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Rosaura del Pilar Teresita
Barahona Aguayo es una periodista y escritora feminista
mexicana.
Nació el 12 de octubre de 1942 en la Ciudad de México.
Es hija de Arturo Barahona González y de Gudelia Aguayo
Suárez.
Estudios
Cursó la Licenciatura en Lengua y Literatura Moderna con
opciones inglesa y española en el Instituto Tecnológico y de
Estudios Superiores de Monterrey y dos años de estudios
cinematográficos en la Escuela Oficial de Cinematografía de
Madrid.
Actividades académicas
En el ITESM destacó como docente por más de 29 años en el
área de letras y ciencias de la comunicación.
Periodismo
Desde hace varios años publica una columna en algunos
periódicos del Grupo Reforma en México y en La Prensa de
Honduras.
Obras literarias
Abecedario para niñas solitarias
¿Por qué no Ferlos o Cardo?
Publicaciones en la red
Generación agotada
- Septiembre de 2007
*versión alterna Publicada en esta misma página |
Rosaura Barahona
Periódico "El Norte"
Monterrey, México
La transa somos todos
Por Rosaura
Barahona
El ser humano a menudo ve lo que quiere ver y no
necesariamente lo que está frente a él. Algunas
personas, al vernos en el espejo, nos concentramos en lo
más salvable de nuestro rostro o anatomía, como si al
hacerlo lográramos que los demás se fijaran sólo en eso.
No es así. Los demás se fijan en todo, de modo que la
percepción de nuestra apariencia es distinta para
nosotros y para los demás.
Pocas cosas son más dramáticas que pararse sin ropa
frente a un espejo y observar, descarnadamente, cómo
somos en realidad. Eso es difícil, pero es mucho más
difícil hacerlo con nuestro interior porque no hay
espejos reflejantes del espíritu, de la mente o del
alma, y la única opción para ver cómo somos (desde
nuestra perspectiva, claro) es a través de la reflexión
profunda.
El catolicismo en que fui educada cuando niña tenía una
cosa, para mí, extraña. Se llamaba "examen de
conciencia" y se debía hacer todas las noches al
acostarse... pero no entendíamos qué era. A menudo quien
pide las cosas no las explica porque son tan obvias para
ella (o él) que dan por sentado la comprensión por parte
de los demás.
Pregunté y me explicaron: debía repasar lo hecho durante
el día y ver qué fue bueno, regular o malo para tratar
de no repetir lo malo e intentar mejorar lo regular.
A esa edad lo malo era pelear con los hermanos y
desobedecer a mamá. Lo bueno, haber hecho la tarea,
portarse bien en clase y obedecer a mamá. Lo regular
nadaba de muertito entre uno y otro.
El examen de conciencia era bastante aburrido y siempre
igual, de modo que fue archivado en algún sitio del cual
no salió cuando se le necesitaba porque lo bueno y lo
malo empezaron a confundirse.
De algún modo eso nos pasa a muchos: rehuimos lo que
sabemos indebido o malo y nos concentramos en lo
positivo o bueno (como al vernos en el espejo).
¿Por qué le cuento todo esto? Porque, mire, muchos
mexicanos tenemos como parte de nuestra vida diaria la
adicción a las quejas, entre las cuales la corrupción va
casi en primera fila.
Los corruptos son los políticos, los funcionarios
públicos, los burócratas, los empresarios monopólicos,
los comerciantes acaparadores, los contrabandistas...
nosotros, no. Nosotros somos víctimas de la corrupción;
no corruptos.
¿No somos? Quizá una minoría no lo sea, los demás
aceitamos máquinas, embarramos manos, evadimos el fisco,
nos saltamos trámites, movemos palancas y mentimos para
salirnos con la nuestra, "al fin que así le hace todo el
mundo".
Mire, los padres de familia pertenecientes a la clase
media y alta acaban de ser subsidiados por un Gobierno
de cuyos subsidios siempre se están quejando porque le
salen muy caros al País y disfrazan la realidad
económica. Aquí en estas páginas Felipe Díaz Garza y
Sergio Sarmiento lo señalaron y generaron algunas
molestias.
Ningún papá se ha manifestado en contra del subsidio. Al
contrario, están felices. Y no sólo están felices, sino
están viendo cómo sacan doble ventaja del mismo.
Sólo un porcentaje de la colegiatura se podrá deducir.
Bueno, pues ya hay papás pidiendo a los colegios generar
un comprobante a nombre del padre para que éste pueda
deducirlo, pero luego piden generar otro comprobante, en
la segunda parte del año escolar, a nombre de la madre,
para que ella lo deduzca. Obviamente, esto es para
parejas en donde ambos trabajan y declaran.
Los colegios explican que el comprobante llevará el
nombre del alumno, de modo que al deducirlo una vez, se
acabó el subsidio, pero algunos insisten en que ellos
arreglarán eso. Los colegios se resisten y en ésas
están.
Un ex alumno me acaba de enviar esta reflexión de
Václav Havel
que usaré como síntesis y cierre:
"Existe una enorme brecha entre nuestras palabras y
nuestras acciones. Todo mundo habla acerca de la
libertad, la democracia, la justicia, los derechos
humanos y la paz; pero al mismo tiempo, todo mundo,
consciente o inconscientemente, asume dichos valores e
ideales exclusivamente hasta el punto necesario para
defender y satisfacer sus propios intereses y los de su
grupo o su estado. ¿Quién deberá romper este círculo
vicioso? La responsabilidad no puede ser predicada, sólo
puede ser engendrada, y el único lugar posible para
empezar es con uno mismo".
rosaurabster@gmail.com
Rosaura Barahona
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