía
Lugar: Madrid
Año: 2001
140 págs.
Edición de Carmen Alemany Bay.

Jaime Sabines era de esos escritores convencidos
(aunque es suya la frase <<No quiero convencer a
nadie de nada>>) de que la poesía es emoción y de
que el poeta, desde la autenticidad poética siempre,
tiene el deber de transmitir esas emociones. <<No
sirve esconderse tras una máscara>>: hay que
enfrentarse a lo que ofrece la vida y a lo que nos
quita la muerte sin que el verso pierda el asombro
virginal al hablar de estos temas poéticos. Sin
duda, en sus más de treinta años de escritura nos ha
enseñado a través de las palabras que, dodne hay
vida, hay poesía.
Nacido en el estado de Chiapas, en el sureste de
México en 1926, y fallecido en el último año del
siglo XX en Ciudad de México, Jaime Sabines nos ha
dejado un legado literario que en pocos lectores de
poesía en habla hispana han podido descubrir. Sus
libros no traspasaron en muchas ocasiones las
fronteras mexicanas, a pesar de que, como ha dicho
José Emilio pacheco, es uno de los escasos poetas
mexicanos que verdaderamente han hecho una obra, y
que, sin duda, muchas de sus composiciones están
entre las mejores de la lengua española.
Beethoven Variation XI - 'Poco
Adagio', Quasi Andante

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