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SABÍAS QUÉ...
Los vikingos llegaron a las costas del norte de América
aproximadamente en el año 986, es decir, casi 500 años
antes de que Colón "descubriera" este continente.
Otro vikingo, Leif el Afortunado, en el año 1000,
durante un viaje de exploración llegó al este de la
actual Canadá, específicamente a la Península de
Labrador, a la isla de Terranova y a la Nueva Escocia,
llamándolas respectivamente: Hellulandia, Marklandia y
Vinlandia.
Poco después, Thorfinn Karlsefne, acompañado de 160
hombres navegó hacia Vinlandia, donde permaneció
aproximadamente tres años.
Los turcos le cerraron al mundo europeo las rutas
comerciales de navegación del Mar Mediterráneo,
obligándolos a buscar nuevas rutas.
El avance científico del siglo XV y la introducción de
la brújula y el astrolabio en la navegación, permitieron
a los marineros hacerse a la mar, con mayor seguridad,
en busca de otras rutas comerciales alejadas de la
costa, lo que hizo posible los descubrimientos
geográficos.
Durante esta etapa, la del Renacimiento –siglo XV-, fue
rescatada la teoría expuesta por Ptolomeo Alejandrino
con relación a la redondez de la tierra, afirmando
además, que el mundo conocido hasta entonces
correspondía a la mitad de la esfera terrestre.
Para el florentino Paolo dal Pozzo Toscanelli, la
redondez de la tierra no tenía discusión pero al
elaborar su Tabla Oceánica en 1474, exageró las
dimensiones, tanto del Continente Asiático como las del
europeo, de tal forma que la distancia que separaba a
uno del otro por el océano, era menor a la real.
El mismo Toscanelli tenía la seguridad de que quien
siguiese una ruta en línea recta hacia el occidente,
llegaría a la India.
Aunque estas apreciaciones eran erróneas, brindaban
confianza a los navegantes para realizar viajes fuera de
las rutas conocidas, apoyados en los modernos
instrumentos de navegación.
La situación geográfica de Portugal, con relación al
Océano Atlántico propiciaron los viajes de exploración
los cuales contaron con el patrocinio de su príncipe,
Enrique el Navegante.
En este contexto surge un intrépido marino, Cristóbal
Colón, estudioso de las matemáticas y la geografía; de
la Tabla Oceánica de Toscanelli, lector de Marco Polo y
de la obra geográfica de Pío II, en la que se describía
a Asia y a Europa; se interesa por las observaciones de
los navegantes y revive sus propias experiencias como
navegante, todos estos elementos lo conducen a madurar
un proyecto: un viaje hacia occidente.
Este proyecto lo ofreció a Génova, Portugal e Inglaterra
con el fin de que le prestaran la ayuda necesaria para
realizarlo, sin obtenerla.
Con relación a España, Colón entrega al rey el proyecto
mencionado y éste a su vez, lo hace llegar a las
Universidades de Córdoba y Salamanca para su estudio,
pero los sabios de dichas instituciones lo rechazan por
considerarlo con bases poco fundamentadas y débiles.
Colón no se da por vencido y se dirige a Francia para
ofrecer sus servicios al rey, pero al pasar por el
convento de la Rábida, los frailes Juan Pérez y Antonio
de Marchena se lo impiden ofreciéndole presentar su
trabajo a la Reina Isabel y solicitar su ayuda.
Colón y los Reyes Católicos entraron en negociaciones
aunque éstas no se resolvieron de inmediato pues el
reino carente de medios económicos hubo de hacer un
empréstito y Colón otro tanto, para reunir lo necesario
y emprender la aventura.
Resuelto el problema económico, Colón parte del puerto
de Palos el 03 de agosto de 1492 con una tripulación
integrada por 120 hombres, víveres para tres meses y
tres carabelas: La Santa María capitaneada por Colón, La
Pinta, gobernada por Martín Alonso Pinzón y La Niña, por
Vicente Yáñez Pinzón.
A medida que pasaba el tiempo sin ver más que mar y
cielo, el temor y la desconfianza hacen presa de la
marinería pero la férrea convicción del almirante con
relación a su proyecto, controla y anima a su
tripulación para continuar con la gran aventura.
Después de 69 días de navegación, Colón percibe en
lontananza, el 11 de octubre, una tenue sombra y, al día
siguiente, desde La Pinta, se escucha el tan ansiado
grito de: ¡Tierra!.
Colón y sus hombres desembarcaron ante los sorprendidos
ojos de un grupo de indígenas en una isla denominada
Guanahaní y a la que el Almirante de la Mar Océano llamó
San Salvador porque su descubrimiento evitó regresar a
España derrotado.
El primer acto oficial realizado por Colón al pisar las
tierras recién descubiertas, fue colocar en la playa una
cruz, como símbolo de la religión que más tarde se
impondría en dichas tierras, tomarlas en nombre de la
corona española y darle un nuevo nombre a la isla.
La isla a la que denominó Cristóbal Colón, San Salvador,
pertenece al grupo de las Bahamas y actualmente se llama
isla de Watling.
La hazaña del navegante genovés hizo posible el
encuentro de dos mundos: América y Europa.
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