La Muerte



 

Divagaciones sobre La muerte

La muerte es lo que único seguro que tenemos en esta vida.

Y como dice el dicho uno se salva del rayo pero no de la raya.

Aquí hablo  de  la muerte de manera simple, pero la muerte ha sido objeto de muchos tratados y discusiones filosóficas, psicológicas, sociales, y alrededor de ella se han creado mitos, creencias religiones, y en el arte tiene manifestaciones en la escultura, música, pintura, literatura, poesía, danza, teatro etc.

Cuando alguien muere queda su cuerpo y tenemos diferentes costumbres para él, como las culturas milenarias que trataban de preservarlo para prepararlo para su viaje a la inmortalidad,  otras culturas  simplemente los quemaban en un pira como parte de la ceremonia ritual, para otros pueblos comer el cuerpo es parte de sus costumbre, y  en caso extremo el comer el cuerpo puede ser una forma de supervivencia.

Para los simples mortales, nuestro cuerpo es enterrado o cremado, y según el poder económico, puede ser desde  fosas comunes, o usando féretros de cartón hasta   féretros de maderas  preciosas o recubiertos de oro, y con diversas ceremonias para honrar a la persona fallecida.

Antes si se enterraba inmediatamente había la posibilidad de enterrarlos vivos por  de ahí se dice, que empezó el mito de los muertos vivientes, y  se ingeniaron sistemas de aviso como un féretro desde el cual se podía tocar una campana exterior y lo desenterraran , también   se recomendaba velarlos, dando así  tiempo,  por si no había muerte real, la persona despertara evitando así ser enterrado vivo.

Ahora con la modernidad, hay  sistemas criogénicos para conservar el cuerpo y esperar que la ciencia avance de manera que lo pueda hacer de nuevo útil y convencer al dueño de regresar del mas allá.

La muerte no solo es un proceso natural, la muerte también se ha utilizado con otros fines, por ej. como prueba,  Dios le pidió a Abraham que sacrificara a Isaac, Y sacerdotes ofrendaban  las vidas de niños y doncellas  para pedirle a los Dioses mejores cosechas, los Aztecas ofrendaban al poderoso Dios Huitzilopochtli los corazones aun latiendo de los guerreros vencidos, o se sacrificaba  a la esposa y sirvientes del poderoso Muerto,  para que lo acompañaran a la otra vida, Y  Dios tomando el cuerpo Humano se deja sacrificar y a través de su muerte redime  a la Humanidad  librándola del pecado. También hay los que se convierten en armas de destrucción y tienen la esperanza de ser premiados en la otra vida, o los que se auto inmolan como medio  de protesta.

La muerte no es algo sencillo y temas como el  Aborto, el Suicidio, la Inmolación, la Pena de muerte, la Eutanasia, el Asesinato generan controversias éticas, morales y  legales.

Y Cuando llega la Muerte se abre una gran incógnita: ¿ que pasa después??

Hay diferentes teorías, hipótesis y creencias.

Una hipótesis  dice que la vida es similar a las crestas de las olas, que existen mientras dura la cresta o la vida, y después se vuelve al todo perdiendo la individualidad, o sea no hay nada después de la muerte como individuo.

Otros dicen qué el alma está reencarnando constantemente, y según como se haya comportado en la vida anterior, en la próxima reencarnación el estuche puede ser una piedra, una planta, un insecto o en un cuerpo humano de los cuales hay diferentes niveles.

Algunos dicen que se van cargando las culpas,  Karmas de una vida a otra.

También se dice que no solamente hay reencarnaciones,  si no, que hay vida entre las vidas, un espacio donde el alma tiene la opción de analizar su desempeño en la  vida que acaba de dejar, asesorado por maestros, y con la opción de programar la próxima vida, escogiendo el estuche, las condiciones, las habilidades, y el medio en donde quiere reencarnar.

Pero hay otros que dicen que hubo personas privilegiadas que tuvieron comunicación directa con las deidades, diciéndoles como es la otra vida, la forma en que debemos comportarnos en esta y las ceremonias y ritos que debemos realizar para tener un venturoso mas allá.

También dicen que no se llega así como así, El Alma debe recorrer un camino y sortear diferentes pruebas.

 Y nos dicen quien vendrá por nuestra  alma, que puede ser, la parca, las valquirias, los ángeles,  los demonios etc. y nos llevaran a ser juzgados.

Por lo que se ve las deidades ven el más allá de manera y condiciones diferentes, por lo que  sus representantes nos tratan de convencer de que sus afirmaciones son ciertas mediante artículos de Fe y so pena de castigos que duran toda la eternidad.

Pero ya en esta vida real ¿Cómo nos afecta la muerte?

Cuando nos es lejana la Muerte es impersonal y se convierte en  una estadística, una noticia, un evento social o un pretexto para el morbo.
Por ej.   Cuando decimos 100,000 muertos por tsunami, o decimos 35 muertos por una bomba de un terrorista que se autoinmoló,  etc.

Pero cuando la muerte es muy cercana,  a veces  el dolor que produce, no es por el ser querido que se va, sino es un sentimiento de abandono de no tener de quien depender y se convierte en dolor por autocompasión.

También ese dolor o llanto puede deberse a sentimientos de culpa, por haber o dejado de hacer algo, y ahora con la muerte de la persona querida es imposible realizarlos.

Otra opción es creer que  la persona querida está en mejor vida, que cumplió su ciclo, que nosotros ya tenemos alguien que nos reciba cuando nos toque irnos, alguien que verá por nosotros mientras vivamos, pero esta sensación de alegría también lleva la tristeza de no poder seguir compartiendo  de manera física con la persona que amamos, pero siempre su recuerdo y su espíritu vivirá en nuestros corazones.

¿Y que pasa con nuestra propia muerte?

Tenemos temor de la forma en que partiremos, ¿Que creemos que nos  pasará después de morir?

Pensamos en eso o no?

La muerte es algo muy personal, nuestra propia percepción, ya sea que tengamos hipótesis propias o nos adheríamos a teorías de aceptación masiva.

Para mi en los personal, el porque llegamos o a donde vamos quedan en segundo termino lo importante es que hacemos del espacio que disponemos aquí.

Creo que la mejor manera de recibir a la muerte es aprovechar  la oportunidad que tenemos de VIVIR, y estar en paz consigo mismo, y si no hay mas allá, esta vida la habremos vivido de la mejor manera posible dentro de nuestra imperfección, y si hubiera mas allá, pues ya se verá,  que es lo que uno tiene opción de hacer


 

Les invitamos a ver el siguiente video y los enlaces de Quesadilladeflor, con el tema de muerte en los panteones, de Anamaria Rabatte, En vida hermano en vida, una página que habla de los Dioses, y otra donde tenemos las diversas formas que en México celebramos el día de muertos, y algunas creencias de diferentes culturas sobre la muerte y sus emisarios.

 


Tánatos

En esta antigua escultura griega se aprecia Tánatos, entre Afrodita y Perséfone, que compiten por el alma de Adonis.

En la mitología griega, Tánatos (en griego antiguo T??at?? Thánatos, ‘muerte’) era la personificación de la muerte no violenta. Su toque era suave, como el de su hermano gemelo Hipnos, el sueño. La muerte violenta era el dominio de sus hermanas amantes de la sangre, las Keres, asiduas al campo de batalla. Su equivalente en la mitología romana era Mors.

Era una criatura de una oscuridad escalofriante usualmente representada como un joven alado con una tea encendida en la mano que se le apaga o se le cae Homero y Hesíodo le hacían hijo de Nix, la noche, y gemelo de Hipnos, insinuando que ambos hermanos discutían cada noche quién se llevaría a cada hombre, o que el Sueño anulaba cada noche a los mortales en un intento de imitar a su hermano mayor. Desempeña un papel pequeño en los mitos, pues quedó muy a la sombra de Hades, el señor de los muertos.

Los dos hermanos, famosos por la rapidez de sus actos, recibieron el encargo de Zeus de transportar el cuerpo de su hijo Sarpedón hasta Licia, para que pudiera recibir de sus familiares la sepultura que merecía. El rey de los dioses había concedido a su hijo una vida que abarcaba tres generaciones, y que terminó cuando Sarpedón acudió a la guerra de Troya al frente de los licios, donde fue muerto por Patroclo. Entonces Zeus pidió a Apolo que purificara su sangre en un río, untara su cuerpo con ambrosía, le vistieran como un inmortal y fuera llevado rápidamente a su tierra, mandato que cumplieron Tánatos e Hipnos.

Tánatos actuaba cumpliendo el destino que las Moiras dictaban para cada mortal. En una ocasión Admeto obtuvo de Apolo la gracia de que las moiras pudieran aceptar que cuando él estuviera a punto de morir, pudiera reemplazarle en su destino cualquier persona que lo aceptara voluntariamente. Cuando esto ocurrió, y tras recibir Admeto la negativa de sus padres, sólo su esposa Alcestis se ofreció a morir por él. Sin embargo Heracles retuvo a Tánatos por la fuerza, intentando persuadirle de que esperase a que a la joven le llegase su hora de forma natural. Tánatos repudiaba estas triquiñuelas de los dioses (especialmente Apolo) que interferían sus funciones, y tras esta pequeña derrota, reclamó el respeto debido y fue incluso capaz de llevarse al mismo Heracles cuando le llegó su turno.

En el arte, Tánatos era representado como un hombre joven con barba llevando una mariposa, una corona o una antorcha invertida en sus manos. A veces tiene dos alas y una espada sujeta a su cinturón.

Otros usos
En la teoría psicoanalítica, Tánatos es la pulsión de muerte, que se opone a Eros, la pulsión de vida. La «pulsión de muerte» identificada por Sigmund Freud, que señala un deseo de abandonar la lucha de la vida y volver a la quiescencia y la tumba. No debe confundirse con el impulso parecido del destruido.

Tanatología

Tanatología es la disciplina que estudia el fenómeno de la muerte en los seres humanos y está enfocada, no sólo, a establecer entre el enfermo en tránsito de muerte, su familia y el personal médico que lo atiende, un lazo de confianza, esperanza y buenos cuidados que ayuden a morir con dignidad.

Los objetivos de la tanatología se centran en la calidad de vida del enfermo, deben evitar tanto la prolongación innecesaria de la vida como su acortamiento deliberado. Es decir, deben de propiciar una "muerte adecuada", que se puede definir como aquella en la que hay:

Ausencia de sufrimiento.
Persistencia de las relaciones significativas del enfermo.
Intervalo permisible y aceptable para el dolor.
Alivio de los conflictos.
Ejercicio de opciones y oportunidades factibles para el enfermo.
Creencia del enfermo en la oportunidad.
Consumación, en la medida de lo posible, de los deseos predominantes y de los instintivos del enfermo.
Comprensión del enfermo de las limitaciones físicas que sufre.
Todo lo anterior, será dentro del marco del ideal del ego del paciente.
De esta manera, se llega a la conclusión de que el deber de la tanatología como rama de la medicina, consiste en facilitar toda la gama de cuidados paliativos terminales y ayudar a la familia del enfermo, a sobrellevar y elaborar el duelo producido por la muerte.

También, es obvio, se encarga como rama de la Medicina Forense, de estudiar y determinar las causas de la muerte. Sus mecanismos, su data de producción, etcétera. La fisiopatología en suma de la muerte. Es la parte de la medicina forense que se ocupa del individuo muerto.


Las Moiras o Parcas son seres pertenecientes a la mitología griega, personificación del destino o Anagké (su equivalente romano son las Parcas, personificación del Fatum). Aunque se las reconoce en ciertos pasajes como hijas de Zeus y Temis, es más probable, sin embargo que sean hijas de Nix, la Noche, diosa que concebía por sí sola (Teogonía de Hesíodo).

Las Moiras son tres, Cloto, Láquesis y Átropos, "la que hila", "la que asigna el destino" y "la inflexible". Son la personificación del destino, y su misión en el horizonte mitológico griego, es la de asignar el destino a los seres que nacen, deparándoles suertes y desgracias.

Como diosas del destino velan porque el destino de cada cual se cumpla, incluyendo el de los propios dioses. Asisten al nacimiento de cada ser, hilan su destino y predicen su futuro. Se las representaba como tres mujeres de aspecto severo: Cloto, con una rueca; Laquesis, con una pluma o un mundo y Átropos, con una balanza.

En los orígenes del mito estos espíritus estaban relacionados con el nacimiento. Ya que en el momento del nacimiento decidían cuál iba ser la vida del nacido, predestinaban sus actos y el momento de su muerte. Posteriormente el mito evolucionó a la forma que conocemos de las tres hermanas. El destino era determinado mediante un hilo de lana blanca o dorada para los momentos de felicidad, o de lana negra para los momentos de dolor. La más joven, Cloto, preside el momento del nacimiento y lleva el ovillo de lana con el que va hilando el destino de los hombres; la segunda en edad, Láquesis, enrolla el hilo en un carrete y dirige el curso de la vida y la anciana Átropos, la propia Parca, coge del carrete el hilo de la vida y lo corta con sus tijeras de oro sin respetar la edad, la riqueza, el poder, ni ninguna prerrogativa, y así ésta llega inevitablemente a su fin.

La representación más comúnmente usada era la de tres viejas hilanderas o unas melancólicas doncellas. Shakespeare se inspiró en este mito para crear las tres brujas que aparecen en Macbeth, cuya intervención es determinante en el destino del protagonista.

Son las Parcas de los romanos (Nona, Décima y Morta). La mitología nórdica cuenta con un equivalente: las Nornas.

Otra acepción: La moira se entiende en la mitología griega no sólo como las parcas sino como el destino en sí. Es la fatalidad que rige la vida y hechos de los héroes, como por ejemplo el ineludible karma que arrastra Edipo.


Las valquirias


La vigilia de la valquiria, por el pintor prerrafaelista Edward Robert Hughes

Hughes deja de lado el aspecto guerrero de la valquiria, y en cambio, la representa como una bella y joven mujer en un vestido etéreo. Sin embargo, sus armaduras y armas se encuentran presentes, sólo que puestas de lado e inutilizadas.Las valquirias son dísir, deidades femeninas menores que servían a Odín bajo el comando de Freyja, en la mitología nórdica. Su propósito era elegir a los más heroicos de aquellos caídos en batalla y llevarlos al Valhalla donde se convertían en einherjar. Esto era necesario ya que Odín precisaba guerreros para que luchasen a su lado en la batalla del fin del mundo, el Ragnarök. Su residencia habitual era el Vingólf, situado al lado del Valhalla. Dicho edificio contaba con quinientas cuarenta puertas por donde entraban los héroes caídos para que las guerreras los curasen, deleitasen con su belleza y donde también "sirven hidromiel (o cerveza) y cuidan de la vajilla y las vasijas para beber".

Parece, sin embargo, que no existía una distinción muy clara entre las valquirias y las nornas. Por ejemplo, Skuld es tanto una valquiria como una norna, y en la Darraðarljóð (líneas 1-52), las valquirias tejen las redes de la guerra. De acuerdo a la Edda prosaica (Gylfaginning 35), "Odín les manda valquirias a todas las batallas. Ellas asignan la muerte a los hombres y gobiernan la victoria. Gunnr y Róta [dos valquirias] y la norna más joven, llamada Skuld, siempre cabalgan para elegir quién deberá morir y para gobernar las matanzas".

Además, la licencia artística permitió que el término 'valquiria' se aplicase también a mujeres mortales en la poesía en nórdico antiguo, o citando la Skáldskaparmál de Snorri Sturluson en lo que respecta a la utilización de varios términos para las mujeres:
Las mujeres también son llamadas metafóricamente por los nombres de las Asynjur o de las valquirias o las nornas.

Etimología
La palabra "valquiria" deriva del nórdico antiguo valkyrja (plural "valkyrjur") y significa "la que elige a los caídos en batalla".

Orígenes
En los poemas mitológicos de la Edda poética las valquirias eran deidades sobrenaturales de ascendencia desconocida. Son descritas como doncellas escuderas que cabalgan en las filas de los dioses o sirven los tragos en el Valhalla; se les dan nombres significativos, como Skogul/Skögul ("lucha, furia"), Hlokk/Hlökk ("estruendo de batalla") y Gjoll/Göll ("grito de batalla").

Sin embargo, en los cantos heroicos, eran descritas como bandas de mujeres guerreras, entre las cuales sólo se nombraba a la líder. Ésta era invariablemente una mujer humana, la hermosa hija de un gran rey, a pesar de compartir algunas de las habilidades sobrenaturales de sus compañeras anónimas. En el primero de los tres cantos de Helgi, Helgi Hjörvarðsson es abordado por una banda de nueve valquirias cuya líder era Sváva, la hija de un rey llamado Eylimi. En el segundo y tercer canto, las valquirias son guiadas por Sigrún, la hija del rey Hogni. Posteriormente, se casa con el héroe Helgi Hundingsbani y da a luz a sus hijos. La más famosa de las valquirias, Brynhildr, es también una princesa humana. En la Sigrdrífumál (La balada de la que trae victoria) nunca se la nombra, siendo llamada simplemente Sigrdrífa (“la que trae victoria”), y sólo hay indicios de que no era una deidad; más aún, no se habla de su ascendencia. Sin embargo, en el pasaje correspondiente en la Saga Volsunga, se la identifica como Brynhildr, la hija del rey Budli (también se identifica a Sigrdrífa con Brynhildr en otro canto heroico, Helreið Brynhildar, o La cabalgata de Bryndhildr a Hel).

Representaciones
En el arte moderno, las valquirias a veces son representadas como hermosas doncellas escuderas sobre caballos alados, armadas con yelmos y lanzas. Sin embargo, el término "caballo de valquiria" era uno de los kenningar (un tipo de perífrasis escandinava) para lobo. Por ejemplo, la Piedra de Rök (Rökstenen de Rök, Östergötland) habla de "...donde el caballo de Gunnar ve carroña en el campo de batalla, donde yacen doce reyes" ("...hwar hæst? se Gunna? etu vettvangi á, kununga? twæi? tigi? swað á liggja.") Aquí GunnaR (o Gunnr) se presume que es una valquiria. En otras palabras, es probable que las valquirias no cabalgaran caballos alados, contrariamente al estereotipo, sino que sus monturas fueran manadas de lobos espantosos y beligerantes que buscaban los cuerpos de los guerreros muertos.


Shinigami

Shinigami es una personificación de la muerte en la mitología japonesa.

Los shinigamis son el equivalente japonés a las Valkirias o La Muerte en occidente. Según la mitología su función es velar y decidir quien muere y cómo, a veces hasta alimentándose de las almas humanas. Existe un gran misticismo alrededor de esta figura ,ya que no se puede delimitar si es buena o mala, aunque - en las narraciones - muchas veces sus decisiones parecen cruentas y horribles.
Pero a pesar de que las distintas religiones que les han dando un carácter demoníaco, su carácter es más neutral. Pertenecen a la casta baja de los dioses. Hay relatos que cuentan que estos dioses ayudaron a los humanos a cumplir ciertas tareas, y se dice que los shinigamis custodian la entrada a los dos Mundos en un plano que se podría denominar el Ethero.


La mayor parte de los escultores cristianos representan la muerte en figura de un esqueleto empuñando una guadaña y algunas veces, también un reloj de arena u otras armas. Los etruscos la pintaban con el rostro horrible o bajo una cabeza de Gorgona erizada de culebras o en figura de lobo rabioso. La más común de las alegorías de esta divinidad entre los romanos fue un genio triste e inmóvil con una antorcha apagada y vuelta del revés. Los helenos le daban un aspecto mucho menos lúgubre, según el emblema que se encuentra en algunas cornalinas: es un pie alado cerca de un caduceo y encima una mariposa que emprende el vuelo. El pie alado es indicio del que ya no existe y va a seguir a través del espacio a Mercurio y su caduceo; la mariposa es imagen del alma que sube al cielo.

La esfinge de la calavera o esfinge de la muerte (Acherontia atropos) es una especies de mariposa nocturna de la familia Sphingidae. Su nombre común alude al dibujo que tiene en el dorso del tórax y que se asemeja a una calavera humana.


Altares La Muerte en SLP Día de muertos La Catrina La llorona

La muerte y su cultura

Autores: Georgina Frontini, Veronica Zallio y Sofía Soto

China
Los chinos, al igual que otros pueblos del sudeste de Asia, creen en la inmortalidad del alma. Como tal, respetan no sólo a sus ancianos que aún viven, sino también a sus ancestros fallecidos. Cuando ocurre una muerte, se llevan a cabo ritos fúnebres elaborados –taoístas, budistas, o una combinación de ambos. Por respeto, los miembros de la familia se abstienen de comidas abundantes o celebraciones de cualquier tipo durante siete períodos de luto, cada uno de los cuales dura siete días.
En caso del fallecimiento de uno de los padres, abuelos o bisabuelos, cualquier miembro de la familia que tenga planes de casarse, debe hacerlo durante los primeros cien días después de la muerte, de lo contrario debe esperar un año para casarse. Después de que el período del funeral termina, los miembros de la familia continúan realizando ritos ceremoniales y rindiendo tributo al alma del fallecido en el aniversario de su muerte, el Día de los Difuntos y en otros festivales importantes.
Los funerales se efectúan en la forma de cremaciones o entierros; si la persona es enterrada, después de que hayan transcurrido unos siete años los huesos serán sacados ritualmente, limpiados y vueltos a enterrar.

Egipto
Lo más característico de las creencias egipcias, es la religión funeraria. Parece que los egipcios creyeron siempre en la otra vida. Las tumbas más primitivas contenían muestras de comida y equipamiento, y más tarde la decoración de las tumbas nos indica como concebían esa vida. En general la imaginaban semejante a la de este mundo, pero en mejor, con cacerías y cosechas abundantes, ricos banquetes y bellas muchachas.
Esa idea atravesó diversas etapas. Primero se pensó que el rey pasaba su vida de ultratumba junto a Re, el dios sol, recorriendo diariamente el cielo con él.
Pronto, sin embargo, su futuro quedó vinculado al dios Osiris, y cada rey, al morir, se identificaba con él. Este privilegio se fue extendiendo gradualmente, primero a los nobles y luego a todas las clases, de manera que todo hombre al morir se identificaba en cierto modo con Osiris.
Una buena conducta aseguraba un transito seguro al más allá. Hay muchas representaciones de escenas de este juicio, en las que el corazón del difunto es pesado en una balanza, teniendo como contrapeso una pluma que representa la verdad. El resultado era consignado por Thot, el escriba de los dioses, en presencia de Osiris, y los que no daban el peso eran destruidos para siempre.
Los egipcios sabían naturalmente que el cuerpo del difunto permanecía en este mundo y que era el espíritu del muerto el que se iba al más allá. Pero pensaban que éste último necesitaba del cuerpo como de una base, y por eso ensayaron distintos y complicados métodos para preservar el cuerpo con la momificación, aunque en casos extremos una estatua o un retrato del desaparecido podían servir como sustituto.
Los antiguos egipcios creían que el individuo tenía dos espíritus. Cuando fallece, uno va al más allá y el segundo queda vagando en el espacio, por lo que tiene necesidad de comer. Consideraban que este espíritu vivía en el cuerpo que ellos cuidadosamente habían embalsamado, de esta manera el espíritu podía seguir existiendo. Este espíritu era quien recibía las ofrendas.
Paralelamente a la evolución de las creencias se va complicando cada vez más la practica de la inhumación. Las cámaras de las tumbas se hacen más numerosas y se aumentan los conjuntos piramidales.
La mayor parte de nuestros conocimientos sobre la religión, particularmente sobre las creencias funerarias egipcias durante el Imperio Antiguo, se ha sacado de los llamados textos de las pirámides. Estos textos constituyen una colección de formulas destinadas a procurar al muerto la forma de resolver todas las dificultades que pudiera encontrar en el más allá. Posteriormente, muchas de las formulas de los textos de las pirámides pasaron a los textos de los sarcófagos del Imperio Medio, y por su mediación, al Libro de los muertos del Imperio Nuevo.

Catolicismo
Para los católicos, la muerte forma parte de la vida; no es una ruptura especialmente importante. Se fían de Jesús que dio su vida por ellos para que tener vida eterna. Creen que Jesús resucitó y también resucitaran con Él.
Los católicos afrontan la muerte con serenidad, con confianza. Sienten que la muerte no es "nada del otro mundo". Se fijan en Jesús cuando vio que su muerte se aproximaba y tratan de tener sus mismas actitudes y su confianza en el Padre Dios.
Los cristianos saben que todo no acaba con la muerte. Sienten que el amor es más fuerte que la muerte.
La vida eterna no es igual a esta vida.
Cada persona que muere vivirá en la vida eterna lo que ha elegido previamente en esta vida. Jesús les da la salvación (la vida eterna), pero no nos obliga a aceptarla.
Creen que tienen un alma inmortal creada por Dios que no muere con la muerte sino que pervive en una vida eterna.
Los cristianos piensan que, al morir, el cuerpo se corrompe, pero el alma (ente espiritual) va hacia Dios. Entonces tiene lugar el juicio de cada uno. ¿Hemos sido buenos? Vamos al cielo. Si hemos vivido en pecado mortal iremos al infierno, aunque cabe la posibilidad de ir al purgatorio, el lugar donde se purifican los pecados veniales (menos importantes) que hemos cometido.
Desde la tierra, los amigos y familiares pueden ayudarnos a entrar en el cielo a través de los rezos y las misas.

Musulmanes
Los musulmanes también creen que, después de la muerte, serán juzgados según sus obras. Sus buenas o malas acciones les llevarán al cielo o al infierno.

El profeta más importante de esta religión, Mahoma, el que entregó el mensaje de Dios o Alá a la Humanidad, intervendrá para que no se condenen en un infierno de siete pisos. Sólo hay una cosa que Dios no perdona y es que crean en otras divinidades. Una persona que diga que es musulmán y no lo sea comete un pecado tan grave que nada puede salvarlo.

Budismo
El budismo contempla a la muerte como una transición o entre estado (en tibetano bardo), que consta de cuatro principales transiciones:
La primera es la de la vida, que inicia cuando acontece la concepción y termina cuando el individuo se encuentra con las causas de su muerte.
La segunda, el bardo doloroso de la muerte, comienza cuando el individuo se encuentra con las condiciones que propiciarán su muerte y termina cuando todos los factores constitutivos físicos y mentales de la persona se colapsan.
La tercera recibe el nombre de bardo luminoso de la realidad, comienza en el instante mismo en que la mente se separa del cuerpo y por un breve momento aflora la estructura primaria de la conciencia, que es una mente muy sutil similar a la que se obtiene en el momento en que se alcanza lo que el budismo llama la budeidad o plena actualización del potencial humano; si en este punto el individuo es capaz de reconocer y estabilizar dicha mente, podrá aprovechar ese proceso como un medio para obtener la iluminación o budeidad, de lo contrario, automáticamente caerá en un estado de inconsciencia y transitará al siguiente bardo.
La cuarta y última transición o entre estado es el del karma del renacimiento, también llamado bardo kármico del existir; durante este proceso la fuerza de los impulsos y hábitos mentales que el individuo cultivó a lo largo de su vida sirven como fuerzas de navegación del periodo entre la vida y la muerte y propician el proceso del renacimiento.
Generalmente pensamos que no es posible explorar la muerte porque nadie ha vuelto de ella, sin embargo esta es una idea occidental, ya que el mundo indotibetano posee metodologías para trabajar con estados subconscientes tales como el sueño y la muerte. Existen individuos que retornan del proceso del morir gracias a que mientras están vivos practican las yogas que les permiten separar lúcidamente a la mente del cuerpo con base en la simulación de la fisiología del morir, pudiendo así atravesar el estado intermedio entre la vida y el renacimiento sin necesariamente estar muertos.
La tradición budista sostiene que la muerte es una realidad que debemos contemplar para poder vivir nuestra vida con integridad; cuando la persona no está del todo consciente de que morirá tiende a cometer el grave error de desperdiciar su vida al permitir que afloren de manera recurrente las emociones y actitudes perturbadas, tales como los rencores y el egocentrismo, sin percatarse de que al final, todas estas variables no se las podrá llevar al morir.

Hinduismo
En el pensamiento religioso del hinduismo, la muerte consiste en la unión del alma individual con el alma Universal, por lo que se cree que en la muerte se pasa no a otra vida como la que conocemos en la Tierra, sino a otra forma de existencia, que es esencialmente espiritual y aún desconocida, una forma distinta de existencia basada en la unión con el "Absoluto" o Principio Supremo.


La Divina comedia

La Divina Comedia es considerada como una de las obras maestras de la literatura italiana y literatura mundial. Numerosos pintores de todos los tiempos crearon ilustraciones sobre ella; destacan Botticelli, Gustave Doré, Dalí y William Adolphe Bouguereau. Dante Alighieri la escribió en el dialecto toscano, matriz del italiano actual el cual se usó entre los siglos XI y XII..

Estructura
Cada una de sus partes está dividida en cantos, a su vez compuestos de tercetos. La composición del poema se ordena según el simbolismo del número tres (número que simboliza la trinidad sagrada, Padre, Hijo y Espíritu Santo, así como también el número tres simboliza el equilibrio y la estabilidad en algunas culturas, y que también tiene relación con el triángulo): tres personajes principales, Dante, que personifica al hombre, Beatriz, que personifica a la fe, y Virgilio, que personifica a la razón; la estrofa tiene tres versos y cada una de las tres partes cuenta con treinta y tres cantos. Adicionalmente, Dante utiliza el número 10 como cabalístico (como número pitagórico), hecho que vemos en los cien cantos de la comedia (33 en cada reino más el canto introductorio) o en los diez niveles del infierno (nueve círculos más el anteinfierno de los indiferentes). La estructura matemática de la Divina comedia, por otra parte, es mucho más compleja de lo que aquí se esboza. El poema puede leerse según los cuatro significados que se atribuyen a los textos sagrados: literal, moral, alegórico y anagógico. En este poema, Dante hace gala además de un gran poder de síntesis que es característico de los grandes poetas.

Infierno
Infierno, Canto 1 (por Gustave Doré)Texto completo: Cantos del Infierno.

La primera parte narra el descenso del autor al Infierno, acompañado por el poeta latino Virgilio, autor de la Eneida, a quien Dante admiraba. Acompañado por su maestro y guía, describe al infierno que tenía una forma de un cono con la punta hacia abajo y los nueve círculos que poseía en los que son sometidos a castigo los condenados, según la gravedad de los pecados cometidos en vida, en el último círculo "judesco", Dante describe que había una especie de palacio en el cual se hallaban los que traicionaban a sus bienhechores y allí se encontraba Lucifer, él lo describe como un demonio de tres cabezas y dentro de la boca de la principal se hallaba Judas, al cual mordía con sus filudos colmillos como un juguete de plástico, y se escuchaban gritos de dolor por parte de Judas. Dante encuentra en el Infierno a muchos personajes antiguos, pero también de su época, y cada uno de ellos narra su historia brevemente a cambio de que Dante prometa mantener vivo su recuerdo en el mundo; cada castigo se ajusta a la naturaleza de su falta y se repite eternamente. Es particularmente recordada la historia de Paolo y Francesca, amantes adúlteros que se conocieron al leer en el libro de Lanzarote, los amores de la reina Ginebra y esta persona, que fue motivo de inspiración y homenaje por poetas románticos y contemporáneos, así como la historia del conde Ugolino da Pisa, el último viaje de Ulises, tránsito por el bosque de los suicidas, la travesía del desierto donde llueve el fuego y la llanura de hielo de los traidores, estos últimos, considerados los peores pecadores entre todos.

Purgatorio
Dante en el Purgatorio.Texto completo: Cantos del Purgatorio

En la segunda parte, Dante y Virgilio atraviesan el Purgatorio, y allí se despiden, pues a Virgilio, un pagano, no le está permitido entrar al Paraíso. La despedida de ambos es señalada por muchos críticos como uno de los momentos más conmovedores del libro. El purgatorio es una montaña de cumbre plana cuyas laderas son escalonadas y redondas, simétricamente al Infierno. En cada escalón se redime un pecado, pero los que lo redimen están contentos porque poseen esperanza. Dante se va purificando de sus pecados en cada nivel porque un ángel en cada uno le va borrando una letra de una escritura que le han puesto encima. En el purgatorio encuentra a famosos poetas, entre ellos a Publio Papinio Estacio, autor de la Tebaida. Cerca de la cumbre está la fuente Eunoe, en la que al beber se olvidan todas las cosas malas y sólo se recuerdan las buenas.

Paraíso
Dante y Beatriz en el Paraíso; de Gustave Doré, ilustración de la Divina Comedia, Paraíso, Canto 31.Texto completo: Cantos de El Paraíso.

En el Paraíso, de estructura no menos compleja que la del Infierno y concebido como una rosa inmensa en cada uno de cuyos pétalos se encuentra un alma, y en cuyo centro mareante se encuentra Dios, Dante encuentra a su amada, Beatrice (Beatriz)... cuyo nombre significa precisamente «dadora de felicidad» y «beatificadora», cercana a Dios en el centro del Empíreo rodeado de los coros angélicos. Cuando el poeta dirige la mirada a Él su memoria se desborda, se desmaya y despierta.

Dante Alighieri llamó sencillamente Commedia a su libro, pues, de acuerdo con el esquema clásico, no podía ser una tragedia, ya que su final es feliz. El libro suele presentarse actualmente con un gran cuerpo de notas que ayudan a entender quiénes eran los personajes mencionados. Estos comentarios incluyen interpretaciones de las alegorías o significados místicos que contendría el texto, que otros prefieren leer como un relato literal. Esta tendencia se acentuó en el siglo XX entre los exégetas y críticos de La divina comedia, muchos de los cuales sostienen que Dante narró una historia en el mundo material de ultratumba tal como se lo concebía en su tiempo. Miguel Palacios, por otra parte, destacó la importancia de la escatología musulmana en la estructura del Infierno dantesco. La mejor traducción española en verso es la del poeta, crítico y traductor Ángel Crespo.