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Texto: Ricardo Torres
Martínez
Jesús Enrique Helguera nació en Chihuahua el 28 de mayo
de 1910. Hijo de español y mexicana fue un genio del
oficio pictórico; de su vida se conoce poco, pues siendo
aún muy pequeño su familia se trasladó a la capital del
país, dos años después a Córdoba, Veracruz, para emigrar
a España cuando él apenas contaba con cinco años de
edad.
Su infancia y juventud, al decir de don Álvaro Mondragón
quien por muchos años fue su fiel compañero, las pasó en
la población española Ciudad Real primero, donde cursó
sus estudios elementales y en Madrid donde a los 12 años
ingresó a la Escuela de Artes y Oficios, para de allí
pasar a la famosa Academia de San Fernando y completar
su formación.
Trabajó afanosamente en Madrid y Barcelona como
ilustrador, hasta que consiguió una plaza de maestro de
artes plásticas en Bilbao. Regresó a México ya casado
con una dama madrileña, dos años después del
estallamiento de la guerra civil española, arribando por
barco a Veracruz hacia finales del año 1938.
Casi desde entonces y hasta su muerte, ocurrida el 5 de
diciembre de 1971, trabajó como artista exclusivo de
Cigarrera La Moderna, S.A. de C.V., empresa regiomontana
que realizaba en la imprenta de don Santiago Galas los
famosos calendarios anuales que tanta fama cobraron
durante el México de los cuarenta y los cincuenta. En
efecto, no había ferretería, fonda, consultorio médico,
taller, cantina, hogar o despacho que no tuviese alguna
pared ornamentada con un calendario de Jesús Helguera.
Admirador fiel de los muralistas mexicanos Rivera,
Orozco y Siqueiros, así como del Doctor Atl y de Rufino
Tamayo, Helguera fue poseedor de una gran cultura visual
que plasmó en cada uno de sus lienzos: “el detallismo”.
Modesto siempre en su manera de ser, pues jamás se
sintió artista ni pretendió exhibir sus originales,
recibía cada año un guión literario por parte de La
Moderna en el que se le especificaba el tema, el lugar,
los personajes a representar y los elementos componentes
del cuadro; una vez que se discutía y se aprobaba él lo
interpretaba y le imponía su propio sello.
Helguera viajaba a los lugares indicados por el guión
con su equipo de trabajo, compuesto por dos
camarógrafos, un guionista y un auxiliar, se realizaban
las tomas fotográficas necesarias de la escena,
particularmente de la arquitectura, la flora y la fauna
propias del sitio escogido, y una vez en su taller
trazaba a lápiz los bocetos que darían lugar al
original. Así surgieron sus personajes mestizos e
idealizados que recordaban a las damas y galanes del
cine y de la canción ranchera de la época como Gloria
Marín, María Elena Marquéz, Tito Guízar, Pedro Infante y
Pedro Armendáriz, quienes en “El rebozo”, “El mes de
María”, “La oración de la Tarde”, “Orquídeas para tí”,
“La Despedida”, entre otros, dieron vida a lugares como
las huastecas potosina y tamaulipeca, los campos
chicleros de Quintana Roo, las montañas de Guerrero o
Michoacán y los remansos fluviales de Veracruz, Tabasco
y Chiapas.
La textura, colorido, realismo y disposición de los
personajes de la obra de Helguera, ejercían un gran
atractivo en el gusto popular. De ahí que, como dice
Carlos Monsivais en El encanto de las Utopías dentro del
Catálogo de la Exposición Identidades mexicanas, fue “un
pintor de cabecera de las multitudes, que vivió siempre
un doble reconocimiento, la admiración de la mayoría y
la referencia irónica de la minoría”.
Y es que la producción artística de Helguera, con sus
paisajes paradisíacos, su gran capacidad fabuladora, su
arte popular que nos remonta a principios de siglo, y
sus escenarios tan dulcemente artificiales, fue
descalificada por los amantes del arte puro con el
despectivo calificativode kitsch; lo redujeron a un
simple pintor de almanaques, denominación que aceptó sin
dificultades, sin afectaciónninguna, consciente siempre
y, sin falsa modestia, de que el grueso de la población
y de sus múltiples admiradores, no sólo adquirían las
reproducciones de sus obras, sino que las exigían y las
disfrutaban con gusto verdadero. En una época de muy
escasos afectos culturales en materia de artes
plásticas, de pocos museos y de ausencia de bibliotecas,
Jesús Helguera supo encarnar en su obra artística las
sensaciones placenteras de “lo bonito”.
Revalorada en 1980 con una gran exposición en el Museo
de Bellas Artes, inaugurada por el presidente Miguel De
la Madrid, la presente obra pictórica de Jesús Helguera
pertenece al patrimonio del grupo Pulsar Internacional
cuyas oficinas se engalanan muy a menudo con todo o
parte de sus 26 óleos originales. Con frecuencia la
muestra viaja al extranjero. Gracias a esa aceptación
internacional, España, Francia, Holanda, Estados Unidos,
Canadá, Rusia y otros grandes países y ciudades del
mundo, han sabido del estilo único de Jesús Helguera y
de las tradiciones mexicanas.
Fuente: México en el Tiempo No. 32 Septiembre / Octubre
1999 |