EL VIEJO INFOLIO

por Federico Monjarás Romo de "Del San Luís que se va"

 


Para los que conocimos en otros tiempos el viejo expendio de libros usados "El Infolio" de don Francisco del Prado, nos es fácil recordar su ubicación por el encrucijado rumbo del "El Rebote", en la antigua calle "Del Panal", ahora de Maclovio Herrera.

Eran los días aquellos cuando transcurría la temporada en que cursábamos la Preparatoria como universitarios y los estudiantes de limitadas posibilidades económicos, encontrábamos en ese modesto establecimiento los libros que necesitábamos a un costo razonable, ya que esos mismos textos, que eran adquiridos por alumnos de mayores recursos en la "Librería Española", iban a parar allí.

Conocíamos bien el recorrido que teníamos que hacer para llegar a la calle "Del Panal", la que por el constante ir y venir de familias del medio rural al "Mercado de las Ollas" o "Plaza de los Zueleros", no dejaba de mostrar un "tic" pueblerino, pero conservaba su aire de discreta intimidad y "El Infolio" parecía darle cierto toque cultural, ya que hasta allí llegaban no pocos intelectuales, entre los cuales vimos al historiador don Francisco Sustaita, a los profesores y bardos José Ciriaco Cruz y Rafael Otero, a los escritores Rodolfo Carlos Elías y Vereo Guzmán, al poeta Agustín Rentería Medina, a los cuentistas Jesús C. Pérez y Jorge Murphy y otros más, que iban seguros de encontrar un libro de consulta, una obra literaria, etc., en recóndito sitio de los empolvados estantes impregnados de olor a humedad.

Y así "El Infolio" es una que otra ocasión, se constituyó más que en un local de compra - venta de libros de segunda mano, en lugar de reunión de gente de letras que allí coincidía y se comentaba todo lo que interesaba a personas ilustradas, más cuando alguien descubría sobre los anaqueles, entre los volúmenes en completo desorden, muchos ya descuadernados careciendo de pastas, una obra antiquísima que jamás volvió a editarse… y, en promiscuidad, permanecían una "Historia General" de Justo Sierra, al lado de "La Casa de las Locas" de Xavier Montepín, precursor de las novelas policíacas y "Pequeñeces" del Padre Coloma, teniendo encima alguno de los novelones de Vargas Vila.

Por nuestra parte, allí nos hicimos de las que eran novelas obligadas para todo estudiante: "La Casa de la Troya", de Alejandro Pérez Lugín; "Los Pardaillán y sus Aventuras", de Michel de Zévaco; "Los tres Mosqueteros", de Alejandro Dumas (padre); "Plenitud", de Amado Nervo, y otras… Pero, desafortunadamente, pese a nuestra afanosa búsqueda, jamás logramos localizar un libro, de autor desconocido para nosotros, que contenía la biografía de Juan de Dios Aziós , nativo de Matehuala, a quien se le atribuían poderes de clarividente al realizar sorprendentes pronósticos y que a su muerte, en la segunda mitad del anterior siglo, siendo sepultado en el templo de San Juan de Dios, por gestiones de la aristocrática y acaudalada dama doña Mercedes Sosa… Enterándonos posteriormente, que el historiador don Primo Feliciano Velázquez, poseía ese libro y lo obsequió al periodista Francisco Salazar Hernández.
No olvidamos que con gran emoción encontramos, entre las pilas de libros, muchos perforados por la polilla del tiempo. "Periodismo", del académico don Teodoro Torres; "Breve Historia de México", de Roberto de la Cerda; "Epistolario de Ipandro Acaico", de Monseñor Joaquín Antonio Peñalosa, y el de muy reciente aparición entonces, "Romances", con poemas de Miguel Álvarez Acosta.

Don Pancho del Prado, de "El Infolio", era ampliamente conocido entre el gremio estudiantil, por las constantes operaciones comerciales en su ramo…
Lo tenemos muy presente cuando regateábamos con él la compra de algún libro o la venta de otros, de los cuales nos queríamos deshacer… Finalmente siempre transigía.

Llevábamos a venderle entre varios estudiantes, hasta media docena de ejemplares, algunos de ellos que habían pertenecido a "Igorrotes", alumnos del primer año: La Botánica de Orestes Cendreros; la Perrier, que sus dueños habían dejado perder, estando empeñados en el puesto de "Raspas" de Pancho "El Cristo" o con "Chayín" el bolero, rescatándolos a precios de regalo, para después obtener una doble o triple ganancia en "El Infolio".
José Francisco Pedraza, abogado e historiador, entonces alumno universitario también, invoca: "historias de juventud… El alma estudiantil se difunde con los recuerdos que pasan; con el libro bajo el brazo, paisajes persistentes, memorias de aquellas mañanas de inquietud cuando se aproximaban los exámenes"…
Pasando un tempo a nuestro regreso de una de tantas estadías fuera de San Luis, advertimos la desaparición de "El Infolio". Don Pancho seguramente había faltado ya… Después se instalaron estanquillos por la calle de Juan Sarabia y en el Mercado Hidalgo, con venta de libros y revistas usados, así como alquiler de novelas ilustradas, que han alcanzado exagerada difusión y de las cuales, jamás hemos leído una sola completa, aunque sí llegábamos a escribir varias los periodistas Adolfo de Alba, Juan Sánchez Sosa y el suscrito, que fueron publicadas en México, pero exentas en absoluto de temas procaces y pornografía; eso sí, cuidando que no perdiera interés la tensión argumental.
La calle "Del Panal" últimamente ha sido objeto de una transformación total, adquiriendo una fisonomía distinta el rumbo, pero a pesar de ello, algo nos hace recordar "El Infolio" y los días estudiantiles que quedaron atrás.