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Historia de San Luís Potosí
En la época prehispánica sólo dos pueblos
ocuparon el territorio del actual estado de San Luís Potosí:
chichimecas y huastecas. De ambos se ignoran las fechas y las
circunstancias de su llegada. Los primeros debieron internarse en el
altiplano hacia el siglo XIII, cuando sobrevino la destrucción de
Tula o poco después, y los segundos, de origen maya, tal vez
entraron primero al valle de San Luís Potosí y después se asentaron
en la zona oriental de la entidad, donde todavía perduran. A la
llegada de los conquistadores los chichimecas ocupaban toda la
región occidental.
El descubrimiento y conquista del actual territorio de San Luís
Potosí se hizo por tres caminos, en distintas fechas y por
diferentes expediciones. Después de la caída de la Gran Tenochtitlan
(13 de agosto de 1521), Hernán Cortés quiso asegurar algunas
entradas y salidas por el mar y extender su dominio a las partes que
quedaban entre la capital y la costa. Ya tenía noticias de los
huastecos, por una parte y, por otra, sabía que Francisco de Garay
deseaba la posesión de los pueblos vecinos a Pánico.
Cuando los españoles llegaron a la Gran Chichimeca provocaron la
resistencia, larga y sangrienta, de estos indígenas, justo cuando
los descubrimientos de las minas de Zacatecas en 1546 y de
Guanajuato en 1552 atraían a los pobladores hacia el norte. En 1550
empezó la llamada Guerra Chichimeca, que duró cuarenta años. En
aquel tiempo, los bárbaros asolaban los caminos, asaltaban y mataban
tanto a los españoles como a los indios. Paralelamente al
crecimiento de otras poblaciones, muchas otras desaparecían o eran
abandonadas por sus habitantes. La guerra, que representó un alto
costo en vidas y en recursos materiales, impidió durante años la
conquista del altiplano potosino.
Hacia 1583, llegó al altiplano el capitán mestizo Miguel Caldera.
Con él se inició -después de haber comprobado lo costoso e inútil de
la guerra- una nueva política de pacificación de los bárbaros a base
de diplomacia y de regalos.
En el año de 1590, gracias a la intervención de fray Diego de la
Magdalena y a Miguel Caldera, toda la región guachichila estaba ya
pacificada. En aquel año, en el pueblo de San Luís, ambos reunieron
a los caciques indígenas para conducirlos a México. El virrey Luís
de Velasco decidió que indios tlaxcaltecas por completo
evangelizados fueran a convivir con los guachichiles, para que
sirvieran de ejemplo y les enseñaran la cristiandad y las buenas
costumbres y oficios. Por tal razón, en 1591 se trasladaron 400
familias a territorio bárbaro y se establecieron en San Luís,
Mexquitic, Venado y diversos puntos al norte, hasta Saltillo.
El 27 de agosto de 1592, el virrey nombró alcalde mayor de San Luís
a Juan de Oñate, y tanto a él como a Miguel Caldera les dio
instrucciones para señalar y repartir solares. De este modo, el 3 de
noviembre de ese año se fundó San Luís de Mezquitic, mejor conocido
como San Luís Potosí.
Al iniciar el siglo XVI, todo el estado se encontraba descubierto,
conquistado y en proceso de aculturación.
Durante la dominación española San Luís Potosí tuvo tres
características distintas conforme a la región. En la Huasteca, no
obstante las encomiendas creadas por Hernán Cortés, no se crearon
grandes latifundios, debido al clima, a lo escabroso del medio
físico y a los asentamientos indígenas prexistentes; la economía
estaba basada en la agricultura y la evangelización fue sumamente
lenta.
En el Altiplano se formaron varios pueblos indígenas, cuya vida
dependía de la pequeña propiedad, y otras comunidades que de manera
directa o indirecta dependían de las minas.
Hacia 1767 estallaron repentinamente en San Luís Potosí, una serie
de motines llamados “los tumultos”.
El 4 de diciembre de 1786, el virrey José de Gálvez promulgó la
Ordenanza de Intendentes y, de acuerdo con ella, la Nueva España
quedó repartida en 12 intendencias que tomaron el nombre de sus
capitales. La de San Luís Potosí se creó con los pueblos de su
antigua Alcaldía Mayor y el agregado de Guadalcázar y el 16 de
septiembre de 1810.
gracias a un enviado de Miguel Hidalgo que llegó a Tierranueva con
la encomienda de convocar la rebelión, supo el encargado del
regimiento de San Luís, José Gabriel Armijo, lo sucedido en Dolores.
El día 18, en cuanto el intendente Manuel Jacinto de Acevedo se
enteró de las noticias, lo comunicó al comandante de las armas,
Félix Calleja quien se encontraba en la hacienda de Bledos. Calleja
se trasladó al valle de San Francisco, comprobó las noticias,
comenzó a reclutar gente de las haciendas vecinas y se dirigió a San
Luís. Simultáneamente encarceló a los sospechosos, concentró los
cuerpos de la brigada a su mando y solicitó voluntarios. De esta
forma se constituyó un ejército de 7 mil hombres.
En ausencia de Calleja se expresó la simpatía por la causa
insurgente mediante la publicación de pasquines, al poco tiempo,
logró formarse después del 16 de septiembre, un foco revolucionario
espontáneo alrededor de Luís Herrera y del fraile carmelita Gregorio
de la Concepción.
En febrero de 1812, un grupo de revolucionarios penetró en Río Verde
y saqueó la población, aunque inmediatamente la persiguió y
desintegró Arredondo. De esta manera quedó pacificada la provincia
por un largo período.
En 1817, el español Francisco Javier Mina, un mes después de haber
desembarcado en Soto la Marina y de haberse apoderado de 700
caballos, inició una brillante campaña al derrotar al coronel
Villaseñor, en Ciudad de Maíz, el 8 de junio. De allí pasó al
interior y a pesar de los pocos miembros que conformaban su tropa,
Mina derrotó completamente a los realistas el 15 de junio. De ahí se
fue a Moctezuma, Espíritu Santo y Pinos, en busca de los insurgentes
que se encontraban en el interior; se unió a Pedro Moreno, que se
encontraba en el fuerte Del Sombrero y el día 27 de octubre fue
aprehendido y fusilado.
En 1811, después de muertos los principales caudillos insurgentes,
la provincia se mantuvo en paz. A pesar de que sólo hubo algunos
levantamientos en diversos lugares, ocurrieron en cambio muchas
ejecuciones: en 1814, en cinco meses, se fusiló a 172 insurgentes.
En marzo de 1820 los capitanes Nicolás Acosta, José Márquez y Manuel
Tovar, al grito de “¡Viva la Independencia!” “¡Viva el coronel
Iturbide!”, salieron de la ciudad con menos de 100 hombres de la
guarnición, se dirigieron al valle de San Francisco donde
proclamaron públicamente su adhesión al Plan de Iguala; de ahí se
encaminaron hasta el Bajío y se integraron a las fuerzas de
Anastasio Bustamante.
Manuel Jacinto de Acevedo continuó figurando como intendente y el 2
de mayo de 1822, cuando se retiró, lo sucedió Ignacio López Rayón.
El 29 de septiembre del mismo año se hizo la jura de Agustín I,
emperador de México.
Los revolucionarios antiturbidistas de Santa Anna y de Casa Mata no
encontraron apoyo en los habitantes de San Luís Potosí. No obstante,
el 2 de marzo de 1823, la guarnición se pronunció a favor del Plan
de Casa Mata y destituyó al comandante Zenón Fernández. Santa Anna
entonces, partió de Veracruz para Tampico con el fin de internarse
en San Luís Potosí con un ejército de 550 hombres.
Con la abdicación y destierro de Iturbide y la implantación del
sistema federal republicano, la provincia de San Luís Potosí quedó
constituida en Estado Libre e Independiente y se eligió el Congreso,
en cuyo primer decreto del 21 de abril de 1824, se nombró como
gobernador al entonces jefe político Ildefonso Díaz de León, y se
confirmó a las demás autoridades. El 26 de octubre de 1826 se juró
la primera Constitución del Estado.
En 1835 San Luís Potosí dejó de ser estado y se convirtió en
departamento. Aquel año Santa Anna atravesó San Luís Potosí para
combatir a los rebeldes de Texas, y aumentó su ejército con 1,500
hombres que se llevó.
En 1841 más de 400 bárbaros lipanes o comanches invadieron el norte
de la entidad y dejaron una secuela de muerte y robo. Después de
varios conflictos, en agosto de 1846 San Luís Potosí volvió de nueva
cuenta a ser Estado Libre y Soberano.
La guerra con Estados Unidos y la amenaza de que su ejército entrara
en la capital del Estado, al mismo tiempo que enardeció el
patriotismo le significó graves sacrificios a la entidad.
En 1849 cundió por todo el estado el cólera morbus, que provocó
miles de muertes.
En 1853 San Luís se sumó al Plan de Guadalajara y volvió a la
gubernatura el licenciado Ramón Adame.
El 16 de septiembre de 1855 se presentó el Himno Nacional Mexicano
con letra del potosino Francisco González Bocanegra y música del
español Jaime Nunó.
La revolución de Ayutla tuvo efectos en San Luís, con
pronunciamientos antes y después.
Durante la Guerra de Tres Años (1858-1860) el poder de la entidad lo
tuvieron alternativamente los conservadores y los liberales. Entre
las acciones de armas cabe mencionar la toma de Río Verde, por el
general Mejía, en donde capturó a Mariano Escobedo.
A principios de 1862, el presidente Benito Juárez declaró la ciudad
en estado de sitio y nombró comandante de la región al general Jesús
González Ortega. El propio mandatario una vez tomada Puebla por los
franceses, llegó a San Luís el 9 de junio de 1863 y ahí estableció
los poderes hasta el 22 de diciembre.
En enero de 1864 la ciudad firmó el acta de adhesión al imperio.
Cuando a fines de 1866 se alejaron los invasores, la corta
guarnición imperial se retiró a Querétaro y los republicanos
ocuparon la ciudad el 27 de diciembre.
A fines de la década de los 70, estallaron en La Huasteca diversas
sublevaciones. Los núcleos de dichas rebeliones fueron Tamazunchale
y Valle del Maíz.
De 1879 a 1883 unos tres mil indígenas, considerados anarquistas por
el gobernador Díez Gutiérrez, tuvieron en agitación constante la
región oriental del Estado. Igualmente en 1879 se sublevó el indio
Juan Santiago que pidió la restitución de tierras para las
comunidades poseedoras de títulos antiguos.
El trabajo previo del llamado Club Ponciano Arriaga, se desarrolló
con un criterio anticlerical. La declaración de Ignacio Montes de
Oca y Obregón, obispo de San Luís Potosí, en la que aseguró que el
gobierno del general Porfirio Díaz tenía con el clero una política
de conciliación, hasta el grado de que las leyes de Reforma no se
aplicaban para beneficio de los intereses de la iglesia, sirvió como
estímulo a todos los liberales del país y los puso en pie de lucha.
El mismo Ponciano Arriaga alentó a los que estaban decididos a
oponerse a los propósitos del clero, con el fin de que se
organizaran grupos semejantes en toda la República, convocándolos a
un Congreso de carácter liberal, que se realizó en San Luís Potosí
el 5 de febrero de 1901. El gobierno del general Porfirio Díaz hizo
todo lo posible por reprimir estas manifestaciones de la oposición,
a propósito de una reunión de los liberales, convocada en San Luís
Potosí, para el 24 de enero de 1902.
El enojo de los indígenas por tantos despojos los motivó a organizar
en el año 1905 una asonada en la hacienda de Minas Viejas, comandada
por Vicente Cedillo.
En agosto de 1910, los indígenas de Tamazunchale participaron en
otra breve revuelta que nada tuvo que ver con el estallido de la
revolución maderista en noviembre de ese año.
En 1910 Francisco I. Madero llegó preso a San Luís. Para que fuera
puesto en libertad intercedieron prominentes porfiristas, entre
ellos el obispo Montes de Oca y José María Espinosa y Cuevas, dueño
de una de las más extensas propiedades del país. Todo terminó con la
fuga del dirigente y la publicación, semanas después, del Plan de
San Luís, que sirvió de base a la Revolución.
En todo el Estado hubo enfrentamientos, asesinatos y saqueos. La
batalla más violenta tuvo lugar en Ébano, a donde marchó Tomás
Urbina, quien estuvo un tiempo al frente del gobierno de San Luís
Potosí.
Después de 1917 varios militares desempeñaron en esos años la
gubernatura. De las nuevas elecciones de 1923 resultaron dos
gobernadores: Jorge Prieto Laurens, en la capital; y Aurelio
Manrique en la región de Cárdenas y Río Verde.
Hacia 1925 Vicente Cedillo, quien por su apoyo al Plan de Agua
Prieta había quedado en buenos términos con Álvaro Obregón, recibió
la jefatura militar de San Luís Potosí e inició un largo cacicazgo.
El 15 de mayo de 1938, la legislatura de San Luís Potosí publicó un
decreto en el que desconocía al presidente Lázaro Cárdenas por su
incapacidad para gobernar, creyendo falsamente realizar la
independencia económica del país con un decreto que, visto bajo el
sentido práctico de la vida real, resulta un acto antieconómico,
antipolítico y antipatriótico... Esta alusión al decreto de
expropiación a las compañías petroleras, promulgado por Cárdenas el
18 de marzo de 1938, ponía de relieve los indisolubles lazos que
ligaban a Saturnino Cedillo y a sus cómplices con las fuerzas
imperialistas del exterior.
Ese mismo año Cedillo se levantó en armas contra el gobierno de
Lázaro Cárdenas, abanderando las fuerzas más oscuras que venían
luchando en México, desde el triunfo de la revolución, y que
pretendían dar al traste con las conquistas del pueblo mexicano. La
rebelión fue sofocada por las sola presencia del presidente de la
República en San Luís Potosí, sitio en que Cedillo había establecido
el centro de sus actividades.
La paz reinó en el país, una vez dominadas estas rebeliones y entró
en un período de normalidad.

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