A toda hora del día y parte de la noche, había animación en el Casino…

En las mesas, algunos asistentes jugaban dominó, y otros, al billar, sostenían partidos de "pool" o carambola… Hombres maduros, otros ya mayores, jóvenes… de todo. Cuando se ha entrado de lleno en la vida, la edad sabe poco de diferencias.

De los cigarros y puros que se consumían, se alzaban copiosas columnas de humo, que al final, se esfumaban en el techo.

A través de las persianas, desde el interior, se miraba hacia fuera el jardín de San Juan de Dios al oriente, y la calle de Los Bravo al sur.

Ocupaba el Casino la planta baja de un edificio grande de dos pisos, de tipo antiguo con balcones y era común que en la esquina de la calle, en marcos especiales, se fijara propaganda de espectáculos.

Detrás de un gran mostrador de madera, al fondo se veía en chaleco y con su imprescindible "carrete" a don Roberto Chávez, propietario del popular: centro recreativo "Montecarlo", lugar habitual de reunión de estudiantes, periodistas, funcionarios públicos, empleados del comercio, ferrocarrilero, etc.

En el ángulo interior del gran salón, sobre una plataforma, un conjunto musical compuesto de piano y batería, dirigido por León Beltrán "El Pizarrín", interpretaba las románticas melodías de moda entonces: "Monísima Mujer", de Agustín Lara; "Dime" de Gonzalo Curiel: "No Niegues que me Quisiste", de Jorge del Moral: "Ann Harding", de Espinosa de los Monteros, y otras.

La presencia de los galanes de aquel tiempo se hacía notar, principalmente los domingos, en que se veía más concurrido al medio día, después de la "Matinée" en la Plaza de Armas. Era la moda del sombrero "canotier", saco azul marino, pantalón blanco de franela americana y zapatos combinados; atuendo que se tomaba como modelo de bien vestir en el verano.

Las horas transcurrían una tras otra; de continuo entraban y salían vendedores de billetes de lotería, voceadores, boleros, y sentados en las butacas al derredor del local, personas de rostro formal hojeando la edición del día del periódico "Acción" fechado en el año de 1935.

Entre la concurrencia eran asiduos los aficionados al deporte, que hacían trascender hasta ahí la versión sobre los resultados de los encuentros del Campeonato Nacional de Basquetbol en la Cancha San Luis, por la calle de Madero, tomando parte Luis Nacho de la Vega, José Pamplona, "El Muerto" Rivera, Felipe Pierdán "El Hueso" Puyou, Felipe Díaz "Moby Dick", y otros, de los cuales, los dos primeros formaron parte de la Selección Nacional que integró la delegación mexicana de compitió en la Olimpiada de Berlín, Alemania, en el año de 1936… Otros comentaban sus proezas practicando en el salón de patinar del "Tívoli" de San Francisco, de don Panchito Alonso, que en ese tiempo se constituyó en el lugar preferido de las chicas y jóvenes de aquella época… Se ponderaban también los vuelos nocturnos en avioneta, del capitán piloto aviador Severiano Pulido Ortiz, la sensación entonces.
De vez en cuando interrumpía el diálogo de los contertulios, el ruido del motor de alguno de los primeros autobuses del servicio urbano que cruzaba la esquina, o de los coches del Sitio de San Juan de Dios, de Catarino Gasca, instalado en el costado sur del mismo jardín.

No faltaban al casino, en ocasiones algunos de los integrantes del grupo formado por Juan M. López, Luis Chessal, Rodolfo Mendiolea, Juan Muñiz Silva, Sergio F. López, Juventino Alvarado, Luis Noyola Vázquez, Emiliano Sánchez, Juan Alberto Gaytán, Manuel Reyna y otros, del que despuntaban escritores, músicos, poetas, pintores, escultores, dibujantes, periodistas, etc., los que, unidos por idéntica escuela espiritual, formaban una hermandad bohemia.

Al recorrer el rumbo, se pasaba por algunos bares y cafés, entre ellos la cantina de don Paulino Murillo, contra esquina del Casino; más adelante, por la misma acera, el restaurante "Mitla", de don José Izar; el Café de Luis Choy en la Plaza Escontría, el merendero y nevería "Edén" en la esquina noreste del propio Jardín Escobedo, propiedad de don Santiago Ibáñez, y borrando el recuerdo de otros sitios cercanos, se volvía al punto de partida.
A la salida de los funciones de los cines, hacían escala en el "Montecarlo" alguno de los concurrentes a ellas o a las del Teatro de la Paz, donde actuaba con mucha frecuencia el "Cuadro Artístico Potosino", dirigido por Raúl G. Mata, Sara y Lucy Jones, Gilberto Navarro, Benjamín Palau y otros aficionados de aquel tiempo.
Entrada la noche, la claridad de las lámparas del salón se derramaba hacia el exterior, iluminando incógnitas figuras a su paso por la calle en calma, mientras se acrecentaban, por momentos, la algarabía y el bullicio en el Casino.

 



 

 

Música "Dime que si" Hugo Avendaño