El Plan de San Luis Potosí fue un
plan promulgado por el líder político mexicano Francisco
I. Madero, presidente del Partido Nacional
Antirreeleccionista, desde San Antonio, Texas. Fue
promulgado en Texas ya que Madero había huido de la
prisión de San Luis Potosí tras ser encarcelado por el
General Porfirio Díaz (presidente de México).
El plan consistía en un llamado al pueblo mexicano a
levantarse en armas, desconociendo la reelección de Díaz
en el cargo, anulando las recientes elecciones y
convocando a nuevos comicios. Además declaraba la no
reelección como un principio supremo para México. La
fecha para dar inicio al levantamiento fue el 20 de
noviembre de 1910, a las seis de la tarde.
Muy pronto llegaron a la Ciudad de México las copias del
Plan de San Luis y el 18 de noviembre de 1910 fue
descubierta una conspiración contra Díaz en la ciudad de
Puebla. Esa conjura estaba dirigida por Aquiles Serdán,
quien fue asesinado por la policía.
Sin embargo, la rebelión desatada por Madero provocó la
renuncia de Porfirio Díaz en 1911, la ascensión al poder
de Madero así como la Revolución Mexicana, que duraría
alrededor de una década y cobraría la vida de un número
significativo de mexicanos.
Plan de San Luis Potosí
Los pueblos, en su esfuerzo constante porque triunfen
los ideales de libertad y justicia, se ven precisados en
determinados momentos históricos a realizar los mayores
sacrificios.
Nuestra querida Patria ha llegado a uno de esos
momentos: una tiranía que los mexicanos no estábamos
acostumbrados a sufrir, desde que conquistamos nuestra
independencia, nos oprime de tal manera, que ha llegado
a hacerse intolerable.
En cambio de esta tiranía se nos ofrece la paz , pero es
una paz vergonzosa para el pueblo mexicano, porque no
tiene por base el derecho, sino la fuerza; porque no
tiene por objeto el engrandecimiento y prosperidad de la
Patria , sino enriquecer un pequeño grupo que, abusando
de su influencia, ha convertido los puestos públicos en
fuente de beneficios exclusivamente personales,
explotando sin escrúpulos las concesiones y contratos
lucrativos.
Tanto el poder Legislativo como el Judicial están
completamente supeditados al Ejecutivo; la división de
los poderes, la soberanía de los Estados, la libertad de
los Ayuntamientos y los derechos del ciudadano sólo
existen escritos en nuestra Carta Magna; pero, de hecho,
en México casi puede decirse que reina constantemente la
Ley Marcial ; la justicia, en vez de impartir su
protección al débil, sólo sirve para legalizar los
despojos que comete el fuerte; los jueces, en vez de ser
los representantes de la Justicia , son agentes del
Ejecutivo, cuyos intereses sirven fielmente; las cámaras
de la Unión no tienen otra voluntad que la del Dictador;
los gobernadores de los Estados son designados por él y
ellos a su vez designan e imponen de igual manera las
autoridades municipales.
De esto resulta que todo el engranaje administrativo,
judicial y legislativo obedecen a una sola voluntad, al
capricho del general Porfirio Díaz, quien en su larga
administración ha demostrado que el principal móvil que
lo guía es mantenerse en el poder y a toda costa.
Hace muchos años se siente en toda la República profundo
malestar, debido a tal régimen de Gobierno; pero el
general Díaz, con gran astucia y perseverancia, había
logrado aniquilar todos los elementos independientes, de
manera que no era posible organizar ninguna clase de
movimiento para quitarle el poder de que tan mal uso
hacía. El mal se agravaba constantemente, y el decidido
empeño del general Díaz de imponer a la Nación un
sucesor, y siendo éste el señor Ramón Corral, llevó ese
mal a su colmo y determinó que muchos mexicanos, aunque
carentes de reconocida personalidad política, puesto que
había sido imposible labrársela durante 36 años de
Dictadura, nos lanzáramos a la lucha, intentando
reconquistar la soberanía del pueblo y sus derechos en
el terreno netamente democrático.
Entre otros partidos que tendían al mismo fin, se
organizó el Partido Nacional Antirreeleccionista
proclamando los principios de SUFRAGIO EFECTIVO Y NO
REELECCIÓN, como únicos capaces de salvar a la República
del inminente peligro con que la amenazaba la
prolongación de una dictadura cada día más onerosa, más
despótica y más inmoral.
El pueblo mexicano secundó eficazmente a ese partido y,
respondiendo al llamado que se le hizo, mandó a sus
representantes a una Convención, en la que también
estuvo representado el Partido Nacional Democrático, que
asimismo interpretaba los anhelos populares. Dicha
Convención designó sus candidatos para la Presidencia y
Vicepresidencia de la República , recayendo esos
nombramientos en el señor Dr. Francisco Vázquez Gómez y
en mí para los cargos respectivos de Vicepresidente y
Presidente de la República.
Aunque nuestra situación era sumamente desventajosa
porque nuestros adversarios contaban con todo el
elemento oficial, en el que se apoyaban sin escrúpulos,
creímos de nuestro deber, para servir la causa del
pueblo, aceptar tan honrosa designación. Imitando las
sabias costumbres de los países republicanos, recorrí
parte de la República haciendo un llamamiento a mis
compatriotas. Mis giras fueron verdaderas marchas
triunfales, pues por donde quiera el pueblo, electrizado
por las palabras mágicas de SUFRAGIO EFECTIVO Y NO
REELECCIÓN, daba pruebas evidentes de su inquebrantable
resolución de obtener el triunfo de tan salvadores
principios. Al fin, llegó un momento en que el general
Díaz se dio cuenta de la verdadera situación de la
República y comprendió que no podía luchar
ventajosamente conmigo en el campo de la Democracia , y
me mandó reducir a prisión antes de las elecciones, las
que se llevaron a cabo excluyendo al pueblo de los
comicios por medio de la violencia, llenando las
prisiones de ciudadanos independientes y cometiendo los
fraudes más desvergonzados.
En México, como República democrática, el poder público
no puede tener otro origen ni otra base que la voluntad
nacional, y ésta no puede ser supeditada a fórmulas
llevadas a cabo de un modo fraudulento.
Por este motivo el pueblo mexicano ha protestado contra
la ilegalidad de las últimas elecciones; y queriendo
emplear sucesivamente todos los recursos que ofrecen las
leyes de la República en la debida forma, pidió la
nulidad de las elecciones ante la Cámara de Diputados, a
pesar de que no reconocía al dicho cuerpo un origen
legítimo y de que sabía de antemano que, no siendo sus
miembros representantes del pueblo, sólo acatarían la
voluntad del general Díaz, a quien exclusivamente deben
su investidura.
En tal estado las cosas, el pueblo, que es el único
soberano, también protestó de un modo enérgico contra
las elecciones en imponentes manifestaciones llevadas a
cabo en diversos puntos de la República , y si éstas no
se generalizaron en todo el territorio nacional fue
debido a terrible presión ejercida por el gobierno, que
siempre ahoga en sangre cualquiera manifestación
democrática, como pasó en Puebla, Veracruz, Tlaxcala,
México y otras partes.
Pero esta situación violenta e ilegal no puede subsistir
más.
Yo he comprendido muy bien que si el pueblo me ha
designado como su candidato para la Presidencia , no es
porque haya tenido la oportunidad de descubrir en mí las
dotes del estadista o de gobernante, sino la virilidad
del patriota resuelto a sacrificarse, si es preciso, con
tal de conquistar la libertad y ayudar al pueblo a
librarse de la odiosa tiranía que lo oprime.
Desde que me lancé a la lucha democrática sabía muy bien
que el general Díaz no acataría la voluntad de la Nación
, y el noble pueblo mexicano, al seguirme a los
comicios, sabía también perfectamente el ultraje que le
esperaba; pero a pesar de ello, el pueblo dio para la
causa de la Libertad un numeroso contingente de mártires
cuando éstos eran necesarios, y con admirable estoicismo
concurrió a las casillas a recibir toda clase de
vejaciones.
Pero tal conducta era indispensable para demostrara)
mundo entero que el pueblo mexicano está apto para la
democracia, que está sediento de libertad, y que sus
actuales gobernantes no responden a sus aspiraciones.
Además, la actitud del pueblo antes y durante las
elecciones, así como después de ellas, demuestra
claramente que rechaza con energía al Gobierno del
general Díaz y que, si se hubieran respetado esos
derechos electorales, hubiese sido yo electo para la
Presidencia de la República.
En tal virtud, y haciéndome eco de la voluntad nacional,
declaro ilegales las pasadas elecciones, y quedando
portal motivo la República sin gobernantes legítimos,
asumo provisionalmente la Presidencia de la República ,
mientras el pueblo designa conforme a la ley sus
gobernantes. Para lograr este objeto es preciso arrojar
del poder a los audaces usurpadores que por todo título
de legalidad ostentan un fraude escandaloso e inmoral.
Con toda honradez declaro que consideraría una debilidad
de mi parte y una traición al pueblo que en mí ha
depositado su confianza no ponerme al frente de mis
conciudadanos, quienes ansiosamente me llaman, de todas
partes del país, para obligar al general Díaz, por medio
de las armas, a que respete la voluntad nacional.
El Gobierno actual, aunque tiene por origen la violencia
y el fraude, desde el momento que ha sido tolerado por
el pueblo, puede tener para las naciones extranjeras
ciertos títulos de legalidad hasta el 30 del mes
entrante en que expiran sus poderes; pero como es
necesario que el nuevo gobierno dimanado del último
fraude no pueda recibirse ya del poder, o por lo menos
se encuentre con la mayor parte de la Nación protestando
con las armas en la mano, contra esa usurpación, he
designado el DOMINGO 20 del entrante noviembre para que
de las seis de la tarde en adelante, en todas las
poblaciones de la República se levanten en armas bajo el
siguiente
PLAN
lº Se declaran nulas las elecciones para Presidente y
Vicepresidente de la República , Magistrados a la
Suprema Corte de la Nación y Diputados y Senadores,
celebradas en junio y julio del corriente año.
2° Se desconoce al actual Gobierno del general Díaz, así
como a todas las autoridades cuyo poder debe dimanar del
voto popular, porque además de no haber sido electas por
el pueblo, han perdido los pocos títulos que podían
tener de legalidad, cometiendo y apoyando, con los
elementos que el pueblo puso a su disposición para la
defensa de sus intereses, el fraude electoral más
escandaloso que registra la historia de México.
3° Para evitar hasta donde sea posible los trastornos
inherentes a todo movimiento revolucionario, se declaran
vigentes, a reserva de reformar oportunamente por los
medios constitucionales aquellas que requieran reformas,
todas las leyes promulgadas por la actual administración
y sus reglamentos respectivos, a excepción de aquellas
que manifiestamente se hallen en pugna con los
principios proclamados en este Plan. Igualmente se
exceptúan las leyes, fallos de tribunales y decretos que
hayan sancionado las cuentas y manejos de fondos de
todos los funcionarios de la administración porfirista
en todos los ramos; pues tan pronto como la revolución
triunfe, se iniciará la formación de comisiones de
investigación para dictaminar acerca de las
responsabilidades en que hayan podido incurrir los
funcionarios de la Federación , de los Estados y de los
Municipios.
En todo caso serán respetados los compromisos contraídos
por la administración porfirista con gobiernos y
corporaciones extranjeras antes del 20 del entrante.
Abusando de la ley de terrenos baldíos, numerosos
pequeños propietarios, en su mayoría indígenas, han sido
despojados de sus terrenos, por acuerdo de la Secretaría
de Fomento, o por fallos de los tribunales de la
República. Siendo de toda justicia restituir a sus
antiguos poseedores los terrenos de que se les despojó
de un modo tan arbitrario, se declaran sujetas a
revisión tales disposiciones y fallos y se les exigirá a
los que los adquirieron de un modo tan inmoral, o a sus
herederos, que los restituyan a sus primitivos
propietarios, a quienes pagarán también una
indemnización por los perjuicios sufridos. Sólo en caso
de que esos terrenos hayan pasado a tercera persona
antes de la promulgación de este Plan, los antiguos
propietarios recibirán indemnización de aquellos en cuyo
beneficio se verificó el despojo.
4° Además de la Constitución y leyes vigentes, se
declara Ley Suprema de la República el principio de NO
REELECCIÓN del Presidente y Vicepresidente de la
República , de los Gobernadores de los Estados y de los
Presidentes Municipales, mientras se hagan las reformas
constitucionales respectivas.
5° Asumo el carácter de Presidente Provisional de los
Estados Unidos Mexicanos con las facultades necesarias
para hacer la guerra al Gobierno usurpador del general
Díaz.
Tan pronto como la capital de la República y más de la
mitad de los Estados de la Federación estén en poder de
las fuerzas del Pueblo, el Presidente Provisional
convocará a elecciones generales extraordinarias para un
mes después y entregará el poder al Presidente que
resulte electo, tan luego como sea conocido el resultado
de la elección.
6° El Presidente Provisional, antes de entregar el
poder, dará cuenta al Congreso de la Unión del uso que
haya hecho de las facultades que le confiere el presente
Plan.
7° El día 20 de noviembre, desde las seis de la tarde en
adelante, todos los ciudadanos de la República tomarán
las armas para arrojar del poder a las autoridades que
actualmente gobiernan. Los pueblos que estén retirados
de las vías de comunicación lo harán desde la víspera.
8° Cuando las autoridades presenten resistencia armada,
se les obligará por la fuerza de las armas a respetar la
voluntad popular, pero en este caso las leyes de la
guerra serán rigurosamente observadas, llamándose
especialmente la atención sobre las prohibiciones
relativas a no usar balas explosivas ni fusilar a los
prisioneros. También se llama la atención respecto al
deber de todo mexicano de respetar a los extranjeros en
sus personas e intereses.
9° Las autoridades que opongan resistencia a la
realización de este Plan serán reducidas a prisión para
que se les juzgue por los tribunales de la República
cuando la revolución haya terminado. Tan pronto como
cada ciudad o pueblo recobre su libertad, se reconocerá
como autoridad legítima provisional al principal jefe de
las armas, con facultad de delegar sus funciones en
algún otro ciudadano caracterizado, quien será
confirmado en su cargo o removido por el Gobierno
Provisional.
Una de las principales medidas del Gobierno Provisional
será poner en libertad a todos los presos políticos.
10° El nombramiento de Gobernador Provisional de cada
Estado que haya sido ocupado por las fuerzas de la
revolución será hecho por el Presidente Provisional.
Este Gobernador tendrá estricta obligación de convocar a
elecciones para Gobernador Constitucional del Estado,
tan pronto como sea posible, a juicio del Presidente
Provisional. Se exceptúan de esta regla los Estados que
de dos años a esta parte han sostenido campañas
democráticas para cambiar de gobierno, pues en éstos se
considerará como Gobernador provisional al que fue
candidato del pueblo siempre que se adhiera activamente
a este Plan.
En caso de que el Presidente Provisional no haya hecho
el nombramiento de Gobernador, que este nombramiento no
haya llegado a su destino o bien que el agraciado no
aceptara por cualquiera circunstancia, entonces el
Gobernador será designado por votación de todos los
Jefes de las armas que operen en el territorio del
Estado respectivo, a reserva de que su nombra miento
sea ratificado por el Presidente Provisional tan pronto
como sea posible.
11° Las nuevas autoridades dispondrán de todos los
fondos que se encuentren en todas las oficinas públicas
para los gastos ordinarios de la administración; para
los gastos de la guerra, contratarán empréstitos
voluntarios o forzosos. Estos últimos sólo con
ciudadanos o instituciones nacionales. De estos
empréstitos se llevará una cuenta escrupulosa y se
otorgarán recibos en debida forma a las interesados a
fin de que al triunfar la revolución se les restituya lo
prestado.
Transitorio. A. Los jefes de las fuerzas voluntarias
tomarán el grado que corresponda al número de fuerzas a
su mando. En caso de operar fuerzas voluntarias y
militares unidas, tendrá el mando de ellas el mayor de graduación, pero en caso de que ambos jefes tengan el
mismo grado, el mando será del jefe militar.
Los jefes civiles disfrutarán de dicho grado mientras
dure la guerra, y una vez terminada, esos nombramientos,
a solicitud de los interesados, se revisarán por la
Secretaría de Guerra, que los ratificará en su grado o
los rechazará, según sus méritos.
B. Todos los jefes, tanto civiles como militares, harán
guardar a sus tropas la más estricta disciplina, pues
ellos serán responsables ante el Gobierno Provisional de
los desmanes que cometan las fuerzas a su mando, salvo
que justifiquen no haberles sido posible contener a sus
soldados y haber impuesto a los culpables el castigo
merecido.
Las penas más severas serán aplicadas a los soldados que
saqueen alguna población o que maten a prisioneros
indefensos.
C. Si las fuerzas y autoridades que sostienen al general
Díaz fusilan a los prisioneros de guerra, no por eso y
como represalias se hará lo mismo con los de ellos que
caigan en poder nuestro; pero en cambio serán fusilados,
dentro de las veinticuatro horas y después de un juicio
sumario, las autoridades civiles y militares al servicio
del general Díaz que una vez estallada la revolución
hayan ordenado, dispuesto en cualquier forma,
transmitido la orden o fusilado a alguno de nuestros
soldados.
De esa pena no se eximirán ni los más altos
funcionarios, la única excepción será el general Díaz
y sus ministros, a quienes en caso de ordenar dichos
fusilamientos o permitirlos, se les aplicará la misma
pena, pero después de haberlos juzgado por los tribunales
de la República , cuando ya haya terminado la
Revolución.
En caso de que el general Díaz disponga que sean
respetadas las leyes de guerra, y que se trate con
humanidad a los prisioneros que caigan en sus manos,
tendrá la vida salva; pero de todos modos deberá
responder ante los tribunales de cómo ha manejado los
caudales de la Nación y de cómo ha cumplido con la ley.
D. Como es requisito indispensable en las leyes de la
guerra que las tropas beligerantes lleven algún uniforme
o distintivo y como sería difícil uniformar a las
numerosas fuerzas del pueblo que van a tomar parte en la
contienda, se adoptará como distintivo de todas las
fuerzas libertadoras, ya sean voluntarios o militares,
un listón tricolor; en el tocado o en el brazo.
CONCIUDADANOS:
Si os convoco para que toméis las armas y derroquéis al
Gobierno del general Díaz, no es solamente por el
atentado que cometió durante las últimas elecciones,
sino para salvar a la Patria del porvenir sombrío que le
espera continuando bajo su dictadura y bajo el gobierno
de la nefanda oligarquía científica, que sin escrúpulo y
a gran prisa están absorbiendo y dilapidando los
recursos nacionales, y si permitimos que continúe en el
poder, en un plazo muy breve habrán completado su obra:
habrá llevado al pueblo a la ignominia y lo habrá
envilecido; le habrán chupado todas sus riquezas y
dejado en la más absoluta miseria; habrán causado la
bancarrota de nuestra Patria, que débil, empobrecida y
maniatada se encontrará inerme para defender sus
fronteras, su honor y sus instituciones.
Por lo que a mí respecta, tengo la conciencia tranquila
y nadie podrá acusarme de promover la revolución por
miras personales, pues está en la conciencia nacional
que hice todo lo posible para llegar a un arreglo
pacífico y estuve dispuesto hasta a renunciar mi
candidatura siempre que el general Díaz hubiese
permitido a la Nación designar aunque fuese al
Vicepresidente de la República ; pero, dominado por
incomprensible orgullo y por inaudita soberbia, desoyó
la voz de la Patria y prefirió precipitarla en una
revolución antes de ceder un ápice, antes de devolver al
pueblo un átomo de sus derechos, antes de cumplir,
aunque fuese en las postrimerías de su vida, parte de
las promesas que hizo en la Noria y Tuxtepec.
Él mismo justificó la presente revolución cuando dijo:
"Que ningún ciudadano se imponga y perpetúe en el
ejercicio del poder y ésta será la última revolución."
Si en el ánimo del general Díaz hubiesen pesado más los
intereses de la Patria que los sórdidos intereses de él
y de sus consejeros, hubiera evitado esta revolución,
haciendo algunas concesiones al pueblo; pero ya que no
lo hizo... ¡tanto mejor!, el cambio será más rápido y
más radical, pues el pueblo mexicano, en vez de
lamentarse como un cobarde, aceptará como un valiente el
reto, ya que el general Díaz pretende apoyarse en la
fuerza bruta para imponerle un yugo ignominioso, el
pueblo recurrirá a esa misma fuerza para sacudirse ese
yugo, para arrojar a ese hombre funesto del poder y para
reconquistar su libertad.
Francisco I. Madero
San Luis Potosí, octubre 5 de 1910
PLAN DE SAN LUIS de
Francisco I. Madero
San Luis Potosí, Octubre 5, 1910
Facsimilar del Plan de San Luis, impreso en San Antonio
Texas, en Octubre de 1910