Hospital Civil Miguel Otero



Nada queda de lo que perteneció al desaparecido Hospital Civil "Miguel Otero", venerable y legendario establecimiento de salud que por más de tres cuartos de siglo cumplió la noble misión de aliviar el dolor ajeno.
Hace mucho lo conocimos y aún lo tenemos presente con sus amplias instalaciones en una extensa área que comprendía lo que abarcan ahora el Centro de Salud y la Cruz Roja, por la Avenida Juárez, el Servicio Médico Legal, por la calle de Carlos Diez Gutiérrez y el Hospital Infantil, la Casa Hogar para Niñas y el Asilo de Ancianos, por la de 5 de Mayo.

La entrada principal por la Calzada, tenía la apariencia de una antigua hacienda… Subiendo las gradas, a la izquierda, se hallaba la Administración, al fondo, prados y espaciosos andadores que conducían a la que fue sala de distinción, la farmacia, la capilla, que quedó inconclusa, etc. Un peculiar olor a cloroformo lo invadía, con el que ya estaban familiarizados los estudiantes de Medicina y doctores, cuya profesión los hacía considerarlo como una prolongación de su propio hogar.

Los pisos eran de ladrillo muy deteriorados, salas extensas de grandes ventanales, muy ventiladas y limpias, pero se advertía en cualquier detalle, la sencillez y modestia en todo: mobiliario, camas, ropa.

Impresionaba el silencio y la austeridad, los enfermos hablaban en voz baja y eran manifestados la disciplina y respeto con que se dirigían al médico, que a su vez actuaba bajo las normas de estricto reglamento.

El cuerpo de enfermeras, por su experiencia en el manejo de los pacientes, adquiría conocimientos suficientes para desempeñar una labor práctica eficiente y eran el eje del movimiento del Hospital.

En la Administración, por mucho tiempo, prestaron sus servicios Mariquita Carillo y como conserje y velador don Pedro Arriaga, ambos conocieron a muchas generaciones de estudiantes, hasta doctorarse.

Como médicos legistas fungieron por mucho tiempo los doctores Miguel B. Reyes y Vicente Coronado, Manuel Castillo López, así como Joaquín Reynoso, que sigue al frente del Departamento Médico Legal.

En el ángulo que forman las calles de Carlos Diez Gutiérrez y 5 de Mayo, se hallaba instalado el anfiteatro, había varias planchas de granito, donde yacían en fragmentos los cadáveres en los cuales se hacían las disecciones en prácticas de cirugía y diseminados en el suelo otros restos humanos que databan de mucho tiempo de su fallecimiento.

La jornada de los médicos que impartieron cátedra en ese medio, como los alumnos de ese tiempo, fue dura, dentro de un ambiente ruinoso, tan pobre y sucio… Los sacrificios de aquellos hombres fueron como un ejemplo para muchos que en la actualidad lucran con el dolor humano y convierten la Medicina en un vulgar comercio, olvidándose del juramento de Hipócrates.

Antecedentes del Hospital Civil, nos dicen que a fines del siglo XIX, el ilustre médico don Miguel Otero y Arce, fundó el Asilo para niños y ancianos que funcionó por la calle de Negrete, al lado del templo de San José.

El Dr. Otero fue un acucioso investigador científico y por esta razón se despreocupó de su profesión y el Obispo don Ignacio Montes de Oca, por la vía de la compra adquirió el Asilo, que empezó a prestar servicio como Hospital, atendido por las Hermanas de la Caridad.

En el año 1914, siendo Gobernador substituto el Gral. Gabriel Gavira, en uso de sus facultades, dispuso que ese establecimiento se trasladara al edificio de la Avenida Juárez, despidiendo al personal y a las Hermanas de la Caridad, colocándonos en sitio especial la fotografía del Dr. Miguel Otero, fallecido en México.

Fungió en el año 1918 como Director del Hospital, el doctor Pedro Fuentes, quien antecedió en el puesto al doctor Arturo Guzmán, y entre los médicos de sala figuraron los doctores Laureano Martínez, José Méndez Macías, José María Quijano y otros que se caracterizaron como protectores de los estudiantes a quienes daban grandes facilidades para su aprendizaje en Medicina, cualquiera que fuera el año que cursaran y su condición económica.

Al frente de la farmacia se encontraba el profesor don Pascual García Peña, quien entregó el cargo, posteriormente, al profesor don Nereo Rodríguez Barragán, que más tarde fue designado Administrador del establecimiento.

El subsidio que percibía el Hospital entonces, era exiguo, teniendo bajo su atención de 180 a 200 enfermos. Sin embargo, se logró mejorar su alimentación.

En su última etapa, el Hospital Civil atravesó por una situación de pobreza conmovedora, pero alcanzó un sitio importante en la cirugía y la medicina, en la primera rama fueron maestros los galenos José Méndez Macías, Juan H. Sánchez, Ignacio Morones Prieto, Jesús Noyola y otros; en la segunda, los doctores José Martínez Castro, Enrique Anaya, Antonio de la Maza, etc.

Tuvo el hospital maestros altruistas y abnegados, quienes por la carencia, la mayor parte del tiempo, de los medicamentos necesarios, donaban agujas de raquea, anestesia y algodón para curaciones y demostraron en todo momento preocupación por el bienestar del enfermo que permanecía estoico, entre abismos de tedio, en el largo transcurrir del tiempo.

Impresionaba el toque de la campana, con la cual se llamaba al médico o al practicante de guardia para atender algún caso urgente, haciéndonos pensar en una vida a punto de escaparse, a cuyo rescate se encaminaban.
 
 

 

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