BAZAR

por Federico Monjarás Romo de "Del San Luís que se va"

 


Reliquias, que son recuerdos patentes de una deslumbrante vida social que transcurrió en San Luis en épocas pretéritos, se hallan contenidas en el Bazar ubicado en la Avenida Venustiano Carranza número 700 "E".
Dentro de ese relicario, ante tantos objetos artísticos en venta, nuestra fantasía se desborda, nos parece que cada cosa tiene un significado evidente, alma propia.

Ahí rememoran, con sentido oculto, épocas de esplendor… Evocan en su quietud un pasado fastuoso en residencias suntuosas, donde sus moradores, sabiendo valorarlos, ponían de manifiesto su exquisito buen gusto.

El bazar de antigüedades, propiedad de don Rafael Gómez del Campo, debe su éxito al acierto en la selección de objetos que adquiere para ofrecerlos a un público de gusto refinado, escrupuloso y conocedor, que no sólo sabe distinguir una obra de mérito antiguo; una pieza que por la calidad de su material, lleva implícito su valor intrínseco o un objeto artístico que deja ver que su autor, al concebirlo, en él volcó su alma.

Dicen que el recuerdo y la mente sentimental, son fuentes de mito para el presente y el pasado… Al visitar ese museo, nos hace conjugar la vida transcurrida de quienes en su tiempo fueron poseedores de tan valiosos objetos: vajillas, piezas de cristal cortado, candiles de Bacarat, de Murano; escritorios de cortina, camas de latón, esculturas sacras del tiempo de la Colonia, cuadros al óleo, tibores, sables, fonógrafos y un salterio, cuyo eco musical nos hace recordar lo que hemos vivido.

Un tintero antiguo transporta nuestra imaginación al personaje que lo usó quién sabe cuántas décadas atrás. Permanece intacto y en su quietud tal vez rememore lo que para nosotros sea ya una época muerta.

Dentro de una vitrina se halla colocada una vajilla de Limoges, con dedicatoria de mayo de 1867, por el Emperador de México, Maximiliano de Hasburgo, o de doña Virginia Garza de Méndez, esposa del General Ramón Méndez, quien por sus crueles hazañas, a la caída del Imperio, fue pasado por las armas en Querétaro, sin consejo de guerra.

En un cuadro al óleo vemos reproducida la efigie de doña Teodora Espinosa Vda. de Cabrera, estoica dama, que en su destino contradictorio, dos de sus hijos tomaron ideologías distintas, Jorge de la Cruz Cabrera, militar, con grado de Coronel, combatió por sostener la dictadura porfirista y Víctor M. Monjarás, nacido en segundas nupcias, luchó con los precursores de la Revolución, al lado de Juan Sarabia, compartiendo con él, en la Penitenciaría del Estado, los riegos del cautiverio.

Lucen su esplendor, espejos franceses estilo Luis XV, que ornamentaron la residencia del poeta potosino Manuel José Othón.

Cada uno de esos objetos tiene historia… ¿Cuántas confidencias melancólicas arrancaríamos de su recóndita biografía?
Todo es interesante. La avenida donde se ubica el Bazar, originalmente llevó el nombre de Calle Real de Tequisquiapan: después calle de Maltos, luego avenida Carlos Diez Gutiérrez, más tarde Centenario, posteriormente avenida Alberto Carrera Torres, que desapareció para llevar el actual de Venustiano Carranza.

La finca donde se halla instalado, va a tono con su contenido. Perteneció al Convento de las Madres de la Cruz. Estructura de gruesos muros monásticos, ventanales enrejados… Y en nuestra ficción, todo se combina presentando un escenario alucinante… ¡Campo de soledad poblado de espectros luminosos!

 

 

Carranza 700