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Su Majestad Carnaval Rey de
Eurolandia llegaba a la Plaza
Masséna en magna pompa, en medio
de un ensordecedor estruendo que
inician los escolares de la
ciudad.
De esta forma se anuncia su
reino efímero y a partir de ese
momento quedan permitidos todos
los excesos, en especial los que
derrochen originalidad y
exuberancia visual.
Desfiles, la primera Batalla de
Flores, el primer Desfile de las
Luces, los Desfiles
Carnavalescos, además de otro de
especial relevancia, el martes
de Carnaval. Todo está preparado
para que la locura festiva y la
catarsis colectiva se apoderen
del Carnaval más fastuoso del
Mediterráneo.
El Carnaval de Niza es una
fiesta popular que ha adquirido,
desde finales del siglo XIX, un
renombre internacional por la
calidad de sus prestaciones, la
audacia de sus elecciones y la
originalidad de sus animaciones.
Además de 20 carrozas decoradas,
los corsi se componen de 600
cabezudos, charangas y bandas
musicales. Todos los años, desde
1873, los artesanos carnavaleros
compiten por tres premios:
carrozas, cabezudos y personajes
aislados.
Las compañías de teatro
callejero animan al público a
participar en las diversas
mascaradas lanzándoles lluvias
de confetis multicolores y
serpentinas, convirtiéndose en
los actores inevitables de un
Carnaval imaginativo. Inmensos
paneles luminosos ilustran el
tema elegido para el Carnaval y
rodean la plaza Masséna:
millares de bombillas de todos
los colores parpadean apenas cae
la noche, ofreciendo por sí
mismas un espectáculo
deslumbrante y dando a los
Desfiles de las Luces de los
sábados por la noche una
dimensión todavía más
espectacular.
Las Batallas de Flores son una
parte importante del Carnaval.
Este prestigioso espectáculo
consiste en un desfile compuesto
de 20 carrozas, todas revestidas
con flores frescas entre las que
destacan las mimosas —símbolo de
Niza— siendo los productores
locales los que proporcionan el
90% de estas flores. Atractivos
modelos masculinos y femeninos,
ataviados con suntuosos
disfraces, lanzan sonriendo
miles de flores a los
espectadores que asisten desde
las tribunas y a lo largo del
Paseo de los Ingleses.
La noche del último domingo de
Carnaval, como ordena la
tradición, Su Majestad Carnaval
desfilará escoltado por sus
verdugos en el Cortejo de la
Incineración, antes de que se le
queme en una hoguera preparada
para la ocasión, bien en el mar,
bien en la playa. Este año su
compañero de infortunio será el
franco, que, por su parte,
desaparecerá para siempre,
despedido por unos grandiosos
fuegos artificiales, a modo de
saludo final. La colina del
Castillo también se abrasa,
iluminada por innumerables luces
de bengala que aumentan el
resplandor de los fuegos de
artificio sobre el mar,
terminando las festividades de
Carnaval con una apoteosis de
luces. |