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Primeros años

Grabado de la casa donde vivió José María Morelos, hoy
convertida en museo.
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Sitio exacto donde nació
Morelos
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En 1759, Carlos III fue
proclamado Rey de España, y a partir de entonces
implementó una serie de políticas liberales en las
colonias y en la metrópoli. Nueva España era gobernada
por Carlos Francisco de Croix, un militar de ascendencia
francesa. Aún permanecían las diferencias de
castas, los peninsulares ocupaban los altos
puestos del ejército, la religión y la
política; los criollos, puestos mínimos; y
los mestizos se limitaban a seguir las
órdenes de los españoles. Otro tipo de
castas, como los mulatos, realizaban
trabajos como esclavos. Valladolid era de
las ciudades más desarrolladas del país, y
era considerada, según los letrados de
aquella época, como el "jardín de la Nueva
España". En 1764,
las reformas administrativas desarrolladas por el
gobierno español otorgaron una nueva panorámica a la
Nueva España. Se crea la Ordenanza de Intendentes,
gobernantes regionales de las provincias; estos
funcionarios dependían directamente del rey, por lo que
el virrey vio mermado su poder. También, por decreto
real del 25 de febrero de 1767, los jesuitas fueron
expulsados del imperio español. De acuerdo con algunos
historiadores, la expulsión se debió a que los jesuitas
conspiraban contra el rey Carlos III. Según Lucas Alamán, la expulsión de los jesuitas fue producto de una
conspiración de jansenistas y librepensadores franceses,
que amedrentaron a Carlos III sobre el peligro de una
conspiración. |
El efecto de la expulsión fue desastroso para las
colonias, y ventajosísimo para Inglaterra y Estados
Unidos. A tal punto que, si la obra de los jesuitas en
la Alta California y en Texas se hubiese acabado de
desarrollar, quizá no hubiésemos perdido aquellos
territorios.
Es en ese panorama, cuando en 1760 José Manuel Morelos,
carpintero oriundo de Zindurio, una pequeña localidad
predominantemente indígena, situada a una legua de
distancia al poniente de Valladolid, y Juana María
Guadalupe Pérez Pavón, también originaria de la
población de San Juan Bautista de Apaseo, también
cercana a Valladolid, se unieron en matrimonio.
Se dice que el apellido de la familia era Sandoval, pero
que en el siglo XVII se deformó debido a que vendía
moras, y la gente los llamaba "Moreros", pero con
el tiempo pasó a ser "Morelos".
La pareja tuvo a su primogénito, llamado Nicolás, en
1763, que murió en 1828.
El domingo 30 de septiembre de 1765, en Valladolid, la
señora Juana María de Morelos asistió a la misa
dominical del día de San Jerónimo, y, al salir, sintió
los dolores de parto en la calle. Solicitó auxilio a las
monjas del convento de San Agustín, donde nació José
María, en el pórtico del convento. El 4 de octubre de
ese año fue bautizado en la catedral de Valladolid, con
el nombre de José María Teclo Morelos Pavón y Pérez.
Los estudios históricos realizados en torno a la figura
de los primeros años de Morelos difieren en cuanto al
año de nacimiento de la hermana menor, María Antonia,
pero todos concuerdan en que nace al menos diez años
después que José María. También se afirma de la
existencia de una niña nacida después de que el padre se
retiró, y cuya fe de bautismo establece que nació el 28
de diciembre de 1784 y murió en la infancia.
Morelos cursó sus estudios en la escuela de su abuelo,
el maestro José Antonio Pavón. El padre de Morelos, tras
una discusión con su madre, se marchó de la casa
familiar, y llevó consigo a su hijo Nicolás. El
carpintero, don Manuel, se ausentó de la casa familiar,
por lo que la familia entró en una severa crisis
económica. José María entró a trabajar en la región de
Apatzingán, a la hacienda Tahuejo, de su tío paterno,
Felipe Morelos Ortuño, ubicada en el actual Municipio de
Parácuaro, Michoacán, a los catorce años.
Nicolás siguió a su padre, quien regresó a la casa
paterna a principios de 1784, y el hijo adoptó el oficio
de carpintero, que ejerció en San Luis Potosí, hasta su
muerte, alrededor de 1828.
José María trabajó como atajador, después como arriero y
vaquero. Se instruyó en agricultura y ganadería. Morelos
se hizo una herida en la nariz, persiguiendo un toro,
cuya cicatriz le quedaría grabada el resto de su
vida.Dentro de sus labores de arriero, Morelos
viajó en ocho ocasiones durante los once años que duró
en el campo a la Ciudad de México.
En esos años, Morelos también se dedicó a estudiar
gramática, un gusto heredado de su madre. Durante ese
tiempo, también asistió a fiestas, y viajaba comúnmente
a Valladolid, cuando su madre lo necesitaba.
Estudios en el
seminario y sacerdocio

Casa que Morelos habitó en Valladolid.
En 1789, y tras diez años
de labores en el campo, Morelos regresó a Valladolid,
pues su padre había muerto, y sus hermanos se habían
casado, al tiempo que su madre vivía sola, razón por la
que regresó a su ciudad natal.
Etapa Insurgente
El 17 de marzo de 1808, en el
Palacio Real de Aranjuez, ocurrió un levantamiento
popular, que exigía la destitución de Manuel Godoy,
favorito del rey Carlos IV de España, pues ya se
encontraban tropas francesas en las ciudades de Burgos,
Salamanca, Pamplona, San Sebastián, Barcelona y Figueras.
Después de la destrucción del Palacio y la captura de
Godoy por el pueblo, interviene el príncipe de Asturias,
Fernando de Borbón, quien evita el linchamiento de
Godoy. Se decía que, ante la inminente conquista de
España por parte de las tropas francesas, la familia
real había huido a Aranjuez para embarcarse a alguno de
los dominios de América. Al mediodía, el rey Carlos IV
abdicó en favor de su hijo, Fernando VII. El 24 de
marzo, Fernando VII volvió a Madrid, pero un día antes
el general Murat había conquistado la ciudad. En Bayona,
Napoleón obligó al rey a abdicar en favor de su hermano
José Bonaparte. El 2 de mayo comenzó la Guerra de la
Independencia Española.
Mientras tanto, en México, Morelos recibía pedidos del
Obispado para contribuir a la causa española. En abril,
se recibe la noticia de que Buenos Aires, ha derrotado a
los británicos, y un requerimiento para ayudar a España.
Morelos envió 20 pesos por él y 10 por su vicario,
adjuntando asimismo una carta en la que afirmaba: "estoy
prontísimo a ofrecer la vida por la católica religión y
por la libertad de nuestro soberano". Un año
después, Morelos coopera nuevamente. En 1810 se afirmó
que los franceses estaban puestos para invadir a la
Nueva España, por lo que todos los clérigos se ven
obligados a colaborar de nuevo con las colectas de
fondos para el Ejército Español. El obispo de Michoacán,
Manuel Abad y Queipo, reemplazo de San Miguel, fallecido
en 1805, escribe lo siguiente a Morelos:
Debemos velar nosotros principalmente que somos atalayas
de la Religión y del Estado. La Patria se funda sobre el
patriotismo; sólo este apoyo es firme, y el patriotismo
consiste en la virtud de cada uno y en la unión de
todos: unidos y valerosos nos quiere la patria; consiste
en el sacrificio de nuestros intereses particulares y de
nuestras pasiones; porque la gloria y la felicidad de
una nación es incompatible con el egoísmo y la inercia
de sus hijos. En fin, la presente generación va a
decidir la suerte de las futuras generaciones.
Manuel Abad y Queipo, obispo de Michoacán.
En la capital de la Nueva España, estos sucesos se
conocieron por la Gaceta de México del 9 de junio, ante
la consternación de la Iglesia, la Audiencia y el
Ayuntamiento. En principio, el virrey José de
Iturrigaray se negó a reconocer a Fernando VII como Rey
de España y de las Indias, hasta que, por presiones del
ayuntamiento, Fernando VII es proclamado como rey, el 13
de agosto, justamente el 287° aniversario de que Hernán
Cortés tomara Tenochtitlan, en 1521. Pero los rumores
acerca de que Iturrigaray pretendía desconocer al
gobierno español y constituirse en monarca del
virreinato crecían, y se hicieron más grandes cuando el
virrey se negó a reconocer a la Junta de Oviedo, pero
también lo hizo con la Junta de Sevilla. El 15 de
septiembre, un grupo de españoles acaudalados,
encabezados por el hacendado vizcaíno Gabriel de Yermo (Sodupe,
Vizcaya 1757-1813, México), tomó preso al virrey y a
miembros del Ayuntamiento, como a Francisco Primo de
Verdad y Ramos, quien fue asesinado el 4 de octubre en
la Cárcel del Arzobispado, y que es considerado como el
primer mártir de la Independencia. En el lugar de Iturrigaray, fue nombrado el mariscal de campo Pedro de
Garibay, un octogenario.
El 21 de diciembre de 1809, se descubrió en Valladolid
una conspiración que pretendía formar una junta en la
Ciudad de México, tomar preso al virrey y a las demás
autoridades de la Colonia, para prevenir al país sobre
una inminente invasión francesa. Desde septiembre,
abogados, médicos, militares e incluso sacerdotes,
trabajaban en el proyecto, con la participación de
varios gobernadores provinciales y de algunos
regimientos, como el de Valladolid, capitaneado por
Agustín de Iturbide, quien años después consumaría la
Guerra de Independencia. Esta conspiración fue
organizada por el teniente José Mariano Michelena, quien
sólo fue condenado a veinte años de prisión en el
castillo de San Juan de Úlua, a diferencia de lo que los
españoles pedían, que era la pena capital. Se dijo que
la conspiración tenía ramificaciones en San Miguel el
Grande y Querétaro, y que tenían relación con los
capitanes Ignacio Allende y Mariano Abasolo.

Miguel Hidalgo, antiguo maestro de Morelos e iniciador
de la Guerra de Independencia de México.
En marzo de
1810, los franceses tenían capturada toda España, con
excepción de la ciudad de Cádiz. En México, una nueva
conspiración sustituía a la de Valladolid. La formaban
el corregidor de Querétaro, Miguel Domínguez, su esposa,
Josefa Ortiz de Domínguez, y los militares Allende,
Abasolo y Juan Aldama. A ellos se les unió un sacerdote
muy conocido por el Bajío, amigo del intendente de
Guanajuato, Juan Antonio Riaño, y del obispo de
Michoacán, Manuel Abad y Queipo. Ese hombre era el cura
de Dolores, Miguel Hidalgo. Los conspiradores se reunían
con el pretexto de celebrar tertulias literarias, en las
que se llegó a la conclusión de dar el golpe, el 8 de
diciembre, día de la Inmaculada Concepción. Pero Allende
logró convencer al resto de conspiradores de adelantarlo
al 2 de octubre. Esos eran los planes originales de la
Conspiración de Querétaro.
Hidalgo convocó a los herreros que tenía en Dolores para
hacer lanzas y espadas, y en una visita a Guanajuato
consiguió la Enciclopedia, que consultó para la
fabricación de cañones. Allende consiguió poner de su
parte a los Regimientos de Dragones y de la Reina, así
como a los de Celaya. De acuerdo al juicio seguido un
año después, los conspiradores tenían apoyo en San Luis
Potosí, e incluso en la Ciudad de México.
Sin embargo, el 11 de septiembre, un conspirador hasta
ahora desconocido, que estaba moribundo, confesó a las
autoridades eclesiásticas la existencia de la
Conspiración. Al día siguiente se giraron órdenes de
aprehensión contra todos los involucrados, mandato que
recibió Miguel Domínguez, corregidor de Querétaro,
implicado en la conspiración. El 13 de septiembre,
Epigmenio González, quien guardaba en su casa gran parte
del armamento que se había destinado para la lucha, fue
detenido y trasladado al Puerto de Veracruz, donde fue
confinado hasta 1822. El 15 en la noche, Josefa Ortiz de
Domínguez, esposa del corregidor, avisa al alcalde
Pérez, otro conspirador, que debe informar a Allende
sobre su orden de aprehensión. Allende, a su vez, marcha
a Dolores para poner al tanto a Hidalgo de los hechos,
quien tomó esa noche la decisión de lanzarse a la lucha
armada. Su primera medida fue convocar a misa y mandar
aprehender a todos los españoles del pueblo,
obligándoles a entregar su dinero para la causa.
La reacción española no se hizo esperar. El virrey y
Arzobispo de México, Francisco Javier de Lizana y
Beaumont, fue reemplazado el 14 de septiembre por el
teniente general Francisco Javier Venegas, que participó
en la Batalla de Bailén, donde por primera vez los
franceses fueron derrotados. Los realistas disponían de
30.000 soldados, la mayoría criollos y mestizos.
Venegas
ordenó la formación de tres puntos de defensa,
Guanajuato, Puebla y San Luis Potosí, ésta última de
donde salió el brigadier Félix María Calleja, que a la
postre derrotaría a los insurgentes. La Iglesia
excomulgó a los rebeldes, primero por rebelarse en
contra del rey, y segundo por tomar en Atotonilco el
estandarte de la Virgen de Guadalupe como bandera. El
edicto de excomunión fue publicado por Abad y Queipo el
20 de septiembre en Valladolid.
Después, los insurgentes comenzaron su marcha por el
Bajío. Primero cayó San Miguel el Grande, luego Celaya.
Al 22 de septiembre, fecha en que Hidalgo fue proclamado
capitán general de América, y Allende teniente general,
los insurgentes sumaban 20.000, la mayoría indios y
mestizos, que se unían sin tener experiencia militar,
muchos de ellos sin nunca haber salido de su localidad.
Lucas Alamán, historiador mexicano, describe así la
marcha:
Se le iba juntando gente que formaba diversos grupos o
pelotones, que por banderas ataban en palos o en
carrizos mascadas de diversos colores, en que fijaban la
Virgen de Guadalupe, que era la enseña de la empresa, la
que también llevaban por distintivo en el sombrero,
todos los que se adherían al partido. Los vaqueros y
demás gente de a caballo de las haciendas, casi todos de
las castas, formaban la caballería, armada con las
lanzas... y con las espadas y machetes que esos mismos
hombres acostumbraban llevar en sus trabajos ordinarios:
muy pocos tenían pistolas o carabinas. La infantería la
formaban los indios, divididos por pueblos o cuadrillas,
armados con palos, flechas, hordas y lanzas, y como
muchos llevaban a sus mujeres e hijos, todo presentaba
más bien el aspecto de tribus bárbaras que emigraban de
un punto a otro, que de un ejército en marcha.
Más tarde, el 28 de
septiembre, los insurgentes llegaron a Guanajuato,
ciudad gobernada por el teniente general Juan Antonio
Riaño. Hidalgo envió a un emisario a convencer a Riaño
de rendir la ciudad a las tropas insurgentes, que
sumaban 20.000, pero en la carta Hidalgo especifica
50.000. Riaño se negó,
afirmando "Mi deber es pelear como soldado". Entonces,
los insurgentes marcharon sobre Guanajuato, donde toda
la población (más de 600 españoles refugiados) se había
encerrado en la Alhóndiga de Granaditas, granero
construido en 1801. En medio de la batalla, Riaño salió
con un conjunto de soldados, y en el acto murió
asesinado. Tras este incidente, un minero ofrece a
Hidalgo quemar la puerta del edificio. A este hombre se
le conoce como El Pípila, pero su verdadero nombre fue
en realidad Juan José Reyes Martínez. Después de ello,
los insurgentes tomaron el edificio, y mataron a muchos
españoles.
Los insurgentes avanzaron sin resistencia hasta llegar a
Valladolid el 17 de octubre. No ocurrieron otras
matanzas, debido a la intervención de Allende. La toma
de Valladolid sumó a las fuerzas de Hidalgo ocho
compañías nuevas y todo el regimiento de Dragones de la
Reina, situado en la ciudad. Allende sugirió a Hidalgo
seleccionar 14.000 soldados, llevarlos a la ciudad de
Pátzcuaro y ahí entrenarlos. Planteó también la
posibilidad de usar las campanas de la catedral de
Valladolid para hacer cañones. Hidalgo rechazó ambas
propuestas, aduciendo que sería mejor marchar cuanto
antes a México y tomar la capital, pues el brigadier
Calleja había salido de San Luis Potosí para reforzar la
defensa de la Ciudad de México. Tras esta
discusión, los insurgentes salen de Valladolid la noche
del 19 de octubre.
Al mediodía del 20 de octubre, los insurgentes, ya en su
marcha hacia México, llegaron a un pueblo a las afueras
de Valladolid, llamado Charo, donde Hidalgo ordenó que
la tropa se detuviera para descansar unas horas.
Morelos, enterado de la situación, salió en la madrugada
rumbo a Charo, acompañado de un campesino de
Nocupétaro. Logró hablar con Hidalgo, le expuso las
razones por las que deseaba unirse al movimiento "la
independencia que todos los americanos se veían
obligados a pretender, respecto a la ausencia del rey,
preso en Francia, les proporcionaba la coyuntura de
lograr aquélla". En principio, Morelos ofrece a Hidalgo
marchar con él hasta México, pero el jefe insurgente le
asigna la comisión de levantar tropas en el sur del
país, y principalmente, la captura del puerto de
Acapulco, un lugar estratégico porque ahí llegaban
mercancías de la Nao de China, provenientes de
Filipinas, entonces dominio español. Morelos deseaba ser
capellán del ejército insurgente y dijo estar pronto a
"correr con violencia las tierras calientes del sur".
Hidalgo le otorgó el título militar de "General de los
ejércitos americanos para la conquista y nuevo gobierno
de las provincias del sur, con autoridad bastante". Tras
encomendarle su misión, Hidalgo ordenó a las tropas
insurgentes proseguir la marcha, al tiempo que Morelos
regresó a Carácuaro. Nunca más volvieron a verse.
Primera Campaña

Mapa de la primera campaña de José María Morelos.
Tras el
encuentro con Hidalgo, Morelos regresó a Carácuaro, con
intención de renunciar al curato y reclutar, de entre la
gente de Carácuaro, a cuantos soldados pudiera, a fin de
marchar cuanto antes hacia el Sur. El gobernador del
Obispado, Mariano de Landa y Escandón, le concedió la
ausencia del curato el 25 de octubre. Ya en su
parroquia, logró reunir 25 hombres armados entre lanzas
y escopetas. Después de reunir a la gente de Carácuaro
para explicar sus motivos de abandono al curato, en los
que citó el "Itinerario para pueblos para párrocos de
indios", obra hecha por los jesuitas en la que afirma
que los "los clérigos pueden tomar las armas lícitamente
cuando hay alguna grave necesidad en utilidad grande de
la república". De ahí marchó a Zacatula,
atravesando la rivera del Río Balsas, en la Tierra
Caliente, rumbo a la Costa, camino que atravesó
bordeando la provincia de Michoacán. Como afirmaría en
el juicio que la Inquisición, le siguió cinco años
después "Siempre conté con la justicia de la causa, en
que habría entrado, aunque no hubiese sido sacerdote". Llegó a Huetamo,
donde su tropa aumentó a 350. Ahí escribió a un amigo
sacerdote
Veo de sumo interés escoger la fuerza con que debo
atacar al enemigo, más bien que llevar un mundo de gente
sin armas ni disciplina. Cierto que pueblos enteros me
siguen a la lucha por la independencia, pero les impido
diciendo que es más poderosa su ayuda labrando la tierra
para darnos el pan a los que luchamos
Huetamo, Provincia de Michoacán
a los veinticinco días del mes de octubre del año de
Nuestro Señor de mil ochocientos diez. José María
Morelos
El objetivo de la campaña era conseguir hombres y
armamentos en el sur del país, y, principalmente,
cumplir la encomienda de Hidalgo: la toma del Puerto de
Acapulco, un importante centro comercial. A principios
de noviembre, las tropas de Morelos bordearon la costa y
llegaron a Zihuatanejo, donde consiguieron que muchos de
los pobladores (principalmente campesinos de bajos
recursos) se unieran a su movimiento, y ya en Petatlán,
logró reclutar a muchas más personas para su ejército.
Con aproximadamente 2000 hombres, Morelos decidió tomar
Tecpan, una pequeña población en la Costa Grande del
actual Estado de Guerrero, donde hicieron huir a la
guarnición del ejército realista. Ahí, se le unieron a
Morelos, los Galeana, formados por Hermenegildo y Pablo,
sobrino de Hermenegildo. Los Galeana contaban con un
cañón conocido como ‘’El Niño’’ que se usaba en las
fiestas del pueblo. Los Galeana eran descendientes de un
pirata inglés que llegó a la costa guerrerense en el
siglo XVIII.
Después de la toma de Tecpan, Morelos marchó con su
ahora más numeroso ejército a San Jerónimo, lugar en el
que entró sin resistencia y después se trasladó a la
población de Coyuca de Benítez, pero estas poblaciones
ya se ubicaban en la región de Costa Grande. Después, el
objetivo de Morelos era aproximarse lo más posible a
Acapulco, y dejarla rodeada por tierra. En enero de
1811, Morelos ordenó a una parte de su ejército tomar el
Cerro del Veladero, un monte que domina la entrada a
Acapulco. Mientras que una parte del cerro quedó en
posesión del ejército insurgente, el resto del cerro aún
era retenido por los españoles, comandados por el
capitán Francisco París, que había sido comisionado por
Venegas para defender el puerto. Tras derrotar al
ejército realista, Morelos establece el campamento de su
ejército en la localidad de Paso Real de la Sabana,
cercano al Fuerte de San Diego, un edificio construido
para evitar los ataques de los piratas, y que estaba
bien artillada y preparada para defender al puerto del
ataque insurgente.
El teniente de artillería José Gagó, ofreció a Morelos
entregarle la plaza de Acapulco sin resistencia. La
fecha en que se había pactado la entrega del Fuerte era
el 8 de febrero de 1811. En ese día, los insurgentes
estuvieron frente al Fuerte de San Diego, pero Gagó
traicionó a Morelos, dejando a los insurgentes entre
varios fuegos. Morelos de inmediato ordenó la retirada,
que fue organizada por los Galeana. El campamento
insurgente se salvó de ser tomado por los realistas
gracia a la intervención del capitán Julián Ávila,
mientras que el resto del ejército, comandado por
Morelos, emprendió la retirada a Tecpan.
París redactó
un parte a Venegas explicando la situación. El mensaje
fue interceptado por los insurgentes, y en el se decía:
Estas gentes de la jurisdicción de Acapulco están tan
entusiasmadas por Morelos, que al mismo tiempo que a él
nada le falta, no se presenta en nuestro campo una mujer
a vender tortillas. Dicen los naturales que el cura es
muy determinado; que cuando se le antoja monta en su
mula y con cuarenta hombres se va a registrar su
avanzada; que espera allí a cuantos le quieran ir a
acomete
Poco antes del fracaso militar en Acapulco, Morelos
dictó en la localidad de El Aguacatillo, en el actual
municipio de San Luis Acatlán, varios decretos a fin de
organizar lo más pronto posible un gobierno. Entre las
medidas dictadas por Morelos, se encontraban:
Cuidar los bienes de la Iglesia Católica.
Evitar el ataque con fuerzas inferiores al enemigo.
Castigar cualquier intento de guerra de castas y los
pecados públicos.
Observar el escalafón militar por méritos.
Obrar en armonía consultando en casos difíciles.
Reiterar la medida dictada por Hidalgo en Guadalajara,
de establecer nuevo gobierno en manos de los americanos,
es decir, todos los nacidos en la Nueva España.
Suprimir el tributo, la esclavitud, las cajas de
comunidad, las deudas a peninsulares y el monopolio de
la pólvora.

Hermenegildo Galeana, militar insurgente oriundo de
Tecpan, que apoyó a Morelos en su primera campaña.
En
Tecpan, Morelos se concentró con su ejército, y decidió
elevar el pueblo a la categoría de provincia, con el
nombre de "Nuestra Señora de Guadalupe de Tecpan", y se
mantuvo el cobro de los impuestos reales ya existentes,
pero fue abolido el tributo aplicado a las tropas.
Morelos decidió tomar algunos bienes de la Iglesia para
financiar sus actividades militares. Mientras se
encontraba en el sur, Morelos recibe el apoyo de la
Familia Bravo, compuesta por Leonardo y sus hermanos
Máximo, Víctor y Miguel, y el hijo de Leonardo, Nicolás
Bravo. Ellos eran originarios de la Hacienda de
Chichihualco. Junto a ellos se unió Vicente Guerrero,
arriero originario de Tixtla. También, el estudiante de
derecho oriundo de Durango, Miguel Fernández Félix, se
unió al movimiento, y más tarde adoptaría el nombre de
Guadalupe Victoria. Mientras tanto, el 13 de julio de
1811, en el pueblo de Tixtla, Morelos dictó el siguiente
decreto:
A partir de hoy se entregarán las tierras a los pueblos
para su cultivo, sin que puedan arrendarse, pues su goce
ha de ser de los naturales en sus respectivos pueblos.
Asimismo, faltándonos la moneda corriente de plata y oro
para el socorro de las tropas, he resuelto se selle
moneda de cobre para el uso del comercio. Las habrá de a
peso, tostón, real y medio real, y podrán cambiarse por
sus equivalentes de curso legal en cuanto termine la
guerra
Dado en Tixtla, a 13 de julio de 1811, José María
Morelos
Mientras tanto, Hidalgo
había llegado hasta las puertas de la Ciudad de México,
tras triunfar en la Batalla del Monte de las Cruces, el
30 de octubre de 1810. Sin embargo, por motivos hasta
ahora desconocidos,
Hidalgo decidió retroceder hacia el Bajío, donde el 7 de
noviembre, Félix María Calleja lo derrotó en la Batalla
de San Jerónimo Aculco. Después, diferencias con
Allende, separaron al ejército insurgente. Hidalgo
marchó a Valladolid, donde se cometieron matanzas de
españoles entre noviembre y diciembre. Por su parte,
Allende, Aldama y Abasolo, se retiraron a Guanajuato,
donde el 26 de noviembre Calleja recuperó la plaza,
tomada por Hidalgo el 28 de septiembre, apenas dos meses
antes. Después de la derrota, Allende, Aldama, Jiménez y
Abasolo se retiraron a Guadalajara, donde Hidalgo había
sido proclamado "Libertador de América", pues José
Antonio Torres, apodado "El Amo", había tomado la ciudad
el 8 de noviembre. El 17 de enero, Calleja derrotó a los
insurgentes en la Batalla del Puente de Calderón.
Después, los insurgentes emprendieron la marcha hacia
los Estados Unidos de América, y en el camino Hidalgo
fue despojado del mando militar en Aguascalientes. El 21
de marzo, fueron capturados en las Norias de Baján,
Coahuila. Tras juicios en Chihuahua, el 26 de junio
fueron fusilados Allende, Aldama y Jiménez. El 30 de
julio, fue fusilado Hidalgo.
Segunda Campaña

Mariano Matamoros.
Morelos recibió, al término de su
primera campaña, una invitación de Ignacio López Rayón,
para organizar un consejo de dirección insurgente, ya
que tras la muerte de los primeros líderes, el ejército
quedó disperso y sin una cabeza general visible. La
propuesta de Rayón consistía en elegir a los miembros de
la Suprema Junta Nacional Gubernativa, que habría de
gobernar al país en ausencia de Fernando VII. Morelos
aceptó la invitación, pero como sus actividades
militares le impedían estar presente, nombró como su
delegado a Sixto Berdusco, un antiguo compañero suyo de
estudios. Puesto que Rayón quedó en manos de la
insurgencia tras la muerte de Hidalgo, de quien había
sido secretario y ministro en Guadalajara, quedó al
frente de las tropas insurgentes en Saltillo.
De ahí
llegó a Zitácuaro, donde el 21 de agosto, fue electa la
Suprema Junta Nacional Gubernativa, compuesta por los
siguientes miembros:
Ignacio López Rayón, como presidente,
José María Liceaga y José Sixto Verduzco, vocales.
Los primeros actos de la Junta consistieron en designar
a Zitácuaro, actual municipio de Michoacán, como capital
de la insurgencia, aunque poco después, ante el ataque
realista, la Junta se trasladó a Sultepec. Morelos
escribió a Rayón que "Estoy resuelto a perder la vida
por sostener la autoridad y existencia de la Suprema
Junta". Asimismo, Rayón ordenó la publicación de dos
periódicos insurgentes, "El Ilustrador Nacional" y "El
Ilustrador Americano", ambos dirigidos por José María
Cos. En abril de 1812, la Junta redactó los "Elementos
de Nuestra Constitución", donde se estableció que el
pueblo es el único soberano y se consagraron los poderes
de la Junta, y la libertad de expresión, libertad de
prensa, y el derecho al trabajo. Morelos escribió a la
Junta, "Que se le quite la máscara a la independencia,
eliminemos la mención del Rey".
Después, Morelos entró en Chilapa, que por entonces era
la población más próspera de la región. Entre agosto y
noviembre, Morelos estableció su centro de operaciones
en Chilapa. Morelos reforzó su relación con los
indígenas, pues por decreto del 4 de septiembre, se
establece lo siguiente:
A todo el mundo le es lícita la apelación, no hay motivo
para denegársela a los naturales de este reino. Los
indios no deben pagar diezmos ni primicias de los frutos
propios de este reino
Sin embargo, hubo un intento de sedición, para impulsar
el asesinato masivo de negros hacia blancos. Ordenó a
sus tropas ir a la costa, calmó a los sublevados con la
frase "sería el yerro mayor que podrían cometer los
hombres", los cabecillas fueron llevados a Chilapa,
donde se les ejecutó.
Su relación con la Junta Nacional de Zitácuaro fue
respetuosa, ya que Morelos siempre colaboró con los
lineamientos establecidos por la Junta, a pesar de las
diferencias habidas entre los miembros del organismo
regulador insurgente. Berdusco escribió a Morelos "todos
rinden a Vuestra Excelencia las debidas gracias por el
honor con que los trata".
La jerarquía eclesiástica, en la persona del obispo
español de Puebla, lanzó una manifiesto contra la
insurgencia y escribió a Morelos invitándole a desistir
de la lucha. La carta de respuesta escrita por Morelos
se conserva en el Castillo de Chapultepec, y es la
siguiente:
En lugar de atacar la insurgencia, la podría defender y
encontraría, sin duda, mayores motivos que el
angloamericano y el pueblo de Israel. La nación no larga
las armas, hasta concluir la obra, puesto que nosotros
somos más religiosos que los europeos.
Morelos tomó Tlapa, localidad de La Montaña, Izúcar,
Cuautla y Chiautla, por el tiempo en que Hermenegildo
Galeana entró en Taxco, donde logró apoderarse de varias
vetas de plata, que fueron enviadas a la Junta Nacional,
ya que Calleja tomó Zitácuaro, y la Junta se quedó sin
fuerzas para resistir el embate realista. En Izúcar,
Morelos estuvo a punto de ser capturado por las fuerzas
realistas, y escribió a Galeana, "Resistí yo solo con
treinta hombres que escogí para irme a pasear a Izúcar,
de los que dejé veinte en la plaza y con diez fusileros
y unos cuantos vaqueros salí a cortarles la retirada".
En Izúcar, Morelos recibió el 12 de diciembre a Mariano
Matamoros, un sacerdote de Tlaxcala, que veía con buenos
ojos el movimiento insurgente y que quería unirse a su
ejército. Morelos le respondió afirmativamente y de
"buena gana", diciéndole que le recordaba a él mismo en
su visita con Hidalgo, por lo que aceptó a Matamoros
en su ejército, dándole el cargo de coronel. Con el
tiempo Matamoros sería nombrado mariscal de campo y
Morelos le llegó a considerar "su mano derecha", hasta
que Matamoros fue capturado y fusilado. También recibió
a un antiguo sirviente de la Junta Nacional, José Manuel
de Herrera, quien fue nombrado embajador en los Estados
Unidos de América, en 1813.
El 2 de enero de 1812, Calleja triunfó en la Batalla de
Zitácuaro, población en la que se encontraba asentada la
Junta Nacional, y varios de sus documentos se perdieron
en la batalla, pues la Junta, puesta en fuga por las
tropas realistas, no tuvo tiempo de rescatar los
archivos. Desde Toluca, nueva sede de la Junta, Rayón
escribe a Morelos pidiéndole ayuda para salvar al
organismo. A pesar de hallarse convaleciente por haber
sufrido tuberculosis, Morelos salió a proteger a la
Junta, que ahora estaba instalada en Tenancingo, donde
Morelos derrotó a las tropas españolas, comandadas por
Rosendo Porter. De ahí, decidió marchar a Cuernavaca,
para reorganizar su ejército, y estableció su centro de
operaciones en el pueblo de Cuautla, donde planeó la
toma de la Ciudad de México o Puebla.
Tras derrotar a la brigada realista comandada por
Rosendo Porter, Morelos pensó seriamente en tomar la
Ciudad de México. El virrey Venegas, preocupado ante la
posibilidad de un ataque insurgente a la capital,
comisionó a Calleja para hacer frente a Morelos, que
estaba acuartelado en Cuautla. Calleja acababa de
derrotar a Rayón en Zitácuaro, por lo que a pesar de sus
diferencias con el virrey, lograron llegar a un acuerdo,
en el que se expresaba que el 5 de febrero, Calleja
debería ser recibido con honores en la Ciudad de México.
Durante las fiestas hechas en honor a Calleja, en el
desfile por la ciudad, el caballo que montaba Calleja,
lo aventó y el mariscal cayó frente a toda la multitud. El 9 de febrero, Calleja se lanzó
al ataque de Cuautla, y en el primer enfrentamiento, con
varias bajas, los insurgentes lograron repeler al
ejército español. Unos cuantos días después, Morelos
salió a inspeccionar los campos de Cuautla, donde por
casualidad se encontraba una milicia de soldados
realistas que estuvieron a punto de capturar a Morelos.
Más tarde, lanzó la siguiente proclama a sus tropas:
Nosotros hemos jurado sacrificar nuestras vidas y
haciendas en defensa de nuestra religión santa y de
nuestra patria. Ya no hay España, porque el francés se
ha apoderado de ella. Ya no hay Fernando VII porque o él
se quiso ir a su casa de Borbón en Francia y entonces no
estamos obligados a reconocerlo por rey, o lo llevaron a
la fuerza, y entonces ya no existe. Y aunque estuviera,
a un reino conquistado le es lícito reconquistarse y aun
reino obediente le es lícito no reconocer a su rey,
cuando es gravoso en sus leyes que resultan
insoportables, como las que de día en día nos iban
recargando en este reino los malditos gachupines. Os
diré por último que nuestras armas están pujantes y la
América se ha de poner libre, queráis o no queráis
vosotros.
Calleja sitió la ciudad, cortó el agua, cesó la
provisión de alimentos a la ciudad, mandó contaminar
varios pozos con animales muertos, todos estos actos
para apresurar la caída de Cuautla. En una ocasión,
Calleja envió a Morelos un ofrecimiento de indulto,
aplicable a él y a todos los soldados insurgentes que
hubiesen participado en el Sitio de Cuautla. Morelos
respondió que le ofrecía lo mismo a Calleja y a sus
militares. Se dice que el virrey Venegas, harto de la
situación, envió a uno de sus hombres de confianza
descrito como "gordo y barrigón", a matar a Morelos,
quien fue previsto por Rayón y el sujeto fue
identificado y ejecutado. Por esos días, Morelos ordenó
a Matamoros salir de la ciudad a buscar provisiones, y a
auxiliar a la Junta Nacional, instalada en Toluca, y
Matamoros logró romper exitosamente el cerco, durante la
madrugada del 21 de abril. Varios incidentes, como
enfermedades, dolores intensos de pierna, migrañas y
caída de caballos, por momentos le hicieron pensar
rendir la plaza.
En una acción militar hecha en abril, los realistas
estuvieron a punto de tomar una parte de Cuautla, puesto
que habían hecho retroceder a gran parte de los
defensores de la plaza, pero un niño, de apenas 12 años,
tomó un cañón y lo hizo disparar, destruyendo en el acto
a la avanzada realista que venía a reforzar a los
atacantes, quienes huyeron dispersos ante la caída de
sus refuerzos. Ese niño se llamaba Narciso Mendoza y es
conocido como "El Niño
Artillero". Morelos le
entregó un premio de dos reales por su acción.
Calleja escribió en la madrugada del 2 de mayo, la
siguiente misiva de renuncia al sitio de Cuautla,
dirigida al virrey Francisco Xavier Venegas:
Si la constancia y actividad de los defensores de
Cuautla fuese con moralidad y dirigida a una justa
causa, merecería algún día un lugar distinguido en la
Historia. Estrechados por nuestras tropas y afligidos
por la necesidad, manifiestan alegría en todos los
sucesos. Entierran sus cadáveres con repiques en
celebridad de su muerte gloriosa, y festejan con
algazara, bailes y borracheras, el regreso de su
frecuentes salidas, cualquiera que haya sido el éxito,
imponiendo pena de la vida al que hable de desgracias o
rendición. Ese clérigo es un segundo Mahoma, que promete
la resurrección temporal y después el paraíso con el
goce de todas las pasiones a sus felices musulmanes
Esa misma noche, los insurgentes habían decidido que la
situación era ya insostenible y tomaron la decisión de
romper el cerco puesto por los realistas desde febrero.
A las 2:30 de la mañana del 2 de mayo de 1812, y tras 63
días ininterrumpidos de sitio, Morelos y el ejército
insurgente abandonaron Cuautla. Los realistas fueron
alertados por un espía de la salida insurgente, pero la
noticia llegó tarde, no pudieron evitar el rompimiento
del sitio. Tras unos breves intentos de resistencia, los
insurgentes pudieron dejar Cuautla. Al día siguiente,
Calleja ordenó el saqueo y asesinato de los habitantes
de Cuautla, y unos días más tarde regresó a la Ciudad de
México, donde el virrey Venegas le recibió en audiencia
privada, haciéndole en el acto el ofrecimiento de la
comandancia general de la Ciudad de México, y Calleja,
tras muchas meditaciones, aceptó.
Tercera Campaña
Después de la acción militar de
Cuautla, Morelos se trasladó a la sierra central de
México, donde se encuentra el Eje Volcánico Transversal,
y tomó Izúcar, Ocuituco, Hueyapa, Cítela y Chiautla,
donde Morelos reorganizó sus tropas, pues estaba
decidido a marchar hacia el sur del virreinato. En Chiautla, Morelos recibió la noticia de que Leonardo
Bravo, había sido capturado a traición mientras
dormitaba en la hacienda del comerciante español Gabriel
de Yermo, en la madrugada del 10 de mayo de 1812. Fue
presentado ante Calleja, quien se dirigía a México, y
que tomó la decisión de que se le enjuiciaría en la
capital. Tras varios intentos de persuasión por parte de
Morelos hacia las autoridades españolas, Leonardo Bravo
fue ejecutado a garrote vil, la mañana del 13 de
septiembre, a pesar de que los insurgentes ofrecieron
800 soldados españoles a cambio de la vida de Bravo.
Entonces, Morelos autorizó a su hijo, Nicolás Bravo, la
ejecución de los prisioneros realistas. A la mañana
siguiente, Bravo reunió a los españoles y acto seguido,
les perdonó la vida. Por este hecho, se le conoce como
"El Caudillo Magnánimo".
Tras tener noticias, vía de la Junta Nacional, que
recientemente le había nombrado capitán general, debido
a su triunfo en Cuautla, y que le informó que en Oaxaca,
las fuerzas realistas acababan de sitiar a Valerio
Trujano, exactamente en la población central de
Huajuapan. Morelos acudió a la ciudad cuanto antes pudo,
y sus fuerzas lograron detener por unas horas a los
refuerzos realistas enviados desde Puebla. Trujano logró
echar a las fuerzas españolas de Huajuapan, pero murió
en el acto, a causa de varios disparos hechos por un
soldado realista llamado José Martín Pérez, quien fue
premiado por los soldados españoles con 20 reales en
oro.
Morelos enfermó gravemente de cólicos, en septiembre de
1811, y casi le produce la muerte. De nueva cuenta, en
el mes de enero de 1812, poco antes del inicio del sitio
de Cuautla, el jefe insurgente cayó en cama por una
grave enfermedad de tuberculosis. Pero en ese tiempo
logró planear junto con Matamoros y Galena la campaña
del centro, y la defensa de Cuautla, al tiempo que
coordinaba sus apoyos con la Junta Nacional, acosada en
Toluca por el brigadier aragonés José de la Cruz, a
quien Venegas le ordenó detener los refuerzos enviados a
Cuautla por parte de la Junta, para lo que se auxilió de
refuerzos traídos desde Zaragoza.
Recibió una misiva de Rayón, explicándole que la Junta
se había dividido para tratar de lograr una mejor
comunicación con los insurgentes del resto del país, por
lo que Berdusco se trasladó hacia el poniente, Liceaga
al norte y Rayón se estableció en el norte, al tiempo
que nombraron a Morelos capitán general y vocal de la
junta, cargos también recibidos con anterioridad por
ellos. Morelos se encargó de mandar refuerzos a Rayón,
quien se instaló su pueblo natal, Tlalpujahua, aunque
esa relación se vio empañada por un enviado de Rayón a
Morelos.
Morelos revisó los "Elementos constitucionales",
redactados por la Junta, y sugirió el nombramiento de un
quinto vocal y la supresión de la mención al rey
Fernando VII. Decía Morelos en sus argumentos que el
crecimiento a grandes pasos de la insurgencia, que el
quinto vocal era necesario, si se tenía como fin mejorar
la administración de justicia entre los territorios
dominados por las tropas insurgentes. Como parte de esas
ideas, Morelos dictó leyes en cada provincia que iba
conquistando, y una de sus leyes fue la reducción del
impuesto al comercio y las alcabalas, del seis al cuatro
por ciento. También, ante el fracaso de importar pólvora
inglesa, estableció talleres en los que se forjaban
armas, se fabricaba pólvora, y se fundía plomo y cobre.
Cuarta Campaña

Retrato de Antonio Bergoza y Jordán, obispo de Oaxaca en
1812 y quien años más tarde degradaría a Morelos de su
condición sacerdotal.
Tras meditarlo con sus soldados,
Morelos decidió marchar a Oaxaca en noviembre de 1812.
En la madrugada del 25 de noviembre, el ejército
insurgente llegó a las puertas de la capital de la
intendencia de Nueva Antequera, donde escribió una carta
al brigadier Roque Abarca, comandante general de la
plaza y al obispo Antonio Bergoza y Jordán, pidiéndoles
la rendición de la plaza, y enviando una carta a la
comandancia, portada por varios emisarios. La tropa fue
repelida a cañonazos y los emisarios fueron pasados por
las armas. En Oaxaca se narra una
de las leyendas de Guadalupe Victoria, quien se dice
comandaba una legión, que se acercó a un río a cuyo
extremo se encontraba una división de soldados
realistas. Como cuenta la leyenda, Victoria lanzó una
espada al río diciendo "Va
mi espada en prenda, voy por ella"
y acto seguido se lanzó al ataque de los
realistas, siendo a su vez imitado por el resto de la
tropa comandada por él. Tras tres horas
de combate, Morelos logró tomar la ciudad, y en una
carta dirigida a Rayón se expresa lo siguiente:
La ciudad de Oaxaca, que acabamos de tomar, además de
ser sede obispal y de intendencia, está llena de hombres
útiles, minas, puestos y granas, que convertiremos en
fusiles. El ilustrísimo señor Bergoza me ha escrito
llamándonos obedientes forzados, hipócritas y
disimuladores, como contestación a mi carta de rendición
Mientras tanto, Morelos distribuyó entre su tropa un
premio originalmente establecido por los miembros del
cabildo catedralicio para los defensores realistas de la
plaza. A pesar de haberse cometidos saqueos y
ejecuciones de jefes realistas, pocos días después
Morelos dictó una ley en la que se disponía el castigo
de soldados que cometieran atropellos contra la
población civil, "ya que nuestro ánimo no es atropellar,
sino conservar a cada uno ileso en su derecho".
La mañana del 13 de diciembre se realizó en Oaxaca la
jura solemne de la Junta Nacional Gubernativa.
Aproximadamente a las ocho de la mañana, los miembros
del ayuntamiento oaxaqueño marcharon a la casa del
alférez real, donde tomaron el pendón usado en las
ceremonias oficiales del gobierno realista. Acto seguido
procedieron a enarbolarlo en un tablado construido
expresamente para tal fin en la plaza principal, frente
a un retrato del rey Fernando VII, Matamoros y Galeana
acompañaban al alférez que proclamó a la Junta como
depositaria de los derechos del rey sobre el Virreinato
de la Nueva España, "a lo cual correspondió el pueblo
con un griterío lleno de júbilo en que no se oyó más que
un continuo viva", como lo describe Matamoros. Desde el
balcón central de la Intendencia, Morelos presidía la
ceremonia, acompañado de un secretario representante de
la Junta enviado por Rayón, quienes arrojaban monedas de
plata a la multitud. Como comentó al secretario de
Rayón, Morelos se lamentó de que "la gente estima más
una moneda de cobre con el sello de Fernando que una de
oro con el sello de América"
En Oaxaca, Morelos estableció un tribunal de protección
y confianza pública, dedicado a investigar sospechas de
faltas a la causa insurgente, y que prohibía las juntas
secretas. Poco tiempo después, Morelos lanzó una
proclama dirigida a sus soldados, con respecto a su
posición acerca de la recién promulgada Constitución de
Cádiz, en el que no se mencionaba al monarca, ya que
pocos días después de la toma de Oaxaca, el virrey
Venegas fue obligado a jurar la Constitución en la
capital, y también se llevaron a cabo elecciones de
diputados provinciales y a las Cortes Generales
españolas, donde los criollos triunfaron, ya que la
constitución establecía una libertad no absoluta para
las colonias, pero ya tenían garantías individuales y un
sistema representativo combinado con la monarquía, pero
a los pocos meses el gobierno virreinal derogó la Carta
Magna de Cádiz, ante el temor de que el movimiento
insurgente se viera favorecido. Ante esto,
Morelos lanzó
esta proclama:
El designio de la Insurgencia es es defender la libertad
que nos concedió el autor de la naturaleza. Las Cortes
de Cádiz, al tiempo que declararon su independencia,
hubieran declarado la nuestra y nos hubieran dejado en
libertad para establecer nuestro gobierno, como ellos el
suyo. Instauremos también la libertad y suprimamos las
castas, pues sólo la virtud ha de distinguir al hombre,
así como la condenación del vicio y de la ociosidad.
Rayón organizó en la Ciudad de México a un grupo de
abogados y demás profesionistas conocidos como "Los
Guadalupes", quienes tomaron parte en las elecciones de
diputados y prestaban información, provisiones, armas,
imprentas y hasta soldados para la causa insurgente. Uno
de ellos, Carlos María de Bustamante, dirigió el
periódico "El Correo Americano del Sur", mientras que
Rayón y su hermano Ramón se habían acuartelado en
Tlalpujahua, donde lo apoyaba Andrés Quintana Roo, quien
sirvió de mediador entre Morelos y Rayón, cuya relación
tuvo dificultades debido al secretario de la Suprema
Junta, Basilio Zambrano.

En Oaxaca, Morelos se
retrató ataviado con un traje de capitán general, regalo
de Matamoros, y que fue bordado por una india que
intentó envenenar a Morelos. También, en el retrato, usó
una cruz pectoral que había sido del obispo de Puebla,
Campillo. En ese mismo tiempo Morelos tuvo relación con
la sureña Francisca Ortiz, de quien nació un hijo. Poco
tiempo después, Morelos decidió abandonar Oaxaca, tras
mes y medio de su captura, y proseguir la marcha hacia
Acapulco, ciudad que al intentar tomar hacía dos años
fracasó. Ahora, muchos de sus soldados desertaron en el
camino. En abril de 1813, puso sitio al Castillo de San
Diego, que, tras una larga resistencia de más de cuatro
meses, capituló en agosto de 1813.
Tras la caída de Acapulco, Morelos recibió una
notificación de Berdusco en la que le informaba de que
estaba llevando a cabo una recolección de fondos para
tomar Valladolid. Rayón, presidente de la Junta, le
advirtió que no lo hiciera hasta no contar con el
beneplácito de toda la insurgencia. Berdusco no hizo
caso a Rayón y atacó Valladolid, pero las fuerzas
realistas lograron repeler su ataque, y los insurgentes
perdieron armas y artillería. Rayón destituyó a Berdusco
e inició una investigación, en la que se decidió juzgar
al sacerdote Pablo Delgado, jefe de la intendencia
insurgente en Michoacán. En este suceso hubo un
conflicto, ya que Delgado era sacerdote, y Rayón, quien
era laico, le iba a juzgar. Berdusco y Liceaga se
aliaron contra Rayón, y Morelos permaneció en silencio
durante el tiempo del conflicto, y este silencio le
achacó a Morelos desavenencias con Rayón que ocasionaron
la caída de Tlalpujahua en manos de los realistas. Este
incidente provocó que Morelos y Rayón perdieran la
confianza, pues Morelos pensaba que Rayón quería
acaparar todo el poder para sí mismo. Por ello, varios
líderes insurgentes consideraron que el liderazgo le
correspondía a Morelos, quien reformó la Junta Nacional
en mayo de 1813.
El Congreso de Chilpancingo

Pintura de una sesión plenaria del Congreso de
Chilpancingo.

La firma de Morelos
Cuando Morelos decidió reformar la
Junta Nacional, Carlos María de Bustamante, propuso en
Oaxaca crear un Congreso que reemplazara a la Junta.
Esta idea de un órgano insurgente que constituyera la
soberanía y representación de las provincias
novohispanas, como ya lo habían propuesto Hidalgo y Cos.
Morelos suprimió de inmediato la Junta Nacional, y con
el apoyo de las corporaciones oaxaqueñas, llamó a la
formación del nuevo organismo. Rayón calificó al
proyecto de "fruto de la preponderancia de las
bayonetas", Liceaga tardó en aceptar y Berdusco, a
pesar de estar perseguido por Rayón, fue el único
miembro de la ya para entonces desaparecida Junta
Nacional, que accedió de inmediato.
Morelos expidió una convocatoria para la designación de
los diputados que habrían de concurrir al Congreso, cuya
sede se había fijado en la ciudad de Chilpancingo.
Quintana Roo redactó un reglamento en base al cual se
eligiría y funcionaría el Congreso una vez reunido. Por
razones de la guerra, sólo Oaxaca y Tecpan eligieron
diputados. Los miembros de la desaparecida Junta fueron
considerados como diputados propietarios, con excepción
de Morelos, quien se autoexcluyó, pero se reservó la
facultad de designar a los diputados suplentes.
Por esos días, Morelos lanzó una
proclama en la que afirmaba que la división de poderes
era el mecanismo de gobierno más propio para la nación.
El 13 de septiembre se inauguró en Chilpancingo el
Congreso. En la apertura oficial, los diputados electos
eran José Sixto Verduzco por Michoacán, José María
Murguía por Oaxaca, Andrés Quintana Roo por Puebla y
José Manuel de Herrera por Tecpan, mientras que los
cuatro diputados restantes irían llegando en las semanas
siguientes. En el acto inaugural, Morelos pronunció un
discurso en cuya redacción había colaborado Carlos María
de Bustamante como revisor, y que su idea fundamental
era la "salvación de la patria".
Pocos días después, y ante el arribo de los jefes
militares a Chilpancingo, Morelos preparó un discurso
conocido como Sentimientos de la Nación, en el que se
expresan los pensamientos de Morelos, que habían sido
manifestados desde el bando del Aguacatillo en 1810, y
en las cartas que Morelos escribió en su época
insurgente, así como algunos elementos de los escritos
de la Junta Nacional, y escribió finalmente que el
Congreso debería dictar como primera ley la supresión de
la esclavitud y la igualdad de todos los mexicanos. Este
documento fue leído en la sesión del 13 de septiembre
por el secretario Juan Nepomuceno Rosáins.
Al día siguiente, se efectuó la sesión en la que debería
elegirse Generalísimo, y esta elección se llevó a cabo
por el Congreso. Fueron propuestos Rayón, Liceaga,
Berdusco y Morelos, y por unanimidad resultó electo
Morelos, pero en vista de su renuencia a aceptar el
cargo, los miembros del Congreso decidieron tomar un
tiempo para deliberar. Los militares se opusieron,
argumentando que Morelos había sido electo por
aclamación popular y no se podía aceptar su renuncia,
que fue la decisión final del Congreso.
Finalmente Morelos aceptó, y el
Congreso le otorgó el título de "Alteza Serenísima", que
Morelos rechazó y decidió cambiar por
"Siervo de la Nación",
de acuerdo a una argumentación bíblica.
Más tarde, llegaron los diputados que faltaban, entre
ellos Bustamante por México, Cos por Veracruz, Liceaga
por Guanajuato y Rayón por Guadalajara. Ya reunidos
todos los diputados, el Congreso procedió a declarar el
6 de noviembre, la independencia de América
Septentrional, con el decreto siguiente: "Queda rota
para siempre jamás y disuelta la dependencia del trono
español" Aún no era usado el término
México, que entonces se refería
únicamente a la provincia homónima. Los diputados
comenzaron la redacción de la Constitución, en base a la
Constitución de Cádiz, a la Constitución de Estados
Unidos y a la Constitución francesa de 1791. Decretó
también la restauración de la Compañía de Jesús y la
cobranza de impuestos, creándose para el efecto los
tribunales fiscales correspondientes.
Quinta Campaña

Mapa de la quinta y última campaña de Morelos
(1813-1815)Tras el cierre del Congreso, el cuerpo
legislativo se trasladó con Morelos a seguir la guerra.
Matamoros proponía atacar Puebla, considerada una ciudad
estratégica por el gobierno español, o bien Guadalajara
o la Ciudad de México. Sin embargo, Morelos se decidió
por Valladolid, su ciudad natal, y que había sido tomada
por Hidalgo en octubre de 1810, y reconquistada por las
fuerzas españolas en diciembre del mismo año. Mientras
tanto, Matamoros derrotó a una división española en El
Palmar y Nicolás Bravo hizo lo mismo en Coscomatepec.
Pero Venegas había sido removido del virreinato y en su
lugar había sido nombrado Calleja, quien se dio a la
tarea de reorganizar al ejército.
Morelos criticó una guerra de guerrillas que se había
desatado en Guanajuato y Michoacán, ya que, según sus
planes, la guerrilla no retenía segura ninguna
población. Rayón se opuso diciendo que los guerrilleros
conocían mejor el territorio que los realistas. En medio
de sus fricciones con Rayón, Morelos logró obtener
información sobre el territorio michoacano y logró
planear su estrategia de batalla. Ramón Rayón, hermano
de Ignacio, le ofreció apoyo y soldados, pero Morelos se
negó. Las dificultades tenidas con Rayón hicieron dudar
a Morelos sobre su victoria, ya que su familia era una
de las más respetadas en Michoacán. Morelos intentó
remediar la situación escribiendo una carta a Rayón,
pero éste no respondió. Finalmente, y tras tres años de
ausencia, Morelos llegó el 12 de diciembre a Carácuaro,
donde se enteró de que en abril de 1811, Brígida Almonte
había muerto de tuberculosis. Diez días más tarde,
Morelos acampó en los Llanos de Santa María, a pocas
leguas de Valladolid.

Fusilamiento de Matamoros en Valladolid, 3 de febrero de
1814.
El 23 de diciembre, Morelos, Bravo y Galeana
atacaron Valladolid, en un hecho conocido como la
Batalla de las Lomas de Santa María. Alrededor del medio
día, el ejército realista consiguió frustrar un ataque
conjunto de las tropas insurgentes, comandadas por
Galeana y Bravo, gracias a refuerzos realistas, que
llegaron desde la capital y que eran comandados por Ciriaco del Llano. Al día siguiente, 24 de diciembre
durante la noche de Navidad, Agustín de Iturbide y Del
Llano, lograron penetrar hasta el campamento insurgente,
y tras unos minutos de batalla, se retiraron dejando a
los insurgentes matándose entre ellos mismos. En este
acto, Juan Nepomuceno, hijo Morelos fue herido en un
brazo. Pocos días después, y aconsejado por varios de
sus militares, Morelos ordenó que una parte de su
ejército se presentara en Puruarán el 4 de enero de 1814
a detener a las fuerzas realistas, mientras él y la
parte restante del ejército huían. En la batalla de
Puruarán un soldado llamado Eusebio Rodríguez capturó a
Matamoros, y fue recompensado con 200 pesos oro. Tras un
juicio sumario en Valladolid, Matamoros fue fusilado en
el Portal de las Ánimas, el 3 de febrero, pese a que
Morelos había ofrecido al gobierno virreinal 300
soldados españoles a cambio de la vida de Matamoros.
El Congreso ordenó a Morelos marchar con su ejército
hasta Acapulco para efectuar la ejecución de los
prisioneros realistas ofrecidos en canje al gobierno
virreinal. Mientras tanto, el Congreso tomó la decisión
de despojar a Morelos del mando militar y del poder
ejecutivo, mientras que fue nombrado diputado por Nuevo
León, cuando se aumentó a dieciséis los miembros del
Congreso, al tiempo que Liceaga y Rayón volvieron a
dirigir tropas. El 24 de febrero, José Gabriel de
Armijo, derrotó a Morelos en la Batalla de
Tlacotepec.
El 22 de octubre de 1814, el
Congreso promulgó en Apatzingán la primera constitución en la Historia de
México. Morelos se había reconciliado con el Congreso
pocas semanas antes y colaboró en la corrección y
redacción de los últimos artículos. Debido a la
persecución del ejército realista, el Congreso redactó
la Constitución entre las haciendas de Tiripitío y Santa
Efigenia, y los principales redactores fueron José
Manuel de Herrera, Quintana Roo, José Sotero Castañeda,
Cornelio Ortiz de Zárate, Manuel de Aldrete y José María
Ponce de León, quienes incluyeron en el texto las
garantías individuales, aunque los ciudadanos deberían
estar sujetos al gobierno. El mismo día, se eligió al
Supremo Gobierno, se celebró un festín y Morelos afirmó
que era "el día más feliz de su vida"
Morelos, Liceaga y Cos asumieron el poder ejecutivo,
cuya principal tarea era planear la lucha insurgente
contra el ejército realista. Morelos se encargó de
fortificar el Cerro del Cóporo, donde años más tarde
Ramón Rayón derrotaría a Iturbide. En junio de 1814,
Hermenegildo Galeana acudió a la costa guerrerense, a
defender las posiciones conquistadas. El 27 de junio
sufrió un accidente al caer de su caballo. Fue capturado
por un soldado realista llamado Joaquín de León, quien
lo degolló al instante. Se dice que al conocer
Morelos la noticia de la muerte de
Galeana, exclamó "Se han acabado mis dos brazos, ya no
soy nada", haciendo referencia a Matamoros y Galeana.
El gobierno insurgente estableció comunicación con los
Estados Unidos de América, nombrando a José Manuel de
Herrera como su embajador, y a José Álvarez de Toledo,
cubano nacionalizado mexicano residente en Nueva
Orleáns, como cónsul en Nueva York.
En Puruarán, se creó la primera
bandera militar de la historia de México. Poco
tiempo después, salió la comitiva hacia Estados Unidos,
en la que iba el hijo de Morelos, que fue enviado a
estudiar por su padre.
El 7 de marzo de 1815, se llevó a cabo en Ario,
Michoacán, la instalación del Supremo Tribunal de
Justicia, con lo que quedaban completos los tres poderes
de la unión. El ejército realista, en la persona de
Iturbide, empezó una persecución implacable contra
ellos, puesto que Fernando VII había vuelto de su
cautiverio en Bayona, Francia y se había derogado la
Constitución de Cádiz.
El Congreso comisionó a Rosaíns levantar tropas por
Veracruz y Puebla, zona donde Ignacio López Rayón se
encontraba con mucho poder y con la misma comisión. Esto
produjo conflicto ya que Rayón presumía de antigüedad al
haber servido a Hidalgo. Durante un largo plazo, hubo
serias discordias insurgentes, que acabaron con la
derrota de Rosaíns. Morelos y el Congreso lo culparon de
las derrotas, y estuvo a punto de ser fusilado, pero
gracias a la intervención de Liceaga fue salvado.
Mientras tanto, Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria y
Manuel Mier y Terán, lograron apoderarse de todo
Veracruz.
Otras discordias se produjeron dentro del Congreso, ya
que José María Cos, había logrado conseguir el mando de
unas tropas en Pachuca, donde expidió un manifiesto
llamando a sus tropas a desconocer al Congreso y que el
mando militar le fuera restituido a Morelos y Rayón. El
Congreso ordenó a Morelos capturar a Cos, mientras éste
ordenó a su tropa que lo defendiese, pero en lugar de
hacerlo, lo entregaron a Morelos, quien ordenó su
ejecución. Pedro Herrera, cura de Uruapan y antiguo
maestro de Morelos, intercedió por Cos y finalmente no
fue fusilado.
El gobierno del Virreinato se estaba fortaleciendo
debido a que en 1814, Fernando VII regresó de su exilio
en Bayona, Francia, después de que las tropas españolas
vencieran en la Guerra de Independencia de España.
Muchas tropas que combatieron contra las fuerzas de
Napoleón, llegaron a México a reforzar a las tropas
realistas. Bajo el mando de militares como José Gabriel
de Armijo, los realistas lograron reconquistar Oaxaca y
Acapulco, en julio de 1815. Calleja ordenó a las fuerzas
realistas atacar al Congreso y al Tribunal de Justicia.
Por ello, el Congreso acordó trasladarse a Tehuacán,
Puebla, el 29 de septiembre de 1815, custodiados por una
caravana dirigida por Morelos y Bravo.
Juicio y ejecución

Captura de Morelos en Tezmalaca, Puebla, 5 de noviembre
de 1815.
El 5 de noviembre de 1815, Morelos fue capturado
en Tezmalaca, Puebla, por las tropas españolas al mando
del teniente general Manuel de la Concha. Durante la
marcha del Congreso hacia Tehuacán, las tropas
realistas, situadas en el municipio guerrerense de
Atenango del Río, supieron el desplazamiento de los
insurgentes a Tehuacán. De inmediato, Manuel de la
Concha salió de la guarnición al amanecer junto con una
brigada de aproximadamente 500 hombres. Pocas horas
después lograron alcanzar a las fuerzas insurgentes
comandadas por Morelos, quien iba al centro y Bravo, en
la retaguardia. El Congreso, que viajaba con ellos,
logró evadir la captura realista gracias a los esfuerzos
de las tropas de Bravo. Morelos intentó salvar la vida
de uno de sus soldados y en ese momento fue aprehendido
por 10 soldados realistas. No era la primera vez que
Morelos era capturado, ya que en la acción militar de
Lomas de Santa María fue aprehendido por un soldado
realista, pero las tropas de Matamoros lo salvaron antes
de ser conducido al campamento realista.

Grabado realizado en 1870, con Morelos en la Cárcel del
Arzobispado.
El comandante de la división que capturó a
Morelos en Tezmalaca fue Matías Carranco, antiguo
militar insurgente que desertó en 1812. Morelos le dijo,
al reconocerlo "Señor Carranco, parece que nos
conocemos", y después le regaló un reloj. Acto seguido,
Morelos y 200 prisioneros insurgentes más, fueron
conducidos ante Manuel de la Concha, quien procedió a
dictar el comunicado que se envió al Ministerio de
Guerra, en Valencia, España, y a la Ciudad de México.
Asimismo, ordenó el fusilamiento de 150 de los 200
prisioneros insurgentes, quienes fueron ejecutados en
presencia de Morelos. Los 50 insurgentes restantes
fueron enviados como esclavos a Manila.
En México, la noticia se supo el 9 de noviembre, y se
mandó celebrar con un Te Deum, celebrado por el
arzobispo Pedro de Fonte. A pesar de que la ley y el
Derecho Canónico, permitían ejecutar a los eclesiásticos
que fueran sorprendidos con las armas en la mano,
Calleja, la Inquisición Española, y el gobierno, vieron
en su captura la posibilidad de juzgar a toda la
insurgencia. A pesar de que Manuel de la Concha pidió
que el juicio se realizara en Puebla, Calleja ordenó que
fuera en la capital. Morelos llegó a la Ciudad de México
el 13 de noviembre de 1815.
El primer juicio realizado a Morelos fue el Proceso de
las Jurisdicciones Unidas, realizada entre el 14 y el 23
de noviembre, presidido por el auditor de guerra Miguel
Bataller, y por el representante del arzobispado, Félix
Flores Alatorre. El gobierno consideró prudente
otorgarle un defensor, y la responsabilidad cayó en
manos del abogado vallisoletano José María Quiles. La
principal acusación realizada hacia Morelos fue la de
haber incurrido en el delito de alta traición al rey, la
patria y Dios, sabotaje del virreinato y provocar
muertes y destrozos. En su contestación, Morelos
respondió diciendo "En España ya no había rey, se fue a
su casa de Francia, pero si bien regresó, volvió al
trono como un déspota contaminado de irreligiosidad".
Después se le siguió el juicio eclesiástico, donde fue
acusado de violar el celibato al tener 3 hijos
ilegítimos, de no hacer caso de las excomuniones
levantadas en su contra por el obispo michoacano Manuel
Abad y Queipo. En una carta dirigida al inquisidor
Antonio Bergoza y Jordán, (que era obispo de Oaxaca en
1812, cuando el Ejército Insurgente tomó la ciudad),
Morelos expresó que las excomuniones sólo eran válidas
en caso de que el Papa o un concilio las dictara. Por
decreto del Tribunal de la Inquisición, de fecha 23 de
noviembre, Morelos fue condenado a la degradación
religiosa.

La degradación religiosa de Morelos se llevó a cabo el
27 de noviembre de 1815, y fue en audiencia pública.
El
17 de noviembre, Ignacio Alas fue nombrado por el
Congreso como sustituto de Morelos, y este mismo cuerpo
legislativo envió al virrey Calleja una carta, fechada
el 20 de noviembre, solicitando el perdón para Morelos.
El 24 de noviembre, los obispos de Puebla, Durango y
Oaxaca, fueron recibidos en una entrevista privada por
Calleja, a quien le pidieron no aplicar la pena de
muerte a Morelos. Quiles solicitó ese mismo día a
Morelos información acerca del ejército insurgente.
Pedro de Fonte, arzobispo de México, nombró la junta
canónica que procedería a degradar a Morelos. Calleja,
quien estaba inquietado debido a que el carcelero Manuel
Flores le informó que existían planes de asesinarlo,
decidió disfrazarse de militar e ir a visitar a Morelos.
La tarde del 27 de noviembre, en la Capilla del Santo
Oficio, que actualmente es la Escuela de Medicina,
Morelos fue conducido a degradación pública, oficiada
por el Inquisidor General Antonio Bergoza. Morelos
vestía una sotana amarilla de menor talla que, según
Lucas Alamán, quien presenció la escena, "le hacía ver
mal". Bergoza pronunció en latín las palabras de la
degradación, cuya traducción al idioma español, sería
"Apartamos de ti la facultad de ofrecer el sacrificio a
Dios, y de celebrar la misa. Con esta raspadura, te
quitamos la potestad, que habías recibido en la unción
de las manos. Te despojamos con razón del vestido
sacerdotal. Te privamos del orden levítico, porque no
cumpliste tu ministerio dentro de él. Como a hijo
ingrato, te echamos de la herencia del señor". La
narración de Alamán dice que Morelos derramó lágrimas al
momento de ser degradado, pero Bustamante desmiente esto
al decir que quien lloró fue Bergoza, pues sentía
admiración hacia Morelos.
La Inquisición siguió un proceso a Morelos desde el 29
de noviembre. Los principales argumentos usados por los
inquisidores fueron sofismas, pero el más usado fue la
firma de la Constitución de Apatzingán, que había sido
condenada en Roma por Pío VII, y se acusó de contener
ideas contrarias a la fe católica. De acuerdo a una
entrevista publicada en la declaración de Calleja ante
el rey en 1822, el principal motivo del juicio
inquisitorial a Morelos fue desprestigiarlo ante la
población pues se le acusaba de mal católico y mal
ciudadano.

Fusilamiento de Morelos.
El arzobispo Pedro de Fonte
redactó la retractación que Morelos debía firmar para
que se le concediera el perdón del gobierno. A pesar de
que Morelos reconoció no haber caído en ninguna herejía,
la Inquisición le declaró hereje el día de su
degradación y le condenó a reclusión perpetua en un
convento africano. Fonte visitó a Morelos para exigirle
la firma de su retractación, y tras varios días, la
retractación firmada por Morelos comenzó a circular el
10 de diciembre. El día 12 de diciembre, Calleja recibió
una carta de Morelos indicándole estrategias y lugares
clave para el Ejército Insurgente.
La madrugada del 21 de diciembre, Calleja dictó la
sentencia de muerte para Morelos, y el coronel De la
Concha, su captor, fue el encargado de ir a la prisión y
leerla a Morelos, quien la escuchó de rodillas.
Recordaba que hacía 18 años, en esa misma fecha y de
rodillas también, recibió la unción sacerdotal.

Ofrenda al busto de Morelos en un aniversario luctuoso,
en el lugar de su nacimiento.
El viernes 22 de diciembre,
alrededor de las seis de la mañana Morelos despertó en
su celda, comió un pan con café, y después fue
encadenado de manos y pies, subió a una carroza
custodiada por 50 soldados y marchó a Ecatepec, donde se
realizaría la ejecución, por orden de Calleja, ya que se
podía presentar un motín. Al pasar por la Basílica de
Guadalupe, intentó hincarse pero el peso de las cadenas
se lo impidió. Tras un largo viaje, llegó a Ecatepec a
la una de la tarde. El sacerdote, Miguel Salazar, fue
comisionado por Manuel de la Concha para confesar a
Morelos y preparar su sepultura. Después de comer,
Morelos conversó un poco con Salazar y De la Concha, y
posteriormente se confesó. Antes de pasar al paredón,
rezó el salmo 51 y posteriormente tocaron los tambores.
Morelos abrazó a Concha, se vendó los ojos, tomó un
crucifijo y exclamó: "Señor, si he obrado bien, tú lo
sabes, pero si he obrado mal, yo me acojo a tu infinita
misericordia". Acto seguido se hincó con la espalda al
pelotón. A la voz de mando sonaron dos descargas.
Oficialmente, a las cuatro de la tarde del viernes 22 de
diciembre de 1815, José María Morelos y Pavón había
muerto. Sus restos descansan en la Columna a la
Independencia, en la Ciudad de México.
Legado

Estatua erigida en 1947 a Morelos en la isla michoacana
de Janitzio.

Estatua que Maximiliano de Habsburgo, mandó erigir en
1865 a la memoria de Morelos, durante el centenario de
su natalicio.
Según
cuenta la leyenda el general Napoleón Bonaparte,
emperador de Francia exclamó, durante la campaña de
1812: "Con cinco generales como Morelos conquistaría el
mundo". También sus propios adversarios lo reconocían
como militar. El virrey Francisco Xavier Venegas lo
describió como "el principal corifeo de la insurrección,
y ha sido en ella el genio de mayor firmeza, recursos y
astucia".
En su honor el gobierno mexicano ha nombrado muchos
lugares con su nombre. El caso más conocido es el de su
ciudad natal, Valladolid, renombrada en 12 de septiembre
de 1828 como Morelia, por decreto del Congreso local. También, el Estado de Morelos fue nombrado el
21 de enero de 1869, en honor a él, por decreto del
presidente Benito Juárez. El emperador Maximiliano de Habsburgo, decretó que en 1865, centenario de su
nacimiento, se le erigiera una estatua ecuestre en
Morelia, que aún hoy permanece ahí. Entre 1947 y 1970 su
efigie apareció en los billetes de 50 pesos mexicanos y
entre 1971 y 1992, en las monedas de 1 peso. Durante la
Segunda Guerra Mundial, un navío de guerra
estadounidense fue nombrado en su honor como "SS José M.
Morelos". Asimismo, el cine mexicano, le ha representado
en varias ocasiones. En 1943, Miguel Contreras Torres,
dirigió las cintas El padre Morelos y El rayo del sur,
ambas estelarizadas por el actor Domingo Soler.
Las telenovelas de corte histórico como Los Caudillos
(1968) y La antorcha encendida (1996), le otorgaron un
papel estelar. En la primera el papel de Morelos fue
desarrollado por Narciso Busquets y en la segunda por
Sergio Reynoso.
Descendientes
Juan Nepomuceno Almonte: militar,
político y diplomático mexicano, veterano de la Batalla
de El Álamo y partidario del emperador Maximiliano I.
Manuel Jacobo Sosa Pavón: Militar mexicano que participó
en la Revolución
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