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¡Alegría!
El más bello fulgor divino...
Todos los hombres serán hermanos...
¡Un abrazo confunda al mundo entero!
¡Hermanos, sobre la bóveda estrellada
debe morar un Padre amante!"
versos de
Friedrich von Schiller |
Ludwig van Beethoven
Ludwig van Beethoven (Bonn,
16 de diciembre de 1770 - † Viena, 26 de marzo de 1827),
compositor alemán de música académica (o música
clásica). Se le considera como el principal precursor de
la transición del clasicismo al romanticismo. Su
producción incluye los géneros pianístico (32 sonatas),
de cámara (16 cuartetos de cuerda, 7 tríos, 10 sonatas
para violín y piano), vocal (lieder y una ópera: Fidelio)
y orquestal (5 conciertos para piano y orquesta, uno
para violìn y orquesta, oberturas...) Parte única de su
repertorio lo constituye el genial ciclo de las Nueve
Sinfonías, entre ellas: Tercera Sinfonía, también
llamada Heroica, en mi bemol mayor, Quinta Sinfonía en
do menor, y la Novena Sinfonía, en re menor, cuya música
del cuarto movimiento, basado en la Oda a la Alegría de
Friedrich von Schiller, ha sido elegida como Himno de la
Unión Europea (UE).
Vida
Primeros años de vida (1770-1787) [editar]Ludwig fue
bautizado el 17 de diciembre de 1770 en la ciudad
alemana de Bonn, a orillas del Rin, en el seno de una
familia humilde de origen flamenco y de fe católica. Su
abuelo Ludwig, de Malinas (Mechelen, hoy Bélgica), se
estableció en Bonn hacia 1733 y llegó a ser maestro de
capilla del príncipe elector. Sus padres, Johann van
Beethoven y María Magdalena Keverich, tuvieron siete
hijos, de los cuales sólo tres sobrevivieron.
El joven Ludwig demostró un innegable talento; por lo
cual su padre, hombre con ansias empresariales y muy
dado a la bebida, le obligó a estudiar música
desconsideradamente, encerrándolo durante muchas horas y
maltratándolo cuando no cumplía con las tareas
agobiadoras que le señalaba. Johann quería mostrar a
todo el mundo que Beethoven era un niño prodigio como
Wolfgang Amadeus Mozart, por lo que además de obligarlo
al estudio musical, mintió sobre su edad, dejándolo con
dos años menos, para que se demostrara su prodigiosidad.
Sus avances en el dominio del piano le llevan a dar su
primer concierto a los 8 años. El embajador austríaco
Waldstein, noble acaudalado y poderoso, ve en él una
promesa y lo apadrina, dándole trabajo como organista
suplente. Esta labor le exige dedicación total: el joven
Ludwig pasa entonces toda su infancia y adolescencia
consagrado a la música, sin juegos ni amigos, “tutelado
y en un ambiente familiar nefasto, factores todos ellos
que influirían en su carácter rebelde y romántico”.
A los 11 años Beethoven era violinista de una pequeña
orquesta de teatro y a los 13 sustituyó a su maestro en
el órgano de la iglesia.
El primer viaje a Viena
(1787-1792)
Beethoven encuentra una vía de escape de la presión
familiar en 1787 cuando, con 17 años de edad, marcha a
la capital austriaca apoyado por su mecenas, quien
sufraga los gastos que demanda el viaje y, lo más
importante, le convence de sus posibilidades de éxito.
Parece que durante este viaje a Viena, la capital
europea de la Música, tuvo lugar un fugaz encuentro con
Mozart. Sus ilusiones sufren un duro golpe cuando a las
pocas semanas fallece su madre. Entonces se ve obligado
a regresar a Bonn. En esta ciudad Beethoven encuentra un
cuadro desolador: su padre se halla detenido por su
alcoholismo y es incapaz de cuidar a sus hermanos
menores. El joven Ludwig asume la responsabilidad y se
ve obligado a mantener a sus hermano y a él tocando el
violín con una orquesta y dando clases de piano durante
cinco años mientras que su padre seguia apresado.
De aprendiz a maestro
(1792-1802)

Ludwig van BeethovenEn 1792 el elector de Bonn vuelve a
financiar un viaje a Viena, ciudad en la que permanecerá
el resto de su vida componiendo, tratando de alcanzar un
reconocimiento social a su persona por medio del arte y
sufriendo un mal particularmente terrible para él: la
sordera. Eran años en que las potencias monárquicas
europeas se habían aliado para derrotar a la joven
Francia revolucionaria. En una deslumbrante campaña en
el norte de Italia, en la que el ejército austríaco es
vencido, adquiere notoriedad Napoleón Bonaparte, que se
va convirtiendo en un ídolo entre los sectores
progresistas. En Viena recibe clases del célebre
compositor Haydn(autor de 104 sinfonías) y de Salieri,
operista italiano.
Durante este período tuvo varios duelos musicales con
otros pianistas. El primero fue en 1792 durante un viaje
con la orquesta de la corte, en éste tocó con Franz
Sterkel, ejecutando obras de dicho compositor. En 1800,
ocurre el famoso duelo (en el palacio de Lobkowitz)
donde Daniel Steibelt lo reta a que tocasen juntos. En
dicha ocasión Beethoven tomó partituras de una obra de
éste modificándolas (al mismo tiempo que las iba
tocando) con tanta gracia, que Steibelt declaró que no
volvería a Viena mientras Beethoven viviera allí y
abandonó la ciudad, radicándose en Paris.
Con 25 años de edad da a conocer sus primeras obras
importantes: tres tríos para piano (Opus 1) y tres
sonatas para piano, entre éstas, la op. 13, “Patética”,
y la op. 27 Nº 2, “Claro de Luna”; además de lo
anterior, ofrece su primer concierto público como
compositor profesional. Viena acoge su música, en
especial la corte, la nobleza y la iglesia. Por esa
época se desliga de Haydn, con el que no concuerda
musicalmente pero a quien, a pesar de esto, dedica los
tres tríos. Secuencialmente recibe clases secretas de
Schenk y del organista de la corte Albrechtsberger; deja
de escribir para la nobleza y para la iglesia y se
establece como compositor independiente. Su música
inicial, fresca y ligera, cambia para convertirse en
épica y turbulenta, muy acorde con los tiempos
revolucionarios que vivía Europa.
Éxito y sufrimiento
(1802-1824)

Beethoven hacia 1804, en la época de la Sonata
Appassionata y de Fidelio. Decidido a « agarrar el
destino por el cuello », compuso en el periode de 1802 a
1812 una serie de obras brillantes y enérgicas
características de su estilo « heroico ».Muy pronto
Beethoven dejó de necesitar de los conciertos y
recitales de los salones de la corte para sobrevivir.
Los editores se disputaban sus obras; además, la
aristocracia austriaca, quizás avergonzada por la muerte
de Wolfgang Amadeus Mozart en la pobreza, le asignó una
pensión anual. Mientras, por un lado, había resuelto sus
necesidades económicas, por otro lado vivía asustado por
la pérdida de sus capacidades auditivas; debido a ello
se entregó a una febril actividad creadora, a la par de
sus penalidades personales producidas por dos desengaños
amorosos.
Beethoven no llegó a casarse nunca. Se le atribuyen
varios romances, sobre todo entre damas de la nobleza.
Quizá el gran amor de su vida fue Antonie von
Birkenstock, casada con Franz Brentano. A los 26 años
empezó a notar los síntomas de una sordera que más
adelante sería total. A pesar de ello siguió
componiendo, y las últimas obras fueron terminadas
cuando ya se había quedado completamente sordo. Cuando
Viena se enteró de su mal, el compositor recibió un
golpe en su orgullo y en su situación financiera: los
aristócratas no confiarían sus hijas a un sujeto huraño,
con fama de seductor y, además, sordo. En todo caso, fue
consolidando un círculo íntimo de amigos y admiradores.
La tragedia de su prematura sordera le causó un enorme
desánimo (“qué gran humillación experimentaba cuando
alguien estaba a mi lado oyendo desde lejos la flauta
mientras yo, por el contrario, no podía oír nada… tales
situaciones me llevaron al borde de la desesperación y
faltó muy poco para que acabara con mi vida. Sólo la
fuerza del arte me retuvo") agravado por la muerte de su
hermano y su decisión de acoger a su sobrino en contra
de la voluntad de su cuñada. En los años comprendidos
entre 1810 y 1820 dedicó gran parte de sus energías y su
tiempo a la batalla legal para ganar la custodia de su
sobrino Karl; al vencer en los tribunales, se dedicó a
su formación musical con falsas esperanzas. En esta
época su ritmo de composición menguó considerablemente.
En 1813 compuso su obra orquestal La Victoria de
Wellington en homenaje a la victoria sobre los ejércitos
napoleónicos en Vitoria. Después de 1815, Bonaparte es
definitivamente derrotado y el canciller austríaco
Metternich instaura un régimen policíaco para impedir
rebrotes revolucionarios. Beethoven fue una voz crítica
del régimen. En esta época su nombre era muy respetado
en el Imperio y en Europa Occidental, sobre todo en
Inglaterra. Pero el ascenso de Rossini y la ópera
italiana lo colocó en segundo plano.
Últimos años en Viena
(1824-1827)
Beethoven pasó los últimos años de su vida casi
totalmente aislado por la sordera, relacionándose
solamente con algunos de sus amigos a través de los
"cuadernos de conversación", que le sirvieron como medio
de comunicación. Su último gran éxito fue la Novena
Sinfonía, ejecutada en 1824. En los tres años finales se
dedicó a componer cuartetos de cuerda y la grandiosa
Missa Solemnis.
La salud del maestro decayó inexorablemente durante su
estancia en Gneixendorf, a pesar de los cuidados de su
familia. Su hermano Nikolaus recordaba: "Al almuerzo
comía únicamente huevos pasados por agua, pero después
bebía más vino, y así a menudo padecía diarrea, de modo
que se le agrandó cada vez más el vientre, y durante
mucho tiempo lo llevó vendado". Tenía edemas en los pies
y se quejaba continuamente de sed, dolores de vientre y
pérdida de apetito.
El 1 de diciembre de 1826 Beethoven y Karl parten para
Viena. La premura de la decisión determinó que
carecieran de un transporte adecuado y solamente pueden
conseguir un viejo carromato descubierto. El viaje
resulta terrorífico para una persona en el estado en que
se encontraba: Beethoven lleva ropa de verano y se ve
obligado a pasar la noche en una taberna de su mejor
amigo de la aldea donde la habitación no tenía
calefacción ni persianas que lo protegieran del frío.
Hacia la medianoche sufre un escalofrío febril y
comienza una tos seca acompañada de sed intensa y
fuertes dolores en los costados. Al maestro no se le
ocurre nada mejor que beber grandes cantidades de agua
helada que casi acaban con su vida. Sin embargo, logra
recuperarse de su crisis gracias a la atención del
doctor Wawruch y llegar a la capital.
El 20 de diciembre se le extrajeron fluidos abdominales.
Karl permaneció durante todo el mes a su lado hasta su
incorporación en enero a su regimiento. El joven se
había reconciliado totalmente con su tío tras el
lamentable episodio del suicidio: "Mi querido padre:
Vivo satisfecho y sólo me pesa verme separado de ti".
Cuando se difundió en Viena el estado terminal de
Beethoven, todos sus antiguos amigos que aún vivían
acudieron a su domicilio de la Schwarzspanierhaus para
expresarle sus deseos de una pronta recuperación, aunque
en realidad su propósito era despedirse del envejecido
genio.
A pesar de los cuidados de su médico y el cariño de sus
amigos, la salud del maestro empeora. El 20 de marzo
escribe: "Estoy seguro de que me iré muy pronto". Y el
23, entre los estertores del moribundo, su amigo
Schiller ("Oda a la alegría") exclama: "Aplaudid amigos,
comoedia finita est ("La comedia ha terminado"). Esa
misma tarde tomó la pluma para designar a su sobrino
Karl legatario de todos sus bienes.
Al día siguiente, 24 de marzo, Beethoven recibe la
extremaunción y la comunión según el rito católico. Cabe
señalar que las creencias personales de Beethoven fueron
muy poco ortodoxas y estuvieron más cercanas al
panteísmo. Esa misma tarde entra en coma para no volver
a despertar hasta dos días más tarde. Nikolaus Johann,
su cuñada y su admirador incondicional Hüttenbrenner no
se separan del lecho en los próximos dos días.
Hüttenbrenner relata los últimos momentos del genio:
"Permaneció tumbado, sin conocimiento, desde las 3 de la
tarde hasta las 5 pasadas. De repente hubo un relámpago,
acompañado de un violento trueno, y la habitación del
moribundo quedó iluminada por una luz cegadora. Tras ese
repentino fenómeno, Beethoven abrió los ojos, levantó la
mano derecha, con el puño cerrado, y una expresión
amenazadora, como si tratara de decir: " ¡Potencias
hostiles, os desafío!" Cuando dejó caer de nuevo la mano
sobre la cama, los ojos estaban ya cerrados..."
Asistieron al entierro más de 20.000 personas, entre las
que se encontraba Schubert, gran admirador suyo. En su
escritorio de trabajo se encontró el Testamento de
Heiligenstadt, redactado en 1802, en donde explica a sus
hermanos el porqué de su profunda amargura. También se
encontró una desgarradora carta de amor dirigida a su
“amada inmortal” a la que llama “mi ángel, mi todo, mi
yo”. La identidad de esta dama sigue generando
discusiones hasta el día de hoy, aunque la mayoría de
las tesis apuntan a la propia Antoine.
Recientemente se ha desatado cierta controversia sobre
las causas de la muerte. El análisis de un mechón de su
cabello dio como resultado la existencia de altas
concentraciones de plomo. Aparentemente Beethoven
ingería agua contaminada con plomo, que se extraía de un
arroyo campestre creyendo que tenía propiedades
curativas.
Obra

Sonata para piano Op. 109
En su prolífica trayectoria
musical, Beethoven dejó para la posteridad un importante
legado: nueve sinfonías, una ópera, dos misas, tres
cantatas, treinta y dos sonatas para piano, cinco
conciertos para piano, un concierto para violín, un
triple concierto para violín, violonchelo, piano y
orquesta, dieciséis cuartetos de cuerda, una gran fuga
para cuarteto de cuerdas, diez sonatas para violín y
piano, cinco sonatas para violonchelo y piano e
innumerables oberturas, obras de cámara, series de
variaciones, arreglos de canciones populares y bagatelas
para piano.
Sinfonías
Beethoven había cumplido los 30 años de edad cuando
presentó su Primera Sinfonía (Op. 21), fascinando a sus
contemporáneos por su frescura y originalidad. Mucho se
ha hablado de su original inicio, pues la obra arranca
con un acorde distinto a la tonalidad principal de do
mayor. En todo caso, ésta era una de las rúbricas del
viejo Haydn. En 1803 da a conocer la Segunda Sinfonía en
re mayor (Op. 36), cuya alegría contrasta con la
tristeza que vivía el autor. La influencia haydniana se
deja sentir en estas composiciones de juventud.
Dos años más tarde, Beethoven rompe todos los moldes
clásicos con su Tercera Sinfonía en mi bemol mayor (Op.
55). Esta sinfonía contiene una de las anécdotas más
interesantes de su vida: admirador de Napoleón, el
músico de Bonn le consideraba un liberador de los
privilegios de las coronas europeas, por lo que fue
bautizada originalmente "Bonaparte". Sin embargo, al
enterarse de la coronación de Napoleón como Emperador,
Beethoven tachó el encabezado y lo cambió por el nombre
definitivo: Heroica: en recuerdo de un gran hombre. Esta
sinfonía dura dos veces más que cualquier otra de la
época, la orquesta es más grande y los sonidos son
claramente anunciadores del Romanticismo. La obra se
compone de un primer movimiento (Allegro con brío) de
una duración aproximada de 20 minutos: hasta esa fecha
no se había compuesto un movimiento sinfónico tan
extenso. Del II movimiento, una "Marcha fúnebre" (Adagio
assai), se ha dicho que al enterarse de la muerte de
Napoleón, Beethoven comentó "Yo ya escribí música para
este triste hecho". El III movimiento es un agitado
Scherzo (Allegro vivace), en el que se recrea una escena
de caza; destaca el uso de las trompas. El "Finale"
(Allegro molto") evoca una escena de danza y es
apoteósico, con una gran exigenca de virtuosismo para la
orquesta.
La siguiente sinfonía es muy diferente... La Cuarta
Sinfonía en si bemol mayor (Op. 60), 1806 recupera la
frescura de sus dos primeras composiciones sinfónicas.
En el IV movimiento se muestra una de las
características del genio de Bonn: el virtuosismo que
demanda de los intérpretes. El Finale de la Cuarta es
muy exigente para el fagot. Esta sinfonía ha sido, según
algunos críticos, injustamente relegada al lado de sus
excepcionales antecesora y sucesora: La grácil criatura
griega en medio de dos gigantes germánicos.
En 1808, Ludwig Van compone la colosal Quinta Sinfonía (Op.
67). Esta sinfonía en Do menor destaca principalmente
por la construcción de los cuatro movimientos basados en
cuatro notas (tres corcheas y una negra), las cuales
abren la obra y retornan una y otra vez dando a la
sinfonía una extraordinaria unidad. Para el músico
significaban "la llamada del destino". El II movimiento
es un hermoso tema con variaciones. El III movimiento,
Scherzo, comienza misteriosamente y prosigue
salvajemente en los metales con una forma derivada de la
"llamada del destino"; un pasaje tejido por los
pizzicati de las cuerdas se encadena sin pausa con el
triunfal IV movimiento, Allegro. La Coda es memorable.
Los románticos admiraron mucho esta obra y las tres
corcheas con una negra del inicio (¿quién no las ha
escuchado?) son quizá la firma más personal de Beethoven.
Simultáneamente compuso la Sexta Sinfonía en fa mayor,
conocida como Pastoral (Op. 68). Es difícil imaginar dos
obras tan distintas: toda la fuerza y violencia de la
Quinta se convierten en dulzura y lirismo en la Sexta,
cuyos movimientos evocan escenas campestres. Es el mayor
tributo dado por Beethoven a una de sus grandes fuentes
de inspiración: la Naturaleza. Es también su única
sinfonía en 5 movimientos (todos con subtítulos: Escena
junto al arroyo, Animada reunión de campesinos, Himno de
los Pastores, etc.), tres de ellos encadenados (es
decir, que Beethoven elimina las habituales pausas entre
segmentos sinfónicos). Como nota curiosa señalemos que
Walt Disney ilustró esta obra en uno de los números de
su película Fantasía. Para los puristas fue un
sacrilegio añadir imágenes a la música beethoveniana.
La Séptima Sinfonía en La mayor (Op. 92) aparece en
1813; el sordo maestro se empecinó en dirigirla en su
estreno, con tragicómicos resultados. Pero la crítica
reconoció una nueva genialidad de Beethoven; aún hoy hay
expertos que la consideran como la mejor de sus
sinfonías. Richard Wagner, otro ferviente beethoveniano,
calificaría a la Séptima como la “apoteosis de la danza”
por su implacable ritmo dancístico y notable lirismo,
particularmente hondo en su célebre segundo movimiento.
Es una obra de gran potencia. Al año siguiente, 1814,
Beethoven concluye la Octava Sinfonía en Fa mayor (Op.
93), cuya brevedad (poco más de 20 minutos) no eclipsa
la compleja elaboración que a esta altura había dejado
patente. Es su sinfonía más alegre y desenfadada. Alguno
la ha llamado: "la Octava de Beethoven... y la última de
Haydn". La Octava parece un grato adiós al mundo
clásico, definitivamente superado por él. El genio
dejará pasar diez años para cerrar su ciclo sinfónico
con ua obra maestra total...
En 1824, por último, Beethoven se
consagra con su Novena Sinfonía “Coral” (Op. 125). Su
orquestación y duración es superior a la de la Heroica.
Fue la primera sinfonía en incorporar la voz humana en
un deslumbrante final para orquesta, 4 solistas y coro
mixto que cantan en alemán los versos de Friedrich von
Schiller: Alegría hermosa chispa divina,/ hija del
Eliseo,/ ebrios de entusiasmo entramos,/ ¡oh diosa! a tu
santuario... Esta obra, mundialmente famosa y objeto de
un sinfín de arreglos y versiones, ha sido declarada
recientemente Patrimonio Cultural de la Humanidad por la
UNESCO. El último movimiento de esta sinfonía fue
adoptado en 1972 por el Consejo de Europa como su himno
y en 1985 fue adoptado por los jefes de Estado y de
Gobierno europeos como himno oficial de la Unión
Europea.
Oberturas
Las 10 oberturas de Beethoven son piezas cortas que,
posteriormente, serían ampliadas y trabajadas para su
incorporación en obras mayores. En el fondo es música
compuesta para musicalizar ballets (Las criaturas de
Prometeo) y obras de teatro: Coriolano de Shakespeare,
Egmont de Goethe, etc. Se trata de composiciones
cerradas y uniformes que expresan emociones e ideas
llenas de heroísmo. El tema de la libertad está muy
presente en este apartado de la producción del músico de
Bonn. Por ejemplo, la obertura “Coriolano” (Op. 62)
ilustra musicalmente el drama homónimo de Shakespeare
basado en el héroe que tiene que escoger entre la
libertad de conciencia y su lealtad a las leyes
romanas;, “Leonora Nº 3” (Op. 72a), por su parte, es la
mejor de las cuatro oberturas escritas para la ópera “Fidelio”.
De idéntica valía son “Las Criaturas de Prometeo” (Op.
43) y “Egmont” (Op. 84), siendo esta última un buen
ejemplo de la típica composición “beethoveniana”, que se
puede definir como “música vigorosa que empieza de forma
fragmentaria, cobra un componente épico a medida que
avanza y finaliza en apoteosis”.
Conciertos
Video
Beethoven piano
concerto no 4 Rubinstein
Cada concierto de Beethoven es distinto, y en ello
radica gran parte de su encanto y atractivo para los
intérpretes y público. Beethoven desarrolla una
escritura pianística de gran virtuosismo (recordemos que
él mismo fue un gran virtuoso en su juventud). Quizá el
más famoso sea el Concierto para piano no. 5
“Emperador”, de 1809, en donde el virtuosismo y el
sinfonismo se combinan a la perfección. Es una
composición épica ("sinfonía con piano" la han llamado
algunos) que tiene un originalísimo arranque y soberbias
cadencias. El origen del sobrenombre del Concierto Nº 5
(Emperador) se debe a que durante una de sus
interpretaciones más tempranas, un soldado francés que
se encontraba en el público, maravillado por el
virtuosismo del concierto, se habría levantado gritando
"es el emperador", en alusión a Napoleón.
El Primer y Segundo Conciertos para piano destacan por
su concepción alegre, mientras que el Concierto para
piano Nº 3, de 1801, de tono serio, es de una amplitud y
calidad incomparables. Por su parte, el Concierto para
piano Nº 4, de 1808, apuesta por la profundidad lírica.
En cuanto a los conciertos en los que participan más
instrumentos, hay que señalar el Concierto para violín y
el Triple Concierto para violín, violonchelo, piano y
orquesta, en donde Beethoven sustituye el sinfonismo por
un entretenimiento muy del gusto de la época, dado a
resonancias algo exóticas: Rondó alla polacca es su
rítmico tercer movimiento.
El único Concierto para violín (que cuenta además con
una versión para piano) fue en su tiempo una obra
controvertida que atrajo poca atención en su estreno,
con el violinista Franz Clement en la parte solista. Fue
solo en 1850, de la mano del violinista Joseph Joachim,
amigo de Brahms, que el Concierto alcanzó notoriedad. La
explicación de esta demora en imponerse es lo complejo
de su interpretación, que hizo que pocos violinistas se
atreviesen a tocarlo por años, argumentando que la
participación del violín a la par con la orquesta les
restaba protagonismo, lo que se unía a la fuerte
exigencia de Beethoven. Hoy por hoy es una de las obras
cumbre del repertorio violinístico, consideradas como
los hitos que señalan la madurez que requiere un
violinista para hacer carrera internacional. Dentro de
esta categoría de obras para violín y orquesta deben
incluirse además dos breves Romanzas para violín y
orquesta.
Sonatas para piano
Sus 32 sonatas conforman el ciclo más extenso, complejo
y difícil de la historia del pianismo universal. En
ellas se manifiesta la personalidad revolucionaria y de
transición de Beethoven, y el compositor se sitúa como
el más destacado de la forma sonata del periodo
comprendido entre Clasicismo y Romanticismo. Fiel a la
forma sonata, el gran maestro se permite más de una
innovación: sonata de dos, cuatro o cinco movimientos,
temas con variaciones, fugas, scherzos, etc.
Estas sonatas presentan nuevas sonoridades, audaces
experimentos, y queda encerrado el mundo interior del
compositor y también el recién llegado lenguaje
expresivo de la revolución romántica. En la temprana
Patética, en la tempestuosa Appassionata, en la brusca y
laberíntica Hammerklavier, en las definitivas sonatas op.
110 y 111, se va llegando a las fronteras de la
exposición pianística, que serán alcanzadas en el op.120.
Beethoven fue uno de los compositores que más exigió a
los constructores de piano a mejorar la sonoridad y
resistencia de los pianofortes decimonónicos.
El inadecuado entrenamiento que tuvo Beethoven en sus
primeros años de estudios musicales se refleja en las
tres sonatas para piano escritas en 1783. El piano
súbito, los repentinos arranques, las figuras de
arpegios (ejecutadas a altas velocidades en varias
octavas de forma ascendente o descendente) conocidas
como los "cohetes de Mannheim", son características de
la personalidad musical y sentimental de Beethoven. Él
es el primero en usar el acorde de novena sin preparar,
y que se puede observar en el primer movimiento de su
sonata op. 27 N° 2 "Claro de Luna", dedicada a otro de
los grandes amores de su vida, la Condesa Giulietta
Guicciardi.
Las sonatas para piano de Beethoven transportaron la
música a un nuevo orden. En las del op. 2, se advierte
un aliento y un dominio estructural que rompían con la
elegancia dieciochesca. Después de 1800, Beethoven
empezó a desarrollar el género con proyecciones
románticas. La Sonata op. 22, en Si bemol mayor, es la
última sonata del primer período de composición, la cual
Beethoven declaró como su sonata preferida. La op. 26 en
La bemol (la primera que compuso desde el comienzo del
nuevo siglo), se abre con un tema lento con variaciones,
sigue con un scherzo temerario y vertiginoso, una marcha
fúnebre "a la muerte de un héroe" y concluye en un final
que es un torbellino. A ésta le siguieron las dos
sonatas Quasi una fantasía op. 27 (a la segunda se la
suele llamar Claro de Luna) que formalmente son
cualquier cosa, menos convencionales. Los siguientes
hitos de su composición pianística coincidieron con la
gran crisis que le produjo el agravamiento de su
sordera. La brillante Waldstein (el apellido del conde
dedicatorio, más conocida por Aurora en los países
hispanófonos) y la arrolladora Appasionata fueron de
concepción tan revolucionaria, que hasta el propio
Beethoven se abstuvo de escribir para piano solo,
durante algunos años. Pero la cima de su pianismo son
las cuatro últimas de las treinta y dos sonatas, desde
la Hammerklavier, hasta la op. 111 en Do menor, la
tonalidad de la que se valía para su música "Sturm und
Drang", como por ejemplo, su Quinta Sinfonía. Las
sonatas exigían un virtuosismo pianístico sin
precedentes hasta entonces y eran prácticamente
intocables en la época. Liszt fue quien demostró que era
"tocable".
En la categoría de obras para piano, el maestro compuso
composiciones cortas a las que llamó bagatelas. La más
famosa es la denominada Para Elisa que, pese a su corta
duración, es una de las más conocidas no sólo dentro de
la obra de Beethoven, sino de la música en general.
Ópera y música vocal
El genio de Beethoven se centró sobre todo en la música
orquestal, compaginándola con la música de cámara y para
piano. También intentó desarrollar obras vocales, aunque
con suerte muy diversa. Por ejemplo, su única ópera
escrita, “Fidelio”, revisada desde 1805 hasta 1814, fue
un fracaso el día de su estreno. El genial músico tuvo
que esperar hasta la primavera de 1814 (23 de mayo) para
ser aclamado entusiásticamente por un público
enfervorizado. La nueva versión representaba para el
público más que la recreación de los principios del
Iluminismo, como fue su primer objetivo en 1805, la
celebración de las victorias sobre Napoleón y como una
alegoría de la liberación de Europa. Fue entonces
cuando, ruborizado ante tales muestras de apoyo y cariño
del público, escribió en su libro de conversaciones: "Es
evidente que uno compone más bellamente cuando lo hace
para el gran público." Se trataba, sin duda, del mismo
compositor que había escrito nueve años atrás tras el
desastre de su primer Fidelio: "No compongo para la
galería, que se vayan todos al infierno."
Lo cierto es que Beethoven no mostraría particular
interés en escribir óperas. Un proyecto largamente
conversado con Goethe para transformar en ópera el
Fausto no llegaría jamás a concretarse por razones
desconocidas hasta hoy. Sin embargo, algunos autores,
basados principalmente en anotaciones del propio
Beethoven, han descrito algunas de sus sinfonías como
"óperas encubiertas"; tal carácter ha sido asignado
tanto a la "Sexta Sinfonía" como a la "Tercera
Sinfonía".
La celebrada Missa solemnis, escrita en 1818, su segunda
obra para la iglesia católica, es un canto de fe a Dios
y a la naturaleza del hombre. Es una de sus obras más
famosas, compuesta por encargo de su alumno, el
archiduque Rodolfo, nombrado en esa época arzobispo de
Olomouc.
La Missa solemnis provocó no pocos problemas a Beethoven.
La obra fue estrenada parcialmente junto con la Novena
sinfonía. La versión definitiva sólo sería conocida por
completo después de su muerte.
Otras obras corales de Beethoven son la Fantasía para
piano, coro y orquesta (Op. 80), la Misa en Do mayor (Op.
86), así como numerosos lieder, arias, coros y cánones,
un ciclo de melodías, una cantata y el oratorio Cristo
en el monte de los Olivos, en 1803.
Cuartetos de cuerda
Hablar del ciclo de los 17 cuartetos de cuerda
beethovenianos, es hablar posiblemente del ciclo
camerístico más trascendente de la historia musical. Hay
algunos críticos musicales que incluso opinan que este
género desarrollado por Beethoven es más representativo
que el de las sonatas para piano y el de las sinfonías.
Ciertamente, Beethoven murió componiendo cuartetos...
(eterno perfeccionista, los seguía revisando en el lecho
de muerte).
En los cuartetos hallamos una vez más el desarrollo de
Beethoven a través de sus "tres estilos": los primeros
cuartetos, fieles a Haydn, el segundo período dominado
por los llamados "Cuartetos Rusos", compuestos por
encargo del aristócrata Razumovski; pero los más
significativos son los seis finales, compuestos entre
1824 y 1827, es decir, correspondientes a la última
etapa, la algunas veces llamada "esotérica". La
importancia del género en Beethoven rebasa los límites
del Romanticismo, al grado de que sus últimas obras son
una genial anticipación estilística y técnica que habrá
de influir en Dmitri Shostakovich, Bela Bartók y en la
escuela dodecafónica austríaca de inicios del siglo XX;
los cuartetos nos muestran al Beethoven más profundo y
original. Es obligado un estudio a fondo de dicho ciclo
para comprender al Beethoven más revolucionario.
Cuartetos del primer período
El op. 18 constituye el
primer esfuerzo importante de Beethoven en este complejo
género musical y engloba 6 obras dedicadas a su maestro
Joseph Haydn: Aunque evidentemente aquí encontramos
todavía evidencias de los trabajos anteriores de Mozart
y Haydn, ya hay un deseo de mostrar la originalidad que
se verá plasmada en sus trabajos posteriores, como el
movimiento final del cuarteto no. 6 en Si bemol Mayor,
“La malinconia”, el cual es una introducción lenta que
casi rebasa los limites tonales para luego dar paso al
rondo concluyente.
Cuartetos del período intermedio
En el periodo medio, ya contemplamos a un Beethoven
maduro, plenamente consciente de su poderío como creador
y artista, así como en plena lucha contra la sordera.
La primera parte de este período medio se constituye con
el poderoso opus 59 "Razumovski", constituido por tres
cuartetos. Varios críticos musicales han tratado de ver
un ciclo en este grupo de piezas dedicadas al conde
Razumovski, el cual le proporcionó a Beethoven acceso a
diversas melodías rusas como motivo de inspiración,
aunque esto no condujo a una influencia definitiva. Hay
varios motivos para creer que el punto de vista cíclico
es cercano a la realidad, tomando en cuenta que el
primer movimiento del primer cuarteto es una especie de
síntesis de la forma sonata y que justamente el último
del tercero es una compleja fuga, la cual tiene
bastantes elementos de herencia con respecto al
movimiento final de la Sinfonía Júpiter, aunque el
desarrollo estilístico del cuarteto se hallan a años luz
más adelante de dicha sinfonía mozartiana.
Algunos comentarios
El prototipo del artista romántico, libre y rebelde
hasta el fin.
Beethoven corregía muchas veces sus obras, incluso
después de ser estrenadas. Su perfeccionismo era casi
obsesivo.
Seguía los esquemas propios de la época, pero
adaptándolos a su personalidad. Este camino le llevó a
un sendero que ningún otro músico había recorrido.
Su influencia en la música: de Schubert a Berlioz, de
Mendelssohn hasta Mahler y aún hoy... sigue vigente.
A Brahms le complacía que le llamen "La Tercera B
alemana". Las dos primeras eran, por supuesto, Bach y
Beethoven.
"El Partenón. La Capilla Sixtina. Las tragedias de
Shakespeare. Y las Nueve Sinfonías de Beethoven".
Alguien ha escrito: "¿puede haber acaso un nombre tan
musical como Beethoven?
"Este sordo escuchaba al infinito" (Víctor Hugo).
"Hizo estallar una carga tan profunda de pensamiento y
pasión que el mundo vibra todavía con la explosión" (Schlauffer).
Bibliografía
"Beethoven" Emil Ludwig, ISBN 84-261-1830-5.
Enciclopedia Salvat de los Grandes Compositores, Tomo 2:
Beethoven.
Películas sobre Beethoven
La amada inmortal (1994)
Copying Beethoven (2006)
Trailer de la
Película
HIMNO A LA ALEGRÍA
Escucha, hermano, la canción de la alegría;
el canto alegre del que espera un nuevo día.
VEN, CANTA, SUENA CANTANDO, VIVE SOÑANDO
EL NUEVO SOL EN QUE LOS HOMBRES VOLVERÁN
A SER HERMANOS.
Si en tu camino sólo existe la tristeza
y el llanto amargo de la soledad completa.
si es que no encuentras la alegría en esta tierra,
búscala, hermano, más allá de las estrellas.
VEN, CANTA, SUENA CANTANDO, VIVE SOÑANDO
EL NUEVO SOL EN QUE LOS HOMBRES VOLVERÁN
A SER HERMANOS.

Beethoven, 'ode To Joy' Choral From 9Th Symphony
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